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Por Federico Arango Toro - @fedearto

Nuestra crisis aún no tiene rostro

Las estadísticas disponibles del DANE y Camacol permiten conclusiones preocupantes, que deberían llamar a la acción del Gobierno Nacional antes de que sea tarde.

Publicado hace 3 horas Actualizado 22 de octubre de 2026
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  • Nuestra crisis aún no tiene rostro

Por Federico Arango Toro - @fedearto

Maricarmen Abascal, anciana de 87 años, le puso rostro a la crisis de la vivienda en España. Fue desalojada por orden judicial del apartamento en el que vivió por más de 70 años, porque al final el canon de arrendamiento que debería pagar era mayor que su propia pensión. Lo que comenzó como un desalojo, sumado a su muerte pocos días después, desencadenó lo que las estadísticas no lograban expresar. Su caso motivó protestas nacionales y llenó las calles de Madrid, generando crisis parlamentaria y convocatoria a elecciones generales.

El fondo de esa crisis obedece principalmente a tres variables fundamentales: (1) escasez de vivienda frente a la demanda, (2) encarecimiento de los alquileres que crecen más que los ingresos de los hogares y (3) elevados precios para adquirir vivienda propia, especialmente entre los jóvenes, a quienes además les obstaculiza su posibilidad de independencia. Más diciente es saber que ese patrón de crisis no es exclusivo de España.

Colombia está incubando su propia crisis. Las estadísticas disponibles del DANE y Camacol permiten conclusiones preocupantes, que deberían llamar a la acción del Gobierno Nacional antes de que sea tarde. En efecto, del lado de la demanda, Colombia cuenta con 18,8 millones de hogares, de los cuales 4,8 millones padecen déficit habitacional, bien sea cualitativo o cuantitativo. Posiblemente este faltante, de no romperse la actual dinámica del sector, seguirá creciendo dado el cambio sociocultural en pro de la formación de hogares unipersonales o de pocas. De hecho, hoy ya el 20% de nuestros hogares son unipersonales, el 26% de dos y el 24% de tres.

Del otro lado, en los últimos cuatro años se dieron cambios en la política pública del sector menguando significativamente la oferta de vivienda nueva, siendo ahora muy inferior a la formación de nuevos hogares. jalonando el crecimiento del déficit habitacional. El presidente de Camacol recientemente declaró que en el 2026 la construcción de vivienda ascenderá a unas 111.000 unidades, mismo ritmo de las construidas hace 15 años y 50.000 menos que en años previos a la pandemia, frente a una proyección esperada de 250.000 nuevos hogares este año. En arriendos, el 40,8% de los hogares viven bajo esta modalidad, representando para los menos favorecidos tener que destinar el 50% o más de sus ingresos para pagarlos.

La magnitud del problema que se está consolidando no siempre fue así. Hasta el año 2022 el sector construía a buen ritmo, gracias a programas como “Mi Casa Ya”, el cual a través de subsidios posibilitaba acceso a vivienda a familias de bajos ingresos, programa suspendido por Petro, con lo que la oferta de vivienda social cayó del orden del 50%.

Aunque el gobierno entrante apenas está en su tercer mes, es tiempo de que el ministro de Vivienda, neófito en el sector, exponga al menos los principales planteamientos de política de lo que este Gobierno pretende, dado que esta industria se comporta como un cultivo de cosechas tardías. Que no lleguemos a ponerle rostro a nuestra crisis de vivienda.

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Por Federico Arango Toro - @fedearto

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