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Los caminos de los pumas ‘paisas’: así se mueven entre el Valle de Aburrá y el Suroeste antioqueño

Collar de telemetría instalado mostró que se mueven en la parte alta de Envigado, Sabaneta, Caldas, El Retiro, Montebello, Santa Bárbara y Fredonia, una ruta de bosques altoandinos. Autoridades hacen un llamado a protegerlo y reportarlo.

  • Imagen de referencia de un puma concolor, especie que también merodea por el Aburrá y otras partes de Antioquia. FOTO: Cortesía.
    Imagen de referencia de un puma concolor, especie que también merodea por el Aburrá y otras partes de Antioquia. FOTO: Cortesía.
hace 2 horas
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Cuando los bosques se llenan de noche y solo se oye el silbido del viento, el puma se despierta. Se yergue y empieza a buscar, con ojos sagaces, el sosiego del hambre. Sus orejas triangulares se mueven, como seres independientes, expandiéndole el paisaje más allá de sus ojos. Incluso sus bigotes, como herramientas tácticas, empiezan a tantear el aire. Así despierta el enorme felino que merodea los bosques del sur del Valle de Aburrá y el Suroeste antioqueño. Solo, silencioso, sin corona ni reino, pero con un poderío que se extiende por toda la cordillera.

Hace poco lo volvieron a ver. Fue en la madrugada del 6 de julio, entre la 1:00 y las 2:00 a.m., cuando las cámaras trampa instaladas en la Reserva Natural La Romera, en Sabaneta, captaron el paso de un imponente felino.

La Alcaldía celebró el más reciente avistamiento como una muestra de la riqueza biológica del territorio y como evidencia de que los corredores biológicos del sur del Valle de Aburrá siguen permitiendo el desplazamiento de una especie que, según los expertos, es indicador de la buena salud de los ecosistemas.

Pero estos avistamientos no son nuevos ni aislados. En 2023, las mismas cámaras habían registrado, por primera vez para el municipio, una pareja de pumas concolor caminando juntos por la reserva.

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Meses después, guardabosques del municipio lograron verlo directamente durante un recorrido de vigilancia, marcando un hito: hasta ese momento, todos los registros habían llegado exclusivamente a través de cámaras trampa. Se cree que cerca habitan al menos otros tres en un territorio que va mucho más allá de lo que cualquier mapa político podría delimitar.

Infográfico
Los caminos de los pumas ‘paisas’: así se mueven entre el Valle de Aburrá y el Suroeste antioqueño

Encuentros cercanos

El Instituto Humboldt empezó a seguir a uno en particular desde cerca de 2023, cuando se reportó su presencia en el sector Bosques de Berlín, en los límites entre Envigado y Sabaneta. Después de un intenso seguimiento de varios años por parte de las secretarías de Medio Ambiente de ambos municipios, un equipo logró capturarlo por un breve periodo para instalarle un collar de telemetría.

“Lo que hicimos fue justamente buscar seguir a por lo menos un individuo de puma, que fue el resultado del proyecto, donde queríamos entender cuál era ese patrón de movimiento”, cuenta Angélica Díaz, investigadora del Centro de Estudios Socioecológicos y Cambio Global del Instituto Humboldt.

Ese puma, según explican los investigadores del Humboldt, es un animal completamente silvestre que ha vivido siempre en esa zona. Y no estuvo quieto: en abril de 2025, el Instituto Humboldt confirmó que el puma avistado en zona rural de Montebello, en límites con El Retiro, correspondía a ese mismo ejemplar.

Lo que el collar reveló fue asombroso incluso para quienes lo instalaron: el puma se desplaza, en promedio, más de seis kilómetros por día y es más activo entre las 8:00 p.m. y las 4:00 a.m. Su territorio incluye la parte alta de Envigado, Sabaneta, La Estrella, Caldas, El Retiro, Montebello, Santa Bárbara y Fredonia, una ruta de bosques altoandinos que ignora las fronteras políticas.

El Instituto Humboldt tiene registros de al menos tres individuos más en esa misma zona, lo que hace pensar que este puma hace parte de una población más amplia, la que habita la parte norte de la Cordillera Central, o incluso de una población asentada cerca de ciudades tan pobladas como Medellín.

Cómo vive un puma

El puma es, en términos biológicos, un animal solitario. No forma manadas ni jaurías. Se ve acompañado únicamente durante el cortejo y el apareamiento y, luego, durante uno o dos años, la madre cría a sus cachorros —usualmente uno o dos— antes de que estos también partan a buscar su propio territorio.

