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La consulta de centro

La consulta no es una garantía de éxito electoral, pero sí es una condición mínima de seriedad política.

hace 10 horas
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  • La consulta de centro

Por Daniel Duque Velásquez - @danielduquev

En política, cambiar de opinión no siempre es una señal de debilidad. A veces es, por el contrario, una muestra de madurez. El llamado que hizo Maurice Armitage la la semana pasada a Claudia López y a Sergio Fajardo para construir una consulta presidencial de centro el próximo 8 de marzo debe leerse justamente desde ahí: como un gesto de humildad política y de responsabilidad democrática con el país.

No es un secreto que Armitage, en un comienzo, no veía con buenos ojos la idea de una consulta. Prefería ir solo hasta la primera vuelta y esperar resultados. Hoy, sin embargo, reconoce públicamente que el escenario ha cambiado y que, si la derecha y la izquierda ya están organizadas en sus respectivas consultas, el centro no puede darse el lujo de llegar fragmentado o improvisado. Ese cambio de postura, lejos de ser reprochable, es valioso en un país donde aferrarse a las posiciones propias suele importar más que leer la realidad.

También hay que decirlo con claridad: Claudia López ha sido consistente desde el principio. Ha defendido la idea de una consulta amplia, abierta y competitiva como el mecanismo más legítimo para que el centro escoja una candidatura presidencial. Su insistencia no ha sido coyuntural ni oportunista; responde a una convicción democrática que hoy empieza a encontrar más eco con el llamado de Armitage.

El fondo del mensaje del ex alcalde caleño es aún más profundo. Advierte sobre algo que Colombia conoce demasiado bien: los riesgos de una elección completamente polarizada en un país que no ha desarrollado la madurez política suficiente para tramitar sus diferencias sin violencia. Cuando los extremos se fortalecen y el centro se diluye, no solo se empobrece el debate, también se tensiona peligrosamente el tejido social.

No estamos hablando de liderazgos improvisados. Armitage, López y Fajardo han gobernado. Han tomado decisiones difíciles, han dirigido equipos, han rendido cuentas y, sobre todo, han mostrado que es posible ejercer el poder de manera seria y responsable. Cali, Bogotá, Antioquia y Medellín dan testimonio de ejecutorias concretas que mejoraron la vida de millones de personas.

Por eso, la discusión no debería centrarse en quién encabeza una eventual candidatura ni en la vanidad de los proyectos personales. La pregunta de fondo es si el centro político está dispuesto a asumir su responsabilidad histórica. Si es capaz de anteponer la defensa de la democracia a los egos, las heridas pasadas y las desconfianzas acumuladas.

La consulta no es una garantía de éxito electoral, pero sí es una condición mínima de seriedad política. Es la forma de decirle al país que existe una alternativa distinta a los extremos, una opción que cree en las reformas sin populismo y en el orden sin autoritarismo.

Si el centro no se organiza ahora, luego no podrá alegar sorpresa ni victimizarse frente a un escenario que él mismo ayudó a construir con su indecisión. El llamado está hecho. Escucharlo y actuar en consecuencia es, quizás, el mayor servicio que hoy pueden prestarle a Colombia.

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