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Necesitamos un nuevo tipo de inteligencia

hace 3 horas
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Por Aldo Civico - @acivico

“¿Cuál es la habilidad esencial que un líder debe cultivar hoy en día?”, me planteó recientemente una periodista mexicana, en el contexto de un reconocimiento internacional que recibí esta semana, que me coloca al frente de la clasificación de expertos en liderazgo junto a Simon Sinek. Hace unos años, ante un mundo cada vez más interconectado, habría respondido sin titubear: la inteligencia emocional, que abarca lo que se conoce erróneamente como habilidades blandas; es decir, la autoconciencia, la autorregulación, la empatía y las habilidades sociales. Eran los años noventa. Con la caída del Muro de Berlín, el mundo se volvía día a día más interdependiente, lo que exigía una adaptación del modelo de liderazgo. Anteriormente, el líder empresarial se asemejaba a un general militar, operando dentro de una estructura piramidal, ejecutando órdenes y logrando resultados. Su posición se justificaba por su vasta trayectoria, experiencia y conocimientos.

Con la llegada de sociedades más abiertas, el perfil del líder se transformó, asemejándose cada vez más al de un director de orquesta. Este era quien interpretaba la partitura, es decir, el plan estratégico, optimizando y armonizando la eficiencia de equipos de talento excepcional. Por lo tanto, el mero conocimiento y la experiencia ya no eran suficientes para asegurar el éxito. La inteligencia emocional se volvió crucial. Un líder debía aprender a escuchar, a incentivar la colaboración y a armonizar talentos, guiando a todos hacia un objetivo común. Eran los tiempos de las estrategias emergentes, que hoy en día empiezan a mostrar sus limitaciones y desajustes.

De hecho, el mundo acelerado, exponencial y disruptivo en el que habitamos, caracterizado por la incertidumbre y la complejidad, exige más que lo emergente; demanda creatividad y generación. Se requiere una notable capacidad de imaginación. Por ello, un líder hoy en día debe asemejarse al autor de ciencia ficción, capaz de materializar lo que imagina. De lo emergente estamos transitando hacia un propósito transformador a gran escala. Entonces, ¿cuál es la habilidad que los líderes necesitan desarrollar en la actualidad? Mi respuesta es: la contemplación, un término antiguo casi olvidado.

La contemplación tiene sus raíces en los padres del desierto y en la tradición monástica de San Benito. Hombres y mujeres que se retiraban al silencio no para escapar del mundo, sino para observarlo con mayor claridad. Thomas Merton afirmaba que el verdadero liderazgo comienza cuando aprendemos a escuchar el profundo silencio del alma. Los contemplativos, de hecho, eran consejeros de reyes y gobernantes. Comprendían que las decisiones significativas no surgen del ruido, sino del vacío. De hecho, el silencio permite que surja algo más sutil: la intuición, esa inteligencia profunda que brinda una percepción ampliada de la realidad. Es la capacidad de leer lo invisible. Por ello, la inteligencia emocional por sí sola no es suficiente hoy en día. El nuevo horizonte es la inteligencia espiritual, es decir, la capacidad de actuar desde un sentido de propósito, coherencia interna y conexión con algo más grande que el propio ego. La próxima ventaja competitiva no residirá en la tecnología ni en el talento, sino en la profundidad de conciencia desde la que un líder toma decisiones.

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