Desde el 2000, cada 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una fecha en la que se busca sensibilizar y promover el acceso oportuno a tratamientos contra esta enfermedad, que a nivel mundial cobra alrededor de 10 millones de vidas cada año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
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Para comprender el panorama de esta enfermedad en Colombia, los factores que explican su impacto en la población y los avances que hoy están transformando su diagnóstico y tratamiento, EL COLOMBIANO conversó con Diego Mauricio González, coordinador de Oncología de la Clínica de las Américas, uno de los centros especializados de Medellín que cuenta con certificaciones internacionales por el manejo del cáncer.
En cifras, ¿cuál es el contexto actual del cáncer en Colombia?
“No tenemos un registro absolutamente certero y confiable de todo, pero al menos hoy contamos con información que antes no teníamos. Nos basamos en dos proyecciones: una llamada Globocan y otra conocida como la Cuenta de Alto Costo. Ambas reportan cifras distintas, pero en el peor de los escenarios —el de Globocan— se estima que en Colombia hay alrededor de 120.000 casos nuevos de cáncer al año.
La Cuenta de Alto Costo, por su parte, reporta entre 63.000 y 64.000 casos nuevos, por lo que sí existen diferencias entre un informe y otro. Aun así, estamos hablando de ese orden de magnitud para un país de 50 millones de habitantes.
Los tipos de cáncer más frecuentes en Colombia varían en parte frente a lo que se reporta en el mundo occidental o en los países desarrollados. El cáncer de mama y el de próstata siguen siendo los más comunes, eso es una realidad, pero empiezan a aparecer otros cánceres dentro de los primeros lugares que no representan un problema tan grande para Norteamérica o Europa. Entre ellos están el cáncer de cérvix y el cáncer gástrico, dos realidades muy importantes para nosotros y de las que casi no se habla. Tenemos días conmemorativos del cáncer de mama, hay mucha conversación sobre cáncer de próstata y programas de diagnóstico temprano, pero poco se discute sobre la gravedad de estas otras dos enfermedades”.
¿A qué se debe esa alta prevalencia de cáncer cérvix y de estómago?
“En el caso del cáncer de cérvix, contamos con la única estrategia real de prevención: la vacunación, que es de fácil acceso y está cubierta por el plan de beneficios. Sin embargo, esta estrategia fue fuertemente satanizada a partir de información falsa. Los reportes sobre niñas convulsionando en los Montes de María ya se sabe que no tuvieron relación con la vacuna y que correspondieron más a un episodio de pánico y ansiedad generalizada, o lo que antes se denominaba histeria colectiva.
Aun así, ese episodio redujo de manera importante las coberturas de vacunación y es necesario retomarlas, no solo para prevenir el cáncer de cérvix, sino otros cánceres menos frecuentes pero igualmente graves, como los de cavidad oral, pene y ano. Esa es una realidad que debemos tener muy presente como país.
El cáncer gástrico es otro del que casi no se habla, pese a que no solo ocupa los primeros lugares en incidencia, sino también el primer lugar en mortalidad. A diferencia de otras regiones del mundo, en Colombia la principal causa de muerte por cáncer es el cáncer gástrico. Por eso es fundamental visibilizarlo. Las guías recomiendan que toda persona mayor de 35 años en Colombia, con cualquier síntoma de gastritis, debería realizarse una endoscopia. Deberíamos contar con un programa de diagnóstico temprano como el que existe en países con una realidad similar, como Japón y Corea. Esa es, en términos generales, nuestra realidad y hacia allí es donde tenemos que avanzar”.
Regresando al contexto colombiano, ¿cómo está el país en comparación con otros de la región?
“Esto habla de algo que puede resultar contraintuitivo, porque suena raro decirlo así: en los países de la región, lo que llamamos países emergentes, estamos atravesando un cambio en el perfil epidemiológico o una transición demográfica. ¿Qué significa eso? Que, a diferencia de Estados Unidos y Europa, estamos mejorando nuestra expectativa de vida.
