Pico y Placa Medellín
viernes
7 y 9
7 y 9
Ninguna de estas decisiones es aislada: todas van en la misma dirección que apuntaba la declaración sobre la ONU y la OEA.
Por Daniel Duque Velásquez - @danielduquev
Esta es la segunda entrega de la serie en la que reviso los seis frentes del Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial y su relación con Colombia. En la primera columna presenté el marco general: el mundo entra a una era de competencia geoeconómica justo cuando el país cambia de gobierno. Hoy me detengo en el primero de esos seis frentes —la fractura del orden multilateral— y en la siguiente revisaré el segundo: la polarización de valores dentro de la sociedad.
El diagnóstico es claro: la erosión del multilateralismo, sin mecanismos alternativos de cooperación, deja a los países más expuestos justo cuando más los necesitan, frente a crisis que ningún Estado resuelve solo.
Colombia entró a esta nueva era con una posición ya definida. En entrevista con Luis Carlos Vélez, el candidato De La Espriella fue directo: “Ni la ONU ni la OEA me gustan. ¿Eso de qué ha servido a Colombia?”. Un mes de gobierno después, ese rechazo de principio ya tiene expresión concreta. El país reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán —territorio sirio ocupado desde 1967, que la ONU nunca ha reconocido como israelí—, convirtiéndose apenas en el segundo país del mundo en hacerlo. Poco antes había reconocido la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, otro territorio en disputa. A eso se suma la eliminación recíproca de visas con Israel a partir del 1 de septiembre y la evaluación, ya confirmada por fuentes diplomáticas en La Haya, de retirar a Colombia de la Corte Penal Internacional denunciando el Estatuto de Roma, siguiendo la misma presión que Washington ejerce sobre gobiernos de la región.
Ninguna de estas decisiones es aislada: todas van en la misma dirección que apuntaba la declaración sobre la ONU y la OEA. Cada una, por separado, se puede defender con argumentos de política exterior. Juntas, dibujan un patrón: Colombia está cambiando su membresía en instituciones multilaterales por relaciones bilaterales privilegiadas, principalmente con Washington y Tel Aviv.
Aquí es donde vale la pena volver al informe del WEF. La confrontación geoeconómica es el riesgo con más probabilidad de desatar una nueva crisis global. En ese contexto, un país mediano como Colombia depende más, no menos, de tener múltiples canales diplomáticos abiertos. Salir de la CPI, o debilitar su relación con la ONU y la OEA, no resuelve esa dependencia estructural: la concentra en un solo aliado, y deja al país sin margen de maniobra el día en que esa relación cambie de prioridades.
El propio gobierno insiste en que busca “recuperar la confianza internacional” de Colombia. Pero la confianza, dice el informe, es la moneda que sostiene la cooperación entre Estados. Es difícil ver cómo se recupera retirándose, al mismo tiempo, de instituciones donde esa confianza se mide y se pone en práctica. En la próxima columna reviso el segundo frente del informe: la polarización de valores, y lo que revela sobre ese riesgo el debate ya abierto sobre el futuro de la JEP.