La mañana de este viernes transcurrió tranquila en la sede deportiva del Atlas. Bajo el sol de Guadalajara y ante la mirada de decenas de periodistas colombianos y extranjeros, la Selección Colombia volvió al trabajo con la serenidad que deja una victoria y la responsabilidad que implica estar a un paso de la clasificación.
Mientras los medios de comunicación se acomodaban detrás de las vallas para observar los primeros minutos del entrenamiento, los jugadores aparecieron sobre el campo con la misma imagen que ha acompañado al equipo desde su llegada a México: un grupo unido, concentrado y convencido de que el objetivo está cada vez más cerca.
El triunfo 3-1 sobre Uzbekistán permitió comenzar el Mundial con confianza, pero en el ambiente no se percibe exceso de euforia. En la práctica de este viernes predominó la concentración. El próximo rival será República Democrática del Congo y una nueva victoria podría asegurar el paso de Colombia a los dieciseisavos de final.
Los ejercicios comenzaron con trabajos físicos y movimientos de activación. Desde la distancia se observaban las conversaciones entre los jugadores, las indicaciones del cuerpo técnico y la atención permanente de Néstor Lorenzo, quien sigue ajustando detalles para el compromiso del martes.
A diferencia de jornadas anteriores, la organización permitió que la prensa se ubicara un poco más cerca del entrenamiento. No hubo declaraciones de los futbolistas, pero sí imágenes más cercanas de un plantel que transmite tranquilidad. Lorenzo saludó a la distancia a los periodistas presentes antes de concentrarse nuevamente en el trabajo de campo.
Una de las dudas que ronda alrededor del equipo tiene que ver con la posible formación para enfrentar a Congo. El cuerpo técnico ya recuperó plenamente a Jhon Córdoba, quien podría convertirse en una alternativa para el ataque, aunque tampoco se descarta que el seleccionador mantenga la base del equipo que respondió con autoridad en el debut mundialista.
La mejor noticia para Colombia llegó desde el departamento médico. No hay lesionados. Los 26 futbolistas convocados participaron con normalidad en la práctica y trabajaron al mismo ritmo de sus compañeros. Después del exigente encuentro frente a Uzbekistán, el cuerpo técnico respira tranquilo al tener a todo el grupo disponible para afrontar un partido que puede marcar el futuro inmediato en el torneo.
Pero si hay alguien que se siente especialmente en casa durante esta concentración es Camilo Vargas. El arquero colombiano es una auténtica leyenda en Atlas. Su nombre sigue estando presente en conversaciones, fotografías y elogios de los aficionados del club tapatío. No es para menos: cuando llegó a la institución, el equipo acumulaba décadas sin títulos y terminó siendo una de las piezas fundamentales del histórico bicampeonato.
Por eso no sorprende que la Selección haya encontrado en estas instalaciones un ambiente cómodo para preparar el Mundial. Vargas fue uno de los impulsores de la idea de establecer la concentración en la sede del Atlas, un complejo moderno que ofrece todas las comodidades para una competencia de esta magnitud.
Mientras el entrenamiento avanzaba y los jugadores se alejaban hacia uno de los extremos del campo, los periodistas seguíamos atentos cada movimiento. Queda poco para el duelo ante Congo y Colombia sabe que está frente a una oportunidad importante: ganar, asegurar la clasificación y comenzar a pensar en el cierre del grupo frente a Portugal.
La ilusión permanece intacta. En Guadalajara, entre balones, ejercicios físicos y la tranquilidad de un plantel completo, Colombia sigue construyendo su sueño mundialista.