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El cachondeo

Eva Ferrer llama ‘cachondeo’ al gusto de Verónica Alcocer por el dinero, la fiesta y la noche.

Publicado hace 6 horas Actualizado 19 de octubre de 2026
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  • El cachondeo

Por Juan David Ramírez Correa - columnasioque@gmail.com

Supongamos que todo lo que Eva Ferrer le dijo a Semana es falso: que las maletas grises nunca existieron, que los US$2,5 millones que, según ella, llegaron de Venezuela son chisme de segunda mano de Manel Grau, y que su reclamo de más de $640 millones a Verónica Alcocer le nubla el juicio y la hace decir sandeces. Aun así, lo que está a la vista alcanza para hablar de la sordidez del novelón protagonizado por Alcocer y sus amigos.

Lo triste es que Colombia se tragó entero el novelón. El 31 de agosto de 2022, poco más de tres semanas después de la posesión de Gustavo Petro, Ferrer, Grau y Xavier Vendrell recibieron la nacionalidad colombiana pese a sus escasos vínculos con el país, salvo una amistad surgida probablemente en la movida catalana. Desde entonces, bajo la figura de asesores, parecieron más cazafortunas que consejeros. Extendieron su influencia por entidades del Estado y, según las denuncias, tejieron relaciones de poder oscuras y cuestionables. Ahora que ya no tienen la sartén por el mango, empieza a entreverse la estela de presunta corrupción e ilegalidad.

Los indicios estaban, pero la perla llegó con la entrevista de Semana a Eva Ferrer. Allí denunció que Verónica Alcocer y sus amigos habrían creado un entramado que iba desde el lavado de activos hasta asignación de contratos y desvío de recursos para favorecer a familiares. Hay que ir con cuidado porque una denuncia no es una sentencia. A Ferrer le corresponde probar ante la Fiscalía lo que dice haber visto y explicar cómo, siendo consejera y parte del círculo íntimo de Alcocer —a quien llamó “la jefe de la banda”—, no fue cómplice. El fondo del asunto es otro, y es ético. Aunque la figura de primera dama no aparece en la Constitución y nadie vota por ella, acompañar al mayor dignatario exige decoro y entender que su papel es respaldar causas que mejoren el entorno social. Pide poco en lo formal y mucho en lo humano: discreción, sobriedad y sentido de lo público. Con Alcocer ocurrió lo contrario. Que yo sepa, no hay un balance de gestión, sino la imagen de una ex primera dama excéntrica, recordada por la Guacherna, bailes, viajes y una comitiva de asesores que habría costado más de $1.000 millones, incluido el masajista y coreógrafo Nerú. Queda su inclusión en la lista Clinton.

La relación entre Alcocer y el presidente Petro, incluida su separación, es asunto de ellos. El problema comenzó cuando esa relación, que mostró visos de toxicidad desde el principio, entró en la Casa de Nariño y se reflejó en nombramientos, favores y silencios. Ferrer alimentó esa sospecha al afirmar que Petro “permitía que se hicieran todas las cosas”. Un presidente que deja que su entorno reparta el Estado renuncia a gobernar.

Ferrer llama “cachondeo” al gusto de Alcocer por el dinero, la fiesta y la noche. De ser así (¿recuerdan cuando el exembajador en Suecia le pidió bajar el voltaje?), el poder le habría permitido hacer lo que quisiera. Ese abuso, sumado a un Gobierno desordenado y sin control, abonó el terreno para el daño, el mal ejemplo y otras conductas que deberán investigarse. Que la justicia haga lo suyo, exija pruebas, falle en derecho y dimensione el daño causado por ese cachondeo. Para ellos fue aventura, diversión y negocio. Para el país pinta más a corrupción que a joda.

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