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La Colombia dividida que importa

La pobreza, la desigualdad y la informalidad no ceden solas: ceden con más y mejor educación.

hace 14 horas
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  • La Colombia dividida que importa

Por Mauricio Perfetti Del Corral - mauricioperfetti@gmail.com

Varias cifras muestran con contundencia que nuestro país sí está dividido, pero entre quienes viven en la pobreza y quienes no; entre quienes viven en el campo y quienes viven en las ciudades; entre quienes trabajan en la informalidad y quienes no. Las cifras del DANE hablan por sí mismas: 14,4 millones de personas viven en pobreza, 4,5 millones en pobreza extrema, de los cuales casi la mitad se encuentran en las zonas rurales, y 13,3 millones en la informalidad. Esa es la división que importa. Esa es la que hay que sanar.

La clave está en la educación. Esta transforma vidas, aumenta ingresos, fortalece comunidades y abre oportunidades que de otro modo son inalcanzables. Sin embargo, en medio de la crisis de seguridad, la emergencia en salud, el deterioro fiscal y la amenaza de un apagón energético, nadie en el equipo primario de empalme habla de educación. Ni el presidente electo. Eso es un error que Colombia no puede permitirse.

La educación debe ser prioridad y urgencia. No después de resolver la coyuntura: ahora, dentro de ella. Focalizar la política pública con inteligencia y sagacidad es posible y necesario. Hay al menos cuatro apuestas que no pueden esperar.

Primera infancia. Aumentar la cobertura y la calidad de la atención a los primeros años de vida es la inversión de mayor retorno social y económico. Esto exige repensar el ICBF desde uno de sus propósitos esenciales: garantizar condiciones dignas para la primera infancia, y ese propósito superior no debe ser reemplazado por el de las madres comunitarias.

Calidad en básica y media. Cuando un niño no puede leer las palabras mínimas para su edad ni comprende lo que lee, queda atrapado en una ruleta del infortunio de la que difícilmente saldrá. Colombia necesita un Plan Nacional de Lectura y Escritura amplio y sostenible, mejores resultados en matemáticas y ciencias, y una reforma profunda de la educación media: hoy, de cada 10 estudiantes que comienzan primaria, solo 6 alcanzan a terminar la media.

Infraestructura escolar. No hay educación de calidad posible en aulas deterioradas y sin dotación apropiada. La CAF ha manifestado disposición para financiar un gran programa de infraestructura escolar. Es el momento de concretarlo.

Educación superior y rural. Hay que fortalecer el Icetex y a Colfuturo, crear nuevas formas de financiación para estudiantes de universidades públicas y privadas, y hacer más ágil el sistema de acreditación. Y la educación rural debe volver a ser prioridad: cerrar la brecha entre el campo y la ciudad empieza en las escuelas veredales.

En lo anterior hay una gran ventaja: existen exitosas experiencias públicas y privadas en programas evaluados y con impacto. Nuestro país no puede darse el lujo de relegar la educación mientras atiende otras urgencias. La pobreza, la desigualdad y la informalidad no ceden solas: ceden con más y mejor educación. El presidente electo y su equipo tienen una oportunidad histórica para que la educación deje de ser la cenicienta de la política pública, ocurrió en estos últimos tres años, y se convierta, de una vez, en su columna vertebral.

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