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Sistema político y orden público

Macron no tiene la fuerza política suficiente para dialogar con los opositores dentro y fuera del gobierno, tampoco tiene la “fuerte prudencia” para enfrentar los movimientos revolucionarios.

Publicado hace 3 horas Actualizado 22 de octubre de 2026
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  • Sistema político y orden público

Por Luis Fernando Álvarez Jaramillo - lfalvarezj@gmail.com

Las graves alteraciones del orden público que se viven actualmente en Francia, Italia, Bélgica y otros países europeos, hacen que sea necesario reflexionar sobre su contexto institucional y social, con el fin de identificar las verdaderas causas de los eventos que se presentan y la forma como vienen desarrollándose.

Parece que existe una concurrencia de causas sociales, económicas y vivenciales que de alguna manera se encuentran al origen de estos eventos. Lo cierto es que las causas fácticas vienen gestándose desde tiempo atrás, sin que las autoridades hayan adoptado las medidas necesarias para contralarlas, mitigarlas o solucionarlas. Se presentan hechos como la creciente e incontrolada inmigración, la cada vez más evidente heterogeneidad y desigualdad entre grupos sociales debidamente establecidos y otros recién legalizados o aún no aceptados por el grueso de la población, la creciente pobreza de estos últimos, relegados a vidas comunitarias cerradas, separados del común de la sociedad por factores étnicos, religiosos y filosóficos.

Pero lo más grave, es el creciente concepto de exclusión institucional y social. La lucha de clases en su connotación sociológica propia de las doctrinas predominantes en el siglo XX, ha sido reemplazada por una mirada clasista por parte de la institucionalidad. El ascenso de nuevos actores a los escenarios del poder, como ha sucedido en algunas localidades francesas, belgas y especialmente de los países bajos, constituyen un ejemplo de los alcances que puede tener el desarrollo social y los anhelos de ascenso o por lo menos de igualdad, por parte de sectores minoritarios como los descendientes de inmigrantes, los universitarios, los necesitados de la salud.

Todos ellos reclaman nuevos espacios y atenciones que los ubique en condiciones de igualdad con sectores tradicionales, bien buscando la exclusión de estos para ocupar su lugar social o también anhelando compartir los espacios de poder, con quienes tradicionalmente ocupan la cima.

Estas disyuntivas y alternativas se estimulan por un modelo político inadecuado, fenómeno especialmente visible en el marco político francés. De alguna manera el sistema semi presidencialista francés integrado por un presidente de gobierno que concentra un importante poder, pero que carece de herramientas para buscar y lograr que la asamblea de diputados lo respalde, hacen que esa fortaleza se observe como un aislamiento. Macron no tiene la fuerza política suficiente para dialogar con los opositores dentro y fuera del gobierno, pero tampoco tiene la “fuerte prudencia” para enfrentar los denominados movimientos revolucionarios.

El peor enemigo de la estabilidad democrática en Francia es su sistema de gobierno. La gente puede soñar con un fuerte presidencialismo tipo Trump o un conciliador sistema parlamentario como anhelan los españoles. Para muchos, la esperanza está en instaurar una fuerte represión y esperar que en seis meses, a través del proceso electoral se imponga la candidatura de Marie Le Pen, es decir, lo más parecido a un gobierno autoritario, cuyo apoyo también es incierto, tanto por el respaldo político al uso de la fuerza, como por su duración.

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