Pico y Placa Medellín
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Por Rubén Darío Barrientos G. - opinion@elcolombiano.com.co
Conste que soy oyente radial mañanero y fiel, a gusto, indeclinable y selectivo. Pero debo admitir certezas y realidades, máxime cuando las fusiones y apretujones se dieron: Caracol Radio + W Radio; RCN, en su red básica y un Todelar víctima de venta, alquiler y apagamiento progresivo. Lacerante. Desde luego, resulta menester resaltar la desaparición —lánguida— de cadenas icónicas (Antena-2 y HJCK) y la reasignación amañada de frecuencias. Los diales exhiben caída sostenida de audiencia y pauta (picada) y se da el cierre de frecuencias, donde muchas emisoras regionales pasan a ser simplemente repetidoras de Bogotá, con la condigna pérdida de autonomía local.
Sobre finales de 2025, conocimos calamitosos recortes laborales y reducción de producción local, con merma de contenidos y cambio de estructuras. Se comparten, a título de sinergias: franjas, equipos y producción clave. Habrá a futuro, más “radio en red”, menos voces locales y el dial se parecerá más a un sistema de franquicias que a emisoras independientes. Muchas frecuencias están es riesgo, es la verdad. La línea del tiempo, cobra factura. Las parrillas saben a reducción de costos y se confirma que no todas las frecuencias resisten el embate. La señal nacional, prevalece y acoyunda. Las estructuras cambian y se derrotan, a tal punto que algunas se migran a digital o streaming. Hay una sola gran máquina que empuja y demuele.
Los jóvenes no escuchan radio, mejor aún, no la buscan: no es su medio de elección. Prefieren los creadores independientes, los influencer y los formatos más contemporáneos. Los “pelaos” consumen: Spotify, Youtube, Podcasts, Tiktok y Twitch. La radio perdió a los muchachos (desconexión generacional). Expresado de otra manera: ellos no odian la radio, simplemente no la necesitan. Eso sí, se mantienen informados. La radio perdió exclusividad. Antes era fuente de noticias, compañía permanente y medio expedito. Hogaño, compite desigualmente con las redes sociales (inmediatez incuestionable) y otras yerbas (WhatsApp y X para la noticia urgente). A ello se le agrega que, gran parte de la radio informativa se volvió indomable trinchera ideológica, destacándose también que los dueños de los medios entraron en contubernio con los poderes político y económico.
Desde lo económico (y es medular su importancia), la publicidad inclinó la balanza a Google, Meta, TikTok y Marketplace. ¿En qué segmentos y sectores, la radio prevalece? En regiones rurales, tozudos y transporte público. Y hay excepciones valiosas: radio universitaria, proyectos comunitarios y podcasts hechos por periodistas radiales que digirieron el cambio. A guisa de conclusión, podemos decir que la decadencia de la radio en Colombia no es una muerte súbita, sino un desgaste progresivo. La radio chapalea, pero ya no ocupa el lugar extremadamente central que tuvo durante décadas. Ya perdió primicia y no es hegemónica.
En cinco años, habrá menos emisoras, menos frecuencias tradicionales, desaparecerá la A.M. y tendremos pocas cadenas nacionales omnipresentes. Las grandes marcas continuarán existiendo, pero sabrán que el oyente seguirá personas. Y habrá voces que migrarán entre radio, podcasts y redes. Es que, en un lustro, la radio colombiana no será protagonista, porque el futuro no es el dial. En suma: la migración de la publicidad, el cambio generacional irreversible, los costos altos vs ingresos bajos y la concentración y homogeneización, conspiraron. Dura y lacrimosa realidad, para los que somos, como diría un amigo: “¡Radiólogos!”.