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¿Deshielo entre China e India?

Los intereses de Xi en este escenario están claros. Resulta más conveniente tener a la India como un rival manejable que como un enemigo estratégico.

hace 12 horas
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  • ¿Deshielo entre China e India?

Por Beatriz de Majo - beatrizdemajo@gmail.com

China e India avanzan pausadamente desde 2020 en su propósito de dejar de ser rivales y convertirse en socios de envergadura. Ambos están conscientes de lo mucho que ganarían de un reposicionamiento de sus relaciones, las que se vieron muy tensadas a raíz de una escaramuza fronteriza que data del 2020.

En Nueva Delhi, la semana pasada, Xi Jinping protagonizó un nuevo paso de acercamiento con el primer ministro Narendra Modi con quien se entrevistó con motivo de la reunión cumbre de los BRICS. Fue un esfuerzo por estabilizar los vínculos mutuos caracterizados por una enorme desconfianza como consecuencia de aquel desencuentro fronterizo del Valle de Galwan que dejó un saldo de 20 bajas militares de los dos lados.

El molesto episodio ha sido superado con acercamientos y acciones por fuera de lo militar, pero a medias. En 2020-21 el comercio bilateral era de US$86.400 millones. Cinco años después supera los 151.000 millones. Es un crecimiento de aproximadamente 75%. Solo que el déficit comercial indio pasó de US$44.000 millones a 112.000 millones.

Aparte de intercambios desequilibrados el distanciamiento se siente en otros campos: inversiones chinas que India torpedea, y el terreno de lo tecnológico en el que los dos países no se avienen a cooperar en lugar de ser rivales. Sus intereses estratégicos difieren mientras parte de la frontera sigue militarizada. También los distancia el interés manifiesto de Pekin de consolidar un liderazgo global indiscutible e imbatible mientras Modi tiene el plato bien lleno con sus prioridades internas, a las que se dedica con tesón y lo logra. El vecino indio cuenta con una fortaleza que China debe tratar de mantener en cintura.

Las cifras el Banco Mundial mostraron en 2025 para China un PIB de US$19,5 billones frente a India de US$4 billones. Pero si miramos dos veces, veremos que India creció el año pasado 7,6% y China apenas rozó 5%.

La fortaleza del rival indio es indudable: tamaño demográfico; economía de expansión rápida; posición geográfica extraordinaria en el océano Índico; industria tecnológica innovadora y creciente; capacidades militares importantes y una relación cada vez más estrecha con EE.UU., Japón y Australia. No es extraño que a Pekín le sobren razones para evitar que India se convierta en componente importante de una coalición de contención de China en Asia, armada por los estadounidenses con Trump a la cabeza.

Los intereses de Xi en este escenario están claros. Resulta conveniente tener a India como rival manejable que como un enemigo estratégico. Los intereses de Modi no son tan evidentes. El premier indio no está dispuesto a escoger entre Washington y Pekín ya que su país es el único capaz de convertirse en competidor industrial, tecnológico y geopolítico.

¿Qué subsiste hoy en esa turbulenta relación sino-india? Apenas un acercamiento, relación económicamente productiva entre dos gigantes, no una asociación estratégica. Los dos países se miran con recelo. Intentan acercarse, sin dejar de ser contendores.

China aspira a ser la potencia que domina el orden mundial en contraposición a EE.UU. India quiere evitar quedar atrapada en prioridades de otro país. Modi busca la vía para convertirse en una potencia para elegir con quién se alinea en cada asunto.

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