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Simón García: del “está muy biche” a héroe de Nacional en el 7-1

Entre críticas, dudas y comparaciones inevitables, Simón García vivió ante Internacional de Bogotá la noche más importante de su joven carrera: marcó un doblete, respondió en defensa y dio un paso clave para consolidarse en Atlético Nacional.

  • Simón García en uno de sus festejos frente a Internacional de Bogotá. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    Simón García en uno de sus festejos frente a Internacional de Bogotá. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
hace 35 minutos
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“Que debe jugar Haydar”. “Que Simón García está muy biche”. “Que se equivoca mucho”. “Que Nacional necesita otro central”. Las críticas le cayeron encima antes incluso de consolidarse. Como si en el fútbol colombiano no existiera espacio para el error cuando se tienen apenas 21 años y la responsabilidad de defender la camiseta más exigente del país. Pero el 7-1 sobre Internacional de Bogotá tuvo algo de reivindicación para Simón García: un doblete, solidez defensiva y la sensación de que Atlético Nacional puede estar viendo crecer a uno de los zagueros con más proyección del fútbol colombiano.

No significa que haya dejado de equivocarse. Ningún central joven deja de hacerlo de un día para otro. Pero sí fue una noche que puede marcar un punto de quiebre en su confianza, en esa relación compleja que muchas veces existe entre la hinchada y los futbolistas jóvenes que intentan abrirse camino en un club gigante.

Porque en Nacional la memoria también sirve para entender el presente. A Alexis Henríquez lo silbaron, lo cuestionaron y hasta dudaron de su capacidad antes de convertirse en uno de los defensores más importantes de la historia verdolaga. Hoy, algo parecido empieza a rodear a García: talento evidente, errores inevitables y una presión enorme alrededor. Quizá por eso su historia resulta tan cercana.

Simón no creció obsesionado con ser futbolista profesional. No era el niño que dormía abrazado a un balón ni el que repetía frente al espejo que jugaría en Primera División. En el colegio imaginaba otra vida, ligada a los negocios y lejos de los estadios. Pero el fútbol, como suele pasar, apareció cuando menos lo esperaba.

Un torneo departamental con la Selección Tolima cambió todo. Allí lo vio un formador de Atlético Nacional y llegó la invitación para probarse en Medellín. Aun así, antes de aceptar, pidió terminar el colegio en Ibagué. No quería abandonar a medias una etapa importante de su vida.

“Son los tiempos de Dios”, recordó después en el Podcast Verdolaga. “Él sabía que me tenía un camino”.

El salto no fue sencillo. A los 16 años dejó su casa, su familia y la comodidad de lo conocido para aterrizar en una ciudad distinta, acelerada y exigente. “Ibagué y Medellín son dos mundos totalmente diferentes”, confesó.

En medio de esa transformación apareció el apoyo silencioso del club: psicólogos, entrenadores y compañeros que le hicieron más llevadero el proceso. Aunque siempre se ha definido como introvertido, encontró un lugar dentro del grupo. Un espacio donde pudo crecer sin perder la calma.

Su recorrido futbolístico también tuvo curvas inesperadas. Empezó como lateral derecho, pasó por el mediocampo e incluso actuó como extremo. Hasta que un entrenador de la sub-15, casi por necesidad, decidió ubicarlo como defensa central. Ahí entendió que había encontrado su verdadera posición. “Disfruto mucho defender”, dijo alguna vez. Y se nota.

Porque más allá de los goles frente al Inter, lo que ilusiona en Nacional es su personalidad para jugar en una posición donde el error siempre se ve más grande. García todavía está aprendiendo, pero ya muestra rasgos de central moderno: buen juego aéreo, salida limpia y personalidad para asumir riesgos.

La experiencia con la Selección Colombia Sub-20 terminó de transformarlo. El Mundial juvenil lo obligó a crecer rápido, a competir contra otro ritmo y a entender la dimensión del fútbol profesional. “La Selección me cambió la vida”, aseguró. Volvió distinto: más maduro, más fuerte mentalmente y consciente de todo lo que implica vestir una camiseta pesada.

Allí utilizó el dorsal número 2, un número imposible de separar de la memoria de Andrés Escobar. Simón sabe lo que representa. Lo asume con respeto, sin apresurarse, entendiendo que en Nacional la historia siempre acompaña cada paso.

También reconoce el respaldo de los referentes del plantel. Futbolistas experimentados como William Tesillo, Jorman Campuzano y otros líderes del grupo han sido fundamentales en su crecimiento. “Nos dan confianza”, explicó.

Pero quizá la reflexión más importante llegó lejos de la cancha. Durante mucho tiempo se desesperó por no jugar más. Sentía que estaba listo, que debía tener más oportunidades. Como les pasa a muchos jóvenes. Hasta que entendió algo que suele aprenderse tarde en el fútbol: los procesos también forman futbolistas. “Las cosas fáciles que llegan rápido, así de rápido se van”, dijo.

Por eso el 7-1 pareció algo más que una goleada. Mientras el Atanasio celebraba, Simón García parecía sacarse un peso de encima. No el de las críticas —esas seguirán apareciendo— sino el de la duda propia, la más difícil de vencer.

Y tal vez ahí esté la verdadera victoria de un central de 21 años que todavía está aprendiendo a crecer bajo el ruido constante del fútbol grande.

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