Buscar empleo a estas alturas es un ejercicio de paciencia y persistencia para muchos candidatos. Una de las quejas más frecuentes es clara: ofertas sin salario.
Aunque para los aspirantes esto representa una falta de transparencia, para las empresas responde a una estrategia cada vez más común en el mercado laboral.
Según un reporte de Market Research de Pandapé, muchas organizaciones optan por omitir esta información para ganar flexibilidad en la negociación y evitar que el sueldo se convierta en el principal filtro.
La apuesta, explican, es atraer perfiles alineados con la cultura corporativa y luego ajustar la oferta económica según las competencias del candidato y las condiciones del mercado.
Esta lógica también tiene un trasfondo interno. Investigaciones de Harvard Business Review (2025) señalan que ocultar el salario ayuda a evitar conflictos dentro de las compañías, especialmente cuando podrían evidenciarse diferencias entre empleados antiguos y nuevas contrataciones.
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Entre estrategia y presión por transparencia
Sin embargo, este modelo empieza a mostrar grietas. En Europa, la Directiva 2023/970 de la Unión Europea ya obliga a las empresas a publicar rangos salariales a partir de junio de 2026.
De acuerdo con análisis de Randstad, la resistencia empresarial a esta norma está relacionada con brechas salariales de género superiores al 5%, que tendrían que corregirse con mayor transparencia.
En paralelo, la evidencia apunta a que ocultar el salario puede ser contraproducente, pues advierten que esta práctica reduce la eficiencia del reclutamiento. Incluso, datos de LinkedIn muestran que las vacantes con salario visible reciben hasta un 35% más de postulaciones de calidad.
Un “alerta roja” para los jóvenes
Para los Millennials y la Generación Z, no ver el salario en una oferta ya es motivo suficiente para descartarla. La percepción de estas generaciones es que si no hay claridad, algo se está ocultando.
“Hoy día los jóvenes están buscando autenticidad y claridad en los procesos. Cuando ven que una empresa no publica el salario, sienten que algo se está escondiendo”, explicó Andrés Delgado, executive manager de Michael Page.
El experto advierte que esta decisión puede salir costosa. “En un mercado donde el talento tiene más opciones y movilidad, ocultar la información salarial puede traducirse en perder candidatos calificados”, agregó.
El lado más polémico: el “salario de vigilancia”
El fenómeno ha evolucionado a un punto más complejo: el llamado “salario de vigilancia”. Ya no se trata solo de omitir cifras, sino de calcular cuánto está dispuesto a aceptar cada candidato.
Un informe del Washington Center for Equitable Growth advierte que esta práctica se está extendiendo a sectores como salud, logística, atención al cliente y comercio minorista.
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El mecanismo se apoya en inteligencia artificial que analiza datos en tiempo real: historial laboral, rapidez al aceptar ofertas, ingresos anteriores e incluso señales de vulnerabilidad financiera.
Con esta información, los sistemas estiman el salario mínimo que una persona aceptaría y ajustan la oferta a ese nivel.
“Algunos sistemas utilizan señales asociadas a la vulnerabilidad financiera [...] para inferir el salario mínimo que un candidato podría aceptar”, explicó Nina DiSalvo, directora de políticas de Towards Justice.
El resultado es un escenario preocupante: dos personas pueden realizar el mismo trabajo con salarios distintos, sin saberlo ni tener herramientas para reclamar.
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¿Hacia dónde va el mercado laboral?
Aunque muchas empresas aún defienden el secreto salarial como herramienta de negociación, la tendencia global apunta en sentido contrario.
La presión regulatoria, la competencia por talento y las nuevas expectativas de los trabajadores están obligando a cambiar las reglas del juego.