Artemis y los viajes a las estrellas: la obsesión del ser humano moderno

El ser humano volvió a la Luna, aunque esta vez no piso el suelo del asteroide natural; de esta manera la Nasa empieza un nuevo capítulo por la conquista espacial que tendrá un siguiente paso en Marte.

hace 12 minutos
  • Ocaso terrestre capturado a través de la ventana de la nave espacial Orion a las 6:41 p. m. EDT, el 6 de abril de 2026, durante el sobrevuelo de la Luna por parte de la tripulación de Artemis II. Una Tierra de color azul tenue con nubes blancas brillantes se oculta tras la superficie lunar repleta de cráteres. La porción oscura de la Tierra está experimentando la noche. En el lado diurno de la Tierra, se observan nubes arremolinadas sobre la región de Australia y Oceanía. En primer plano, el cráter Ohm presenta bordes aterrazados y un fondo plano interrumpido por picos centrales. Los picos centrales se forman en cráteres complejos cuando la superficie lunar, licuada tras el impacto, salpica hacia arriba durante la formación del cráter. Foto: NASA
    Ocaso terrestre capturado a través de la ventana de la nave espacial Orion a las 6:41 p. m. EDT, el 6 de abril de 2026, durante el sobrevuelo de la Luna por parte de la tripulación de Artemis II. Una Tierra de color azul tenue con nubes blancas brillantes se oculta tras la superficie lunar repleta de cráteres. La porción oscura de la Tierra está experimentando la noche. En el lado diurno de la Tierra, se observan nubes arremolinadas sobre la región de Australia y Oceanía. En primer plano, el cráter Ohm presenta bordes aterrazados y un fondo plano interrumpido por picos centrales. Los picos centrales se forman en cráteres complejos cuando la superficie lunar, licuada tras el impacto, salpica hacia arriba durante la formación del cráter. Foto: NASA
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I. El amanecer del hombre

Tengo una pila de discos de David Bowie. Siempre los escucho, siempre vuelo al cielo con ellos. En los setenta hasta los cantantes pop fabricaban, en forma de canciones, naves interplanetarias. Durante unos años se tejió la leyenda que Bowie no era más que un marciano infiltrado y que su nombre real era Ziggy Stardust. Su participación en la película de Nicholas Roeg, The man who fell to Earth vino a reforzar esa teoría. Y era salir a las vidrieras y encontrarse con una nueva edición de Total Recall, la narración de Phillip K.Dick sobre una colonia en Marte, o creer que en Marte yacían todos nuestros recuerdos como lo prefiguró Ray Bradubury en sus Crónicas Marcianas. Una verdad que aún no ha sido refutada porque, a pesar de todos los robots que han llegado, Marte sigue siendo ancho y ajeno.

Era normal creerle a la ciencia ficción en los años setenta. En el 2026 ya estaríamos poniéndole una cúpula a Venus después de llenar de humanos a Marte, pero todo cambió con la explosión en vivo y en directo del Challenger, en donde justamente iba la primera mujer que estaría en órbita, Christa McAufflie, y entendimos que en la vida real una misión en el espacio podría ser tan aterradora como la nave Nostromo de Alien.

En las cuevas, donde habitaban los primeros hombres, cuando el clima lo permitía, salían en ramillete al bosque y, cuando el fragor de la caza lo permitía, se ponían a ver las estrellas. Es muy probable que un hongo, despertador de conciencias se hubiera atravesado. Ellos no sabían que estaban muertas, que eran los primeros fantasmas que verían sus ojos. Hubo preguntas, ¿era un techo negro en donde un niño gigante y travieso le abriera pequeños rotos con un palito? ¿Quiénes eran los seres que estaban detrás de ese telón? Hay un hecho histórico que se puede asegurar, nuestros primeros ancestros tenían esas preocupaciones, la prueba está en las pinturas que se han encontrado en cuevas, la más representativa de todas es la de los Wandjina en Australia. Lo que impacta son los colores, amarillos que perduran a los quince mil años antigüedad de los que datan. Sí, son dioses, es una explicación a esa angustia vital que acompaña a todos los seres humanos, el absurdo de la existencia, pero ¿Por qué esas figuras en Wandjina se parecen tanto a los astronautas que conocemos desde los años sesenta?

