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Nunca es tarde para percatarnos de que es posible hacerle un quite a lo predecible.
Por Diego Aristizábal - desdeelcuarto@gmail.com
El teléfono suena. Samuel contesta. Una voz le suelta la noticia: Clara murió en un accidente. Samuel repasa las caras y los nombres de amigas y amantes, ese álbum de fotografías algo amarillentas que lo hace sentir más viejo de lo que es. Samuel tiene 40 años, edad esa en la se empieza a tener la sensación de que no es lo que pensó iba a ser. Vive en el Madrid de la crisis. Samuel es individualista, vive en una burbuja y espera que nada le salga muy mal. Samuel sigue en el teléfono, y a pesar de que ha intentado armar en poco tiempo el rompecabezas de su pasado amoroso, si de algo está seguro en la vida es de no haber conocido nunca a ninguna Clara; sin embargo, decide asistir al entierro, no le importa que pueda verse envuelto en alguna situación incómoda.
Así son las primeras páginas de “La invención del amor”, del escritor español José Ovejero, una novela de la cual se habla muy poco, claro, un libro de 2013 ya es un vejestorio inconseguible en librerías de libros nuevos pero que vale la pena buscar, especialmente si uno quiere encontrar una historia bien escrita sobre cómo romper el lastre de la insatisfacción, cambiar algunas cosas de la vida para no seguirse quejando, que siempre resulta tan fácil, y a la vez tan fastidioso.
¿Ustedes se imaginan explorar un pasado que no les pertenece sin pensar que de esa forma es posible construir un futuro que no estaba dentro de los planes? Aquí cabe pensar en el miedo que dan tantas cosas, hasta el punto de anular a ese otro que no deja de preguntarse por lo que pudo haber sido o por lo que, sin importar la edad, todavía puede ser. ¡Todavía puede ser!, y esto lo explora de una manera muy bella esta novela de descripciones sutiles y poéticas, que nos recuerdan que hay cosas de cada uno de nosotros que son puras, así estén, aparentemente, desgastadas.
Ser menos infeliz, es posible, la literatura sí que explora los caminos donde surgen encuentros, provocaciones, preguntas que han construido la historia de una manera tan especial, como esta que ha dado origen a tantas cosas bellas, o también dolorosas: ¿Qué pasaría si? Que cada quien la responda, que cada quien corra el riesgo de seguir siendo el mismo o, al menos, llegue a pensar qué es eso de la invención del amor. La literatura nos demuestra que la vida es más que cumplir con las eternas monotonías que nos imponen la familia, la sociedad, el trabajo, el qué dirán.
Nunca es tarde para percatarnos de que es posible hacerle un quite a lo predecible, que tantísimas veces nos direcciona. No hay nada peor que la resignación en esta vida; por eso, si estamos aquí, ¡que se justifique! La curiosidad no mató al gato, ha hecho que este mundo sea fantástico.