Esos países ya llegaron hace décadas a una especie de techo, con expectativas de vida muy altas, entre los 75 y los 82 años. Nosotros apenas estamos llegando a ese punto, pero llegamos porque, entre comillas, estamos mejor: la gente vive más, ya no muere con tanta frecuencia por enfermedades infectocontagiosas y prevenibles, ni por enfermedades cardiovasculares, porque en eso lo hacemos mejor.
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El problema es que el principal factor de riesgo para desarrollar cáncer es, justamente, vivir más. Por eso se espera que hacia 2030 o 2040 nuestros países tengan el mayor incremento de casos de cáncer. No solo porque vivimos más y estamos en ese proceso de transición, sino porque también estamos adoptando patrones de vida asociados al cáncer.
Estamos aumentando de peso, hay mayor frecuencia de obesidad y el hábito tabáquico, que antes no era tan común —por ejemplo, entre las mujeres colombianas y latinoamericanas—, hoy es más frecuente. Aunque también hay que decir que, en términos globales, el consumo de cigarrillo y alcohol ha disminuido, así que no todo es negativo. Sin embargo, la suma de hábitos propios del mundo occidental y una mayor expectativa de vida hace que probablemente tengamos el pico más alto de cáncer en los próximos años”.
Hoy en día es muy común escuchar a hablar sobre medicina de precisión, especialmente en cáncer. ¿Qué es y cómo se está aplicando en el tratamiento de los diferentes tipos de esta enfermedad?
“La medicina de precisión busca administrar el mejor tratamiento posible a cada paciente. Hoy se basa en identificar alteraciones genéticas clave que permiten que el cáncer crezca y se mantenga, y que suelen ser específicas de determinados grupos de pacientes.
Un buen ejemplo es el cáncer de pulmón, que no es una sola enfermedad. A través de estudios genéticos y de secuenciación del genoma —tecnologías que hoy ya se realizan en Colombia— es posible identificar alteraciones concretas, como el del gen ALK en el cancer de pulmon. Así, dejamos de hablar de un cáncer general y pasamos a uno con nombre y apellido.
Esto permite ofrecer tratamientos altamente dirigidos, con mayores tasas de respuesta y menor toxicidad. Además, el enfoque ha evolucionado: ya no importa únicamente el órgano donde se origina el tumor, sino la alteración molecular que puede estar presente en distintos tipos de cáncer, como pulmón, melanoma o colon. A este enfoque se le conoce como terapias agnósticas.
Este tipo de tratamientos ya se está utilizando en el país y se prescribe a través del sistema de aseguramiento en salud. Gracias a la medicina de precisión, hoy es posible hablar de terapias personalizadas, diseñadas según las características genéticas de cada cáncer”.
¿Cómo ve la investigación sobre cáncer en Colombia? ¿Cuáles son los estudios a los que hay que ponerle el ojo?
“La investigación en cáncer en Colombia se ha visto afectada por la forma en que se distribuyen los recursos, lo que ha limitado en parte el desarrollo de investigación propia. Sin embargo, el país sigue teniendo un papel muy fuerte en estudios internacionales, especialmente en el desarrollo de nuevas moléculas, y en eso somos realmente sólidos.
En cuanto a los grandes avances recientes, es imposible no mencionar la medicina de precisión y de individualización, que busca identificar el mejor tratamiento para cada paciente. Otro hito fundamental ha sido la inmunoterapia, reconocida incluso con el Premio Nobel, que utiliza de manera inteligente el sistema inmune para atacar el cáncer cuando este ha fallado en reconocer el tumor.
La inmunoterapia ya es una realidad en Colombia, está cubierta por el plan de beneficios y se utiliza en distintos tipos de cáncer. Todo esto demuestra que los avances ya llegaron y que el futuro apunta cada vez más a terapias dirigidas e individualizadas, un camino que no está lejano, sino que ya estamos recorriendo”.