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La ‘batalla cultural’: absurda y peligrosa

Una sociedad es un proyecto cultural diverso, dinámico y evolutivo.

Publicado hace 1 hora Actualizado 19 de octubre de 2026
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  • La ‘batalla cultural’: absurda y peligrosa

Por Daniel Carvalho Mejía - @davalho

Está de moda en el gobierno nacional y su fanaticada hablar de ‘batalla cultural’, un concepto ideado hace un siglo por pensadores marxistas y retomado a finales del siglo XX por la derecha norteamericana. Se refiere a la lucha por establecer una forma de entender el mundo que trasciende la contienda electoral y llega a la religión, el arte, la educación, la ciencia y todas aquellas instituciones y creencias alrededor de las cuales se organizan las sociedades.

La semana pasada, el presidente De la Espriella se refirió a ella en un discurso, aludiendo a la recuperación de valores tradicionales y la lucha contra el wokismo, y afirmando que la cultura no puede utilizarse como instrumento ideológico. Acto seguido, funcionarios del Ministerio de Cultura desmontaron alrededor de cincuenta piezas del Museo Nacional. Entre ellas, una obra del gran Antonio Caro que critica la minería, un recuerdo de la célebre Séptima papeleta que ayudó a convocar la Asamblea Constituyente de 1991, la legendaria camiseta de pepas rojas de Lucho Herrera en el Tour de Francia, cuadros relativos a las luchas feministas y LGBTI, un video relativo a la lucha por el derecho de las mujeres a votar y afiches de los asesinados Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro. Además, prohibieron tomar fotos de la sala censurada.

Este claro y vergonzoso acto de censura levantó críticas de diferentes sectores. El gobierno ha afirmado que no se puede hacer apología al terrorismo y que la cultura no debe promover ideologías. Sus principales defensores se han concentrado en Carlos Pizarro, la figura más polémica, pero han sido incapaces de explicar el desmonte de las demás piezas y, más allá de eso, la legitimidad de un gobernante para elegir qué se expone en el Museo Nacional. ¿Por qué esconder piezas alusivas a la Constitución de 1991? ¿Por qué desconocer las luchas de mujeres y homosexuales por el reconocimiento de su ciudadanía y sus derechos? ¿Por qué censurar obras que critican al establecimiento? Por ignorancia y maldad, opino yo.

La idea de una ‘batalla cultural’ supone dos bandos enfrentados por un botín; dos facciones irreconciliables que se disputan a muerte la verdad única. Es absurda porque desconoce que la cultura es la acumulación de expresiones, comportamientos, visiones e historias de personas y comunidades diferentes. La cultura no son dos bloques enfrentados: es una imbricación y un engranaje de cientos de años y millones de personas con puntos de vista diversos y a menudo polémicos y contradictorios. Pretender que en una nación con tanta diversidad étnica, lingüística, artística y religiosa como la nuestra solo exista una visión del arte y la cultura es miope e insensible. Creer que un gobernante puede determinar qué es cultura y qué puede exhibirse en un museo es peligroso. Una sociedad es un proyecto cultural diverso, dinámico y evolutivo cuya definición no es potestad de ningún presidente.

De la Espriella se pasea con pistola al cinto y walkie-talkie, afirmando defender la libertad y la Constitución mientras socava pilares como la libertad de prensa y utiliza instituciones culturales para promover su ideología. Luego termina echando bendiciones y convocando a Cristo como legitimador de su autoritarismo. Qué bien le haría sentarse a leer al Papa o las palabras de ese Jesús que tanto menciona: el que echó a los mercaderes del templo y prohibió usar su nombre en vano.

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