En Colombia, además de que Neil Armstrong se preparara en la espesura del Darién con otros 13 astronautas para los rigores que sufrirían en su célebre viaje, tenemos pocas referencias sobre ciencia ficción y menos sobre ciencias. Pero tuvimos poetas que volaban. Uno de ellos fue José Asunción Silva. No hay registros históricos que conecten a Julio Garavito, el primer gran astrónomo colombiano, pero, estoy seguro, que Silva alcanzó a ver a los astros en alguna noche estrellada bogotana. Igual nadie como él supo retratar la luna atisbándose por los bosques que cubren los cerros nororientales. Sus Nocturnos no son más que la sombra de un caminante subiendo una de las cuestas de la Candelaria. Pero el poeta tuvo que haber visto el espacio, al menos lo hizo en sueños o a través de un telescopio para regalarnos esta visión del cosmos en la segunda parte de su poema Nupcial:

Estrellas que entre lo sombrío

De lo ignorado y de lo inmenso,

Asemejáis en el vacío,

Jirones pálidos de incienso,

Nebulosas que ardéis tan lejos

En el infinito que aterra

Que sólo alcanzan los reflejos

De vuestra luz hasta la tierra,

Astros que en abismos ignotos

Derramáis resplandores vagos,

Constelaciones que en remotos

Tiempos adoraron los Magos,

Millones de mundos lejanos,

Flores de fantástico broche,

Islas claras en los océanos,

Sin fin, ni fondo de la noche,

Estrellas, luces pensativas!

Estrellas, pupilas inciertas!

¿Por qué os calláis si estáis vivas

Y por qué alumbráis si estáis muertas?

II. Esa gente que no cree en los viajes a la luna

No, este no es un artículo sobre la vida extraterrestre, este es un artículo sobre la necesidad que tiene la humanidad de convertirse en una especie interplanetaria. Lo que se ve en este arte rupestre es la atracción que tenemos por flotar entre galaxias. Primero está la luna, porque, si fuéramos como Ícaro y viajáramos al sol las alas se nos quemarían. No, la luna y su poder sobre el agua y nuestros cuerpos, que no somos más que agua, es más cercana. Por eso uno de los primeros escritores que abordó el tema fue Cyrano de Bergerac quien en 1657 ya incluso le dio un nombre a sus habitantes: selenitas. Desde entonces ha sido de queso, que fue una creación de hierro hecho por el herrero mandinga, que fue un conejo estampado por Quetzalcoalt. ¿Qué son los mitos sino el primer acercamiento de los hombres a la ciencia ficción? Durante la guerra fría, la literatura sobre invasiones espaciales en Estados Unidos se disparó al igual que los avistamientos de ovnis. El planeta rojo podría ser marte pero también la Unión Soviética. Había un gran temor en América -espero que en este texto suene como el Amérika de Kafka- que fueran los soviéticos los primeros en llegar a la luna, un temor que se ve plasmado en la serie de Apple For all Making cuya quinta temporada acaba de estrenarse. Una posibilidad que debía evitarse a cualquier costo y un logro que se cumplió en 1969 y que mucha gente cree que fue un montaje creado por Stanley Kubrick.

La verdad sobre este rumor empezó a surgir como una especie de plan B que tenía preparado el gobierno de los Estados Unidos en caso de que el Apolo 11 no cumpliera con la misión a la que le fue asignada. La perfección que resuma 2001 alimentó el mito. ¿Cómo había podido crear imágenes tan perfectas de la luna? Esa paranoia sobre Kubrick y la luna fue el combustible para crear uno de los documentales sarcásticos más hilarantes y geniales que recordemos, uno de ellos es del 2002 y se llama Operación luna, una sátira francesa destinada a burlarse de Nixon y a los conspiranoicos que, al carecer de sentido del humor, no se dieron por aludidos. Otro gran documental que resulta siendo una broma estupenda es Room 237 en donde se decodifican las supuestas pistas que tira Kubrick en El resplandor sobre su participación en el montaje del alunizaje. 237 tiene que ver con la distancia que hay entre la luna y la tierra además Danny, el niño que es el protagonista, lleva un buzo con el Apolo 11.