Los machos suelen ocupar territorios más extensos, que se superponen con los de varias hembras. Ellas, en cambio, no comparten su espacio con otras hembras: se distribuyen. Por eso, según explica Díaz, cuando una cámara trampa registra a dos individuos distintos en una misma zona —como ocurrió en La Romera en 2023—, lo más probable es que se trate de un macho y una hembra compartiendo territorio, o de un joven en tránsito, buscando dónde establecerse, cruzando sin saberlo por las tierras de un felino ya asentado.

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En esa búsqueda constante de presas, el puma recorre bosques y matorrales, áreas rurales donde convive con fincas, potreros y, ocasionalmente, con gallineros. Su dieta, según explica el biólogo Felipe Galvis Bravo, de Corantioquia, es de las más versátiles del reino animal: se alimenta de venados, pecarís, guatines, armadillos, conejos, zarigüeyas y algunas aves, dependiendo de qué encuentre disponible en el ecosistema que habita. Una vez caza a su presa, la esconde bajo hojarasca para conservarla y volver días después a seguir aprovechándola.

Es, además, el segundo felino más grande del continente americano, después del jaguar, y el que tiene mayor distribución espacial de todo el hemisferio occidental: se le encuentra desde Canadá hasta el extremo sur de Chile, desde las tierras bajas a nivel del mar hasta zonas casi nevadas de 4.000 metros de altura.

A diferencia del jaguar, el puma no ruge. Emite maullidos, ronroneos y silbidos, un repertorio vocal más parecido al de un gato doméstico gigante que al de un rey de la selva. Si el jaguar es el rey de las selvas americanas, el puma es el emperador de sus montañas.

¿Por qué habita este territorio?

Aun así, su sombra se ha visto cerca del concreto de edificios y zonas urbanas, y la pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué justo aquí, tan cerca de la ciudad? Esto tiene una respuesta práctica: los recursos. Esos recursos son tres, según coinciden Díaz y Galvis: un hábitat con cobertura boscosa que le sirva de dormidero seguro, corredores de caza con suficientes presas silvestres y zonas de borde —esos bordes donde el bosque colinda con áreas abiertas, perfectas para acechar—.

El Instituto Humboldt agrega otro factor determinante: la altitud. Los ecosistemas donde se ha registrado la presencia del puma en el sur del Aburrá y el Suroeste antioqueño oscilan entre los 1.800 y los 2.600 metros sobre el nivel del mar, justo dentro del rango altitudinal donde la especie se mueve con comodidad.

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Ahí, además, hay agua permanente —quebradas y nacimientos— y un relieve quebrado que favorece tanto el resguardo de las crías como las emboscadas de caza.

Hay un cuarto factor, menos técnico pero igual de decisivo: la baja densidad de población humana. Donde hay menos gente, hay menos cacería de las presas del puma y menos perturbación de su territorio.

“En áreas donde hay mucho ruido, lo más probable es que haya una probabilidad menor de que podamos registrar un puma que en una zona que es mucho más tranquila”, explica Díaz.

Y advierte que, aunque sea una especie versátil que puede acercarse a estas áreas intervenidas, esto no quiere decir que pueda habitar la ciudad. “Requiere de áreas naturales para seguir existiendo”, señala la investigadora.

Siempre estuvieron ahí

Uno de los mitos más persistentes es que los pumas están “llegando” o “replegándose” hacia zonas cercanas a las ciudades, como si el avance urbano los estuviera empujando hacia la gente. Angélica Díaz lo desmiente con contundencia: hay registros recientes de pumas en el Bajo Cauca, en el altiplano norte de Antioquia, en el páramo de Belmira, en el Oriente y en el Magdalena Medio.

En enero de 2026, por ejemplo, comunidades rurales de Ituango y Puerto Nare, además de habitantes de la zona sur del Área Metropolitana, reportaron la presencia de al menos tres individuos más transitando por corredores biológicos en esas zonas.

“No es como que estemos teniendo un repliegue de que los pumas están llegando a la ciudad. Simplemente tenemos registros nuevos porque antes no se estaba documentando”, explica Díaz.

Ese salto en la documentación tiene una explicación muy simple: las cámaras trampa se popularizaron, las redes sociales amplificaron cada hallazgo y cada vez hay más habitantes en zonas rurales y periurbanas atentos a su entorno.

“Ahora tenemos las herramientas para verlos”, resume Díaz. En Montebello y El Retiro, por ejemplo, ha visto crecer un fenómeno curioso: vecinos de conjuntos residenciales campestres que compran cámaras trampa por pura curiosidad, queriendo saber “con quién comparten su casa”. Y terminan encontrándose, en la pantalla, con el paso silencioso de un felino que llevaba ahí más tiempo del que ellos mismos habían vivido en la zona.

