Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.
La réplica del gobierno ante la crisis ha sido el uso de la violencia indiscriminada y un bloqueo total a las comunicaciones y al internet.
Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com
Días antes de cerrar el 2025 las calles de Teherán se llenaron de manifestantes. En una nación acorralada por el régimen desde hace más de cincuenta años las protestas caminan bajo la sombra de la represión. Aún así, amenazado de muerte, un grupo de iraníes consideró que había tenido suficiente. Que el gobierno de los ayatolás debe acabar. Que es hora de iniciar la transición. La respuesta del líder supremo Alí Jamenei y su Guardia Revolucionaria fue -y es- brutal y los muertos entre los ciudadanos se cuentan por miles. Ninguno de los bloques enfrentados cede un ápice y el gigante de medio oriente se hunde en la peor crisis de la que se tenga recuerdo desde el triunfo de la revolución islámica en 1979.
Dos elementos correlacionados, uno interno y otro externo, confluyeron en la realidad iraní para que explotaran las protestas. La nación sufre un profundo colapso económico tras una fuerte sequía, la devaluación de su moneda, alta inflación y el aumento de los precios. Por otro lado, sus enemigos, principalmente Israel y Estados Unidos, mueven sus fichas para debilitar al régimen. Desde que en el 2023 iniciara el conflicto en la Franja de Gaza, Netanyahu aceleró su propósito de acabar con el gobierno iraní al que considera su mayor amenaza y un soporte esencial de los grupos terroristas a los que se enfrenta. Su discurso, acerca de los avances nucleares de la nación islámica, llevó a Estados Unidos a atacar una planta de enriquecimiento de uranio en junio del año pasado en lo que fue, para entonces, el primer movimiento militar geopolítico a gran escala de la segunda presidencia de Trump. El gasto multimillonario de Irán en defensa e inteligencia fue insuficiente para responder a los ataques de Tel Aviv y de Washington. Lo que por décadas fue el gran orgullo de la teocracia, el sustento de su discurso antioccidental, resultó en una debilidad vergonzosa que es ahora una de las razones principales de las manifestaciones.
La réplica del gobierno ante la crisis ha sido el uso de la violencia indiscriminada y un bloqueo total a las comunicaciones y al internet. La Casa Blanca, en su nueva doctrina de amenazas constantes, insiste en que más temprano que tarde dejará caer las bombas necesarias para que el régimen colapse. La Unión Europea, por su parte, designó a la Guardia Revolucionaria como grupo terrorista. Los caminos de occidente parecen confluir en el estadio previo a un cambio de era.
Estados Unidos, Israel y la Unión Europea, han evitado durante décadas la confrontación directa con un enemigo al que consideran capaz de desencadenar un conflicto que desestabilice toda la región. Sin embargo, la incapacidad reciente de Teherán de reaccionar a las fuerzas externas y la violenta represión de la manifestación interna son síntomas claros de una misma realidad: la de un gobierno que, débil, solo puede refugiarse en su vieja altanería.
Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.