La tripulación de Artemis II —Christina Koch riba a la izquierda), Jeremy Hansen, Reid Wiseman y Victor Glover— utilizó gafas para eclipses, idénticas a las que la NASA produjo para el eclipse anular de 2023 y el eclipse solar total de 2024. Foto: NASA
La tripulación de Artemis II —Christina Koch riba a la izquierda), Jeremy Hansen, Reid Wiseman y Victor Glover— utilizó gafas para eclipses, idénticas a las que la NASA produjo para el eclipse anular de 2023 y el eclipse solar total de 2024. Foto: NASA

La gran pregunta que se hacen los conspiranoicos, que son muchísimos, es, ¿Por qué no regresamos al espacio?

En Estados Unidos la guerra fría sostenida contra la Unión Soviética los llevó a una batalla cultural entre los sistemas de vida que había entre el capitalismo y el comunismo. En Washington veían con alarma como en 1961 los soviéticos lograron poner en órbita al primer hombre, Yuri Gagarin, además de lanzar un satélite, el Sputnik. La misión arrancó en 1962 cuando Kennedy lanzó su famoso discurso, iremos a la luna no porque sea fácil sino porque es difícil”. Y vaya que lo fue. No sólo necesitaban contar con los recursos técnicos sino también con un hombre capaz de comandar la misión y ese hombre fue Neil Armstrong.

III. El primer hombre

En 1969 no existía una persona más importante en el mundo que Neil Armstrong. Debió ser una carga muy pesada para un hombre con tan bajo perfil llevar esta responsabilidad, más pesada incluso que cualquier fuerza G que se le atravesara al intentar salir de la atmósfera. Era adorado e idolatrado por el mundo entero. Pocos lo conocieron en realidad. Siempre fue un hombre misterioso.

En 1961, las posibilidades de que Neil Armstrong encabezara una misión espacial eran mínimas. Ya era un piloto avezado que rompía la barrera del sonido en los vuelos de prueba que hacía la NASA para intentar sacar naves de la atmósfera. Pero acababa de sufrir un golpe brutal: su hija Karen, de tres años, sucumbió a un cáncer linfático. En la NASA se desconfiaba de su capacidad de concentración y que fuera solo un ingeniero. Aun así, fue aceptado, en 1962, como astronauta, y en las brutales pruebas que recibieron los preseleccionados para hacer realidad un sueño que acompañaba a los hombres desde que empezaron a mirar las estrellas, él fue quien más se destacó.

Armstrong viajó dos veces al espacio, la primera fue en 1966, cuando realizó una misión de acoplamiento en la que estuvo a punto de morir. En realidad, los primeros astronautas siempre coquetearon con la muerte. Los primeros cohetes eran muy artesanales, se les veían los tornillos, se movían sus latas, se escuchaba el crepitar del casco y, al salir de la atmósfera, podría estallar en cualquier momento. Cuenta la esposa de Neil Armstrong que, en 1963, tuvo que asistir a cinco funerales de amigos pilotos que perdieron sus vidas en estas pruebas.

El 20 de julio, Neil Armstrong pisó la Luna. La NASA no se equivocó, no solo llevó con éxito el módulo a la superficie lunar, sino que este ingeniero, frío, reservado, infalible, y resistente como un acantilado, tenía la sensibilidad para dirigirse a una audiencia de 650 millones de personas en todo el mundo. Su frase, escueta y elegante como una aguja, penetró en toda la especie: “Es un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad”, decía mientras, alborozados, los humanos lo veían saltar sobre el polvo lunar.