Un bioindicador

Que un puma habite un territorio no es un dato anecdótico: es una certificación biológica. Como depredador, regula las poblaciones de las especies de las que se alimenta. Si desaparece, el equilibrio se rompe: los herbívoros aumentan sin control, agotan la vegetación nativa y terminan invadiendo cultivos y sistemas productivos. Esto incluso podría llegar a generar pérdidas económicas para las comunidades humanas que viven alrededor.

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“El hecho de que esté presente nos está diciendo que tiene hábitat, tiene presas. Cuando desaparece, nos está diciendo que aquí ya sucedió algo, porque antes estaba y ahora no”, explica Díaz.

Por eso los biólogos insisten en que ver un puma —o, mejor aún, ver a una hembra con su cría, como ocurrió en la propia experiencia de campo de Díaz— no es solo un evento fotogénico para redes sociales: es una lectura directa del estado de salud de un ecosistema.

¿Es peligroso el puma?

La pregunta que más ansiedad genera tiene, según los expertos consultados, una respuesta tranquilizadora.

“Cuando un puma se encuentra con un ser humano, su primera reacción va a ser huir, por miedo, por temor”, explica Díaz, quien recuerda que cuando se topó con esa hembra y su cría, la reacción inmediata del animal fue retirarse, pese a la emoción que le generó a ella el encuentro.

Actualmente no se conocen reportes de ataques de pumas a humanos en Latinoamérica, según Felipe Galvis, de Corantioquia. Los ejemplares de Norteamérica son de mayor porte y, en casos extremos, pueden confrontar a una persona.

“Compartimos la misma casa, y en esa casa compartida tenemos que buscar la manera de cohabitar”, resume Díaz.

Aunque los avistamientos de pumas suelen generar preocupación, los expertos insisten en que el riesgo para las personas es muy bajo. En Colombia no se conocen ataques de esta especie a humanos y, cuando se encuentra con una persona, su reacción habitual es huir.

El principal conflicto ocurre por la depredación ocasional de animales domésticos, por lo que las autoridades recomiendan reforzar corrales y gallineros, proteger las mascotas durante la noche y nunca intentar agredir o perseguir al felino.

La recomendación es usar elementos disuasorios como luces, radios encendidos o cencerros y, sobre todo, nunca intentar cazar, agredir o ahuyentar violentamente al animal.

Paradójicamente, el mayor peligro lo enfrentan los pumas. En enero de 2026 uno murió atropellado en una vía hacia el Bajo Cauca, un hecho que reavivó el llamado a proteger los corredores de fauna.

Además, las autoridades piden no divulgar la ubicación exacta de los avistamientos para evitar que cazadores lleguen hasta estos animales, cuya supervivencia depende de la red de bosques —fragmentada, sí, pero todavía viva— que aún sigue siendo capaz de sostener a los grandes felinos.

La casa compartida

“Donde hay puma, hay vida”, resume el biólogo Felipe Galvis. Y aunque el felino seguirá prefiriendo la sombra, el silencio de la madrugada y la distancia prudente de cualquier ser humano, su sola presencia —confirmada una y otra vez por cámaras trampa, collares satelitales y guardabosques con suerte— sigue siendo, para quienes estudian estos bosques, la mejor noticia posible: significa que todavía queda suficiente naturaleza en pie como para sostener al rey silencioso de la cordillera.

Curiosidades sobre los pumas

El puma (Puma concolor) es uno de los mamíferos con más nombres comunes en el mundo. Dependiendo de la región, es conocido como león de montaña, león americano, pantera o más. Esa diversidad de nombres refleja su enorme distribución geográfica y la relación histórica que distintas culturas han tenido con el felino.

Sobre por qué no ruge, tiene que ver con su linaje evolutivo, que es distinto al de los leones, tigres o jaguares, que pertenecen a la subfamilia Pantherinae. El puma pertenece a Felinae, por lo que su anatomía le permite emitir maullidos, ronroneos y otros sonidos, similares a los de un gato doméstico, aunque mucho más potentes.

Bloque de preguntas y respuestas

¿En qué municipios se ha registrado el recorrido de este puma?
El puma monitoreado con un collar de telemetría se desplaza por la parte alta de Envigado, Sabaneta, La Estrella, Caldas, El Retiro, Montebello, Santa Bárbara y Fredonia.
¿Los pumas representan un peligro para las personas en Colombia?
No se conocen reportes de ataques de pumas a seres humanos en Colombia. El principal conflicto ocurre cuando el felino depreda animales domésticos, especialmente si estos permanecen desprotegidos durante la noche.
¿Qué hacer si una persona se encuentra con un puma?
La recomendación es mantener la calma, no intentar perseguirlo, agredirlo ni acorralarlo. Según los investigadores, la reacción habitual del puma frente a un ser humano es huir. También se pide reportar el avistamiento a las autoridades ambientales y evitar divulgar la ubicación exacta del animal.

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