El 6 de noviembre de 1860, el día después de que Abraham Lincoln ganara las elecciones presidenciales en Estados Unidos, una mujer de Alabama llamada Sarah Espy escribió en su diario que se sentía “apenada” y anticipaba el inicio de “una época de desgracias”.
Ese fue el primer registro oficial de la llamada “tusa” electoral. Hoy, más de 160 años después, la reacción emocional tras resultados de elecciones sigue siendo una de las experiencias más intensas y menos habladas de la vida democrática.
“La política está más conectada con nosotros de lo que pensamos. Hace parte de nuestra vida cotidiana y tiene relación directa con quiénes somos, nuestros valores y metas”, explica la politóloga Tiffany Botero. Por eso, dice, los resultados electorales producen emociones genuinas, tan reales como las que generan las pérdidas personales.
La evidencia científica lo confirma. Una encuesta del Pew Research Center de 2004 encontró que el 29% de los seguidores del candidato demócrata John Kerry se sentían deprimidos tras la reelección de George Bush. Una encuesta de la agencia Associated Press de 2008 reveló que el 25% de los republicanos estaban emocionalmente afectados tras la victoria de Barack Obama.
El día después de que Hillary Clinton perdiera las elecciones en 2016, el tráfico al artículo “5 etapas de duelo y pérdida” del sitio PsychCentral aumentó un 210%.
Cristóbal Ojeda, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Tennessee que estudia la relación entre salud mental y participación política, lo llama “depresión postelectoral”. “Los síntomas de depresión, tristeza, soledad y fatiga, parecen ser respuestas comunes a la pérdida electoral”, señala. Y advierte que los ciudadanos que experimentan depresión tienden a desengancharse de la política, justo cuando más se necesita su participación.
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Si gana su candidato
La euforia también tiene sus riesgos. El psicólogo Andrés Cardona advierte que un triunfo electoral puede generar una sensación de superioridad que complica las relaciones con quienes votaron diferente.
“Un triunfo electoral es semejante a alcanzar una meta personal, pero ten cuidado con sentir que eres dueño de la verdad absoluta. La propuesta de tu candidato pudo haber sido la mejor para un momento determinado, no para siempre”, dice.
Botero añade que votar es solo el primer paso: “De la victoria se desprenden nuevas responsabilidades, como ser atento y crítico a la gestión del gobernante al que le entregaste tu confianza”.
Y si fuiste el único de la familia en votar diferente, la recomendación es no sentir culpa. “Se trata de una expresión de tu esperanza acerca del futuro. Ábrete al diálogo, escucha y no caigas en la burla”.
Si pierde su candidato
El duelo político es legítimo, pero tiene un límite recomendado. La psicología deportiva sugiere darse entre 24 y 48 horas para estar completamente triste antes de reenfocarse. “Se vale estar triste y vivir el duelo, pero es necesario ponerle un límite al proceso”, señala Cardona.
Ojeda propone acciones concretas para salir del bajón. La primera es cuidar el cuerpo: dormir bien, comer adecuadamente y hacer ejercicio. La segunda es tomar distancia de las redes sociales, que tienden a intensificar la angustia y la polarización. “Pasar demasiado tiempo en Facebook o en X puede amplificar la ansiedad y la depresión”, advierte.
La tercera, y quizás la más importante, es no aislarse. “El aislamiento social intensifica los sentimientos negativos”, dice Ojeda, quien recomienda hablar con alguien de confianza o buscar un profesional de salud mental si la angustia se prolonga.
Botero recuerda que perder una elección no equivale a perder la capacidad de incidir. “Tu participación ciudadana no se acaba con el voto. Tienes derechos y deberes que puedes ejercer en otros espacios: las veedurías, el seguimiento, la protesta y el diálogo”. Ojeda coincide:
“Las elecciones son solo el comienzo de lo que es un proceso complejo. Participar es empoderador y puede ayudar a aliviar la angustia psicológica”.
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