La carrera espacial fue solo una parte de la Guerra Fría. Estados Unidos estaba preocupado por las ventajas que parecía llevarle la URSS. Ellos fueron los primeros en mandar un ser vivo al espacio, la perra Laika, a finales de los cincuenta, pusieron en órbita un satélite, el Sputnik, y le dieron una vuelta alrededor de la Tierra desde el espacio a su héroe, Yuri Gagarin. Pero, cuando Armstrong clavó la bandera norteamericana en la Luna, la pelea se decidió a favor de los gringos. Los soviéticos, en los setenta y ochenta entraron en una crisis económica y social que terminó reventándolos. Con la explosión del Challenger, en 1986, Estados Unidos decidió pausar el programa espacial. Era demasiado caro y la gente no veía de manera inmediata los avances que prometían las películas.

En todo este tiempo, Armstrong se decidió por dar clases de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Cincinati. Murió a los 82 años en 2012. Después de pisar la Luna intentó llevar una vida normal, junto a su esposa y sus tres hijos. Y pensó en ella, en Karen. Y supo que, sin ese dolor, no hubiera podido dar su pequeño paso sobre el suelo lunar.

IV. La misión

Hace poco leí una frase de un famoso divulgador científico llamado Michio Kaku quien afirmaba que nuestros teléfonos móviles tenían más potencia computacional que toda la NASA en 1969. Es difícil comprobar esta afirmación, al menos es poética y da una dimensión de lo mucho que hemos avanzado desde 1972, el año en el que el último de los 22 hombres que han pisado la luna lo hizo. Existe, como vimos al principio de este artículo, una gran preocupación por parte de los conspiranoicos sobre la falsedad del viaje a la luna en el famoso Apolo 11. Lo único cierto es que Artemisa, a pesar de que este lunes 6 de abril se convirtiera en la misión espacial que más lejos ha llegado fuera de la tierra, 406.7333 kilómetros, ninguno de sus cuatro tripulantes tocará el suelo lunar. Se estima que para que un humano repita lo que han hicieron, entre 1969 y 1972 22 norteamericanos, hay que esperar hasta el 2028.

La Luna desde la nave Orión en la que el ser humano viajo hasta el punto más lejano hoy. Foto: NASA
La Luna desde la nave Orión en la que el ser humano viajo hasta el punto más lejano hoy. Foto: NASA

Es lunes en la tarde y estoy escribiendo este artículo. El cielo está limpio en Bogotá. La sombra de la luna alcanza a verse. A diferencia de todas las sombras esta es blanca, como si en vez de la luna fuera la mismísima estrella de la muerte vista desde uno de los planetas de Star Wars. Hasta el momento los familiares de los cuatro tripulantes han estado tranquilos desde el pasado 1 de abril, pero a las 10:47 de la noche desaparecerán durante cuatro horas. Estarán cruzando el lado oscuro de la luna. El mismo satélite natural cortará la transmisión. Mientras tanto, en la tierra, un puñado de geeks estaremos pendiente de lo que suceda con la misión. Estamos lejos de sentir la emoción que experimentó la humanidad en 1969 cuando 650 millones de personas se conectaron el 20 de julio para ver como Armstrong daba un pequeño salto para él un gran salto para nosotros. Ahora ni siquiera se dan los debates que se daban en esa época, ¿es justo gastarse 4.000 millones de dólares en este lanzamiento? Buena parte de la financiación, a diferencia de 1969, la pagan empresas privadas como X Space de Elon Musk pero pueden existir grandes preocupaciones, como, por ejemplo, saber qué intenciones reales tiene Musk con este tipo de viajes. No, la gente aún se aferra a discusiones absurdas como si sucedió o no el viaje a la luna o, peor aún, si la tierra es o no plana. Mirando al cielo pienso en un libro que leí hace poco, Ciencia ficción y capitalismo y recordé a Elon Musk

El egoísmo anarcocapitalista de Elon Musk

El sol, en unos quinientos millones de años empezará a expandirse. Esta es una verdad irrefutable, pesada como la gravedad. Con sus brazos de fuego el sol quemará toda la cadena alimenticia. Esto afectará directamente a la atmósfera que se volverá tan pobre en carbono que los árboles no podrán hacer fotosíntesis. Pocas plantas sobrevivirán. En mil millones de años los océanos se habrán evaporado por completo, la tierra se parecerá a Venus, un planeta en donde ni los microbios más resistentes podrán sobrevivir.

