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Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co

Enemistad

Son frecuentes las discrepancias con distintas visiones de país. Los modos de uno y otro, definen la prudencia que los asiste.

hace 3 horas
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Por Sergio Molina - opinion@elcolombiano.com.co

“¡Te declaro examigo!”, sentencia posible de pronunciarse con altura. En vista de que la amistad se enaltece permanentemente, y recién celebrados el día y el mes del amor y la amistad, dediquemos letras a ese estado consciente de declarar, con buena forma, las diferencias que nos alejan, nos hacen incompatibles y determinan como imprudente y riesgoso, caminar juntos. Un manifiesto describe con franqueza y sin diatribas, la realidad del desencuentro: “Hoy, con mesura y sin afán, te declaro examigo; que no se entienda enemigo, ni rastro de un rencor vendrá. Dejémonos por siempre en el olvido, sin pronunciar el nombre ya perdido; mutuo recordar que no conviene, pues solo la distancia nos sostiene”.

Nos tienta tratar como enemigo a quien no coincida con lo que pensamos, no obstante, hablo de establecer, no quedando de otra, la relación de enemistad declarada, llevada con cánones de respeto y protocolos de evitación- término de la psicología. La enemistad, implica un “modo”, consistente en, “ni odiarte ni perseguirte”. Una buena declaratoria de examigos, descarta la incubación de odio, de hecho, en si misma, apunta a la claridad y punto final en cuanto a las desavenencias, aspecto en el que las partes habrán de coincidir, “no nos entendemos, ergo, establezcamos distancia”. Si la dignidad es cultivo, ello incluirá rodearnos sabiamente, no con los que aplauden, sino con los que, con estilo, controvierten. El fundamento y la calidad de lo debatido (impropias, insulsas, incoherentes u ofensivas); conllevaran a salvaguarda de sí y cercanos.

Son frecuentes las discrepancias políticas con distintas visiones de país. Sin embargo, los modos de uno y otro, definen la prudencia que los asiste. Históricamente, algunos administraron bien sus diferencias: Saladino y el Rey Ricardo Corazón de León, declarados enemigos, en la Tercera Cruzada (1189–1192); mantuvieron un buen modo. Cuando Ricardo Corazón de León, perdió su caballo en la batalla de Jaffa, Saladino le envió dos sementales árabes diciéndole, “un rey tan grande no debe combatir a pie”. Luego, cuando Ricardo cayó enfermo, Saladino le envió frutas frescas y nieve del monte Hermón para bajarle la temperatura. Al final de la guerra, firmaron un tratado con honores militares mutuos. Grandes señores, desde luego. La escena aplica para insistir en que “para bailar bien, se necesitan dos”. El Canciller Klemens von Metternich sobre Napoleón Bonaparte dijo, “Es el hombre más poderoso del mundo, pero carece de la primera cualidad de un caballero: sabe cómo ganar, pero no cómo usar la victoria”.

Esta semana, el expresidente Álvaro Uribe le hizo saber a Enrique Gómez, “El CD se cansó de las constantes descalificaciones y la actitud displicente. No existe interés alguno en construir coaliciones con quienes, desde una visión sectaria, insisten en dividir a los colombianos...”. Para entendidos: E Gómez, es sectario y animoso a dividir, “mal socio”. El senador Rafael Nieto declaró, “A Enrique Gómez no hay nada que responderle, no vale la pena”. Misivas y sentencias que antes de incendiar, ponen un prudente punto final.

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