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Humanidad intranquila

Creer en el otro, conversar con los distintos a nosotros, ayudarnos, quizás, sean pistas para vivir más tranquilos con nuestras diferencias.

Publicado hace 13 horas Actualizado 22 de octubre de 2026
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  • Humanidad intranquila

Por Diego Aristizábal Múnera - desdeelcuarto@gmail.com

Supongo que el ser humano, a lo largo de su historia, nunca ha estado tranquilo. Al asesinar a su hermano, Caín debió soportar con miedo la voz del Señor quien al increpar su acción lo condenó a emprender un camino errante sobre la tierra, camino que no fue nada fácil porque su silencio debió atormentarlo al recordar la escena cruel que había producido. De no ser porque el Señor declaró: “Quien mate a Caín, será vengado siete veces”, el pobre no hubiera dejado de mirar para atrás ni un solo minuto.

Hace unos años, antes de que este valle fuera de lágrimas, un grupo de antropólogos descubrió que a Shanidar 3, un neanderthal, lo asesinó un homo sapiens hace más de 50 mil años. Al parecer un hilo de humo llamó la atención de un grupo de cromañones que regresaban de cazar. Al acercarse y descubrir una hoguera en una caverna con un puñado de neandertales, esperaron el momento propicio y los atacaron. Supongo que desde entonces esos encuentros tranquilos no volvieron a ser iguales y en la mente de los sobrevivientes, y de aquellos que se enteraron del suceso, el miedo comenzó a sentarse con ellos.

Recordemos las múltiples masacres en escuelas y colegios de Estados Unidos, donde jóvenes, como si estuvieran de caza, asesinaron, sin piedad, a compañeros y maestros. No se me borran de la mente las de Denver, Oakland, Columbine. Películas como “Elephant” o “Tenemos que hablar de Kevin” han retratado bastante bien estas terribles situaciones. Por algo, no pocos padres sienten miedo cuando mandan a sus hijos a las escuelas gringas.

El miedo y la paranoia terminan por asediarnos, no es sino ver nuestras casas, nuestros edificios para que nos demos cuenta de esto. En Colombia, algunos conjuntos residenciales tienen más cámaras y rejas de seguridad que una cárcel, y cuando pasa algo, la voz de los vecinos temerosos es que pongan más cámaras, más rejas. He llegado a pensar, tal vez de forma ilusa, que entre más tratemos de protegernos con armas, rejas, cámaras, puertas blindadas, más paranoicos seremos, con el agravante de que ninguna de estas opciones nos garantizará completamente la seguridad.

Pero ¿cómo dejar de ser paranoicos en este país, en esta sociedad que día a día nos acorrala? Asumir que después de algo macabro todo puede ser peor, es darle un chance a que poco a poco nuestros miedos queden registrados en las cámaras, hasta que llegue el día en que la paranoia sea tanta que ya no queramos salir. Y aunque esto sea difícil de modificar, por nuestra historia de miedos, al menos hay que intentarlo. Creer en el otro, conversar con los distintos a nosotros, comprendernos mejor, ayudarnos como vecinos, quizás, sean pistas para que podamos vivir más tranquilos con nuestras diferencias. Si el miedo es algo natural y humano, respetarnos nos ha permitido evolucionar. Y el respeto no se gana con una pistola al cinto, se gana construyendo confianza.

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