Este será el escenario más optimista, el que plantea que nuestra atmósfera morirá de vieja. La verdad es que al ritmo en el que se están derritiendo los polos y en el que la irresponsabilidad de mandatarios como Trump han decidido acelerar el calentamiento global porque, al fin y al cabo, el problema será para otras generaciones, vendrán catástrofes más inmediatas. Así que tipos como Elon Musk han decidido invertir buena parte de su fortuna en sacarnos a otros planetas. Colonizar Marte es, para él, el plan B que tiene la civilización. Eso sí, no se enfiesten, en este plan sólo cabe el 1% de la población mundial, los superricos que podrán pagar los planes especiales.

El magnate sudafricano lo ha dicho una y otra vez, de nada sirve dar esa plata que se está gastando en el programa espacial, y que arrancó otra vez con el lanzamiento de Artemis II, si la especie está condenada a desaparecer. Musk está influenciado por una de las obras de ciencia ficción más colosales de todos los tiempos, la trilogía Fundación, escrita por Isaac Asimov hace más de sesenta años. Además está su devoción por Robert A. Heinlein, uno de los más grandes autores de ciencia ficción del mundo. Marte es una primera parada para un plan al que él piensa acceder porque, como está buscando la inmortalidad, pretende él ser el gurú que conducirá a la humanidad por los rincones de una galaxia que él asume como una simulación.

Todo parece muy primario, estamos estancados desde los años setenta en la búsqueda de hacer una estación en la luna, pero Musk tiene el músculo financiero para saltarse varias etapas y recuperar cincuenta años perdidos. Esto entusiasma a los que amamos la ciencia ficción pero al 99% de la población debe generarle una preocupación extrema: ellos se quedarán en la tierra, ardiendo en los brazos de un sol que crecerá hasta comernos.

Lo de Musk es altamente peligroso y es simplificar al máximo la lucha de clases: sólo los magnates anarcocapitalistas sobrevivirán. A lo sumo llevarán un porcentaje pequeños de gente normal para que haga las labores que no podría hacer una superinteligencia artificial.

Artemis y los viajes a las estrellas: la obsesión del ser humano moderno

Para saber más sobre el tema recomiendo leer Capitalismo y Ciencia Ficción del argentino Michel Nieva y escuchen las barbaridades que dice Musk en cada entrevista. El desprecio hacia el 99% de la raza humana es indiscutible. Pretende ser inmortal como los viejos dioses y también como la gran mayoría de los escenarios que plantean los autores de ciencia ficción a los que recurre cada cierto tiempo.

Y en la luna no encontraron a Bowie

Un mes antes de morir David Bowie sacó su último disco, Blackstar. En esta especie de ritual demoniaco el rey se despedía con un video en donde veíamos su cuerpo, convertido en una cadavera, recubierto por un traje de astronauta. Hasta la luna y su lado oscuro iban las brujas a acompañarlo. El pasado 6 de abril la nave Orión pasó justamente por esta parte tan enigmática. No reportaron mayor actividad más allá de la oscuridad y la vista del polo sur del satélite natural. Nadie al parecer vio a Bowie, ni siquiera se acordaron de las claves sobre el tiempo de las que alguna vez Pink Floyd en su disco. Durante 42 minutos se perdió el contacto con la tierra, pero ya, impulsados por la misma gravedad, se dirigieron a la tierra. Cuando ustedes tengan esta nota en sus manos sabrán el destino de la misión. Lo que sí es seguro es que regresarán en el 2028 y empezarán a poner una base lunar que los llevará a Marte. En el planeta rojo, sobre el 2030 empezarán a descongelar el agua que está oculto ahí. No hay que descartar que algunos microorganismos cobren vida y respondan esa vieja pregunta que lanzó David Bowie hace 55 años. ¿Hay vida en Marte?

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