El comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el también especialista de misión canadiense Jeremy Hansen regresan a la Tierra este viernes, después de completar cerca de diez días en el espacio en la expedición de Artemis II.
Estos astronautas lograron un récord al convertirse en los seres humanos que más lejos han estado del planeta, entre ellos una mujer y el primer afroamericano. Ellos amerizarán a bordo de la nave Orion en el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, en California, y traerán consigo información relevante sobre la cara oculta de la Luna.
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Esta travesía ha sido rica en hitos y ha dado lugar a impresionantes y cautivantes imágenes. Sin embargo, hasta que los astronautas no estén de regreso en casa y a salvo, es demasiado pronto para hablar de éxito. Y es que la NASA ambiciona un primer alunizaje en 2028, es decir, antes del final del mandato de Donald Trump y de la fecha fijada por sus rivales chinos para caminar sobre la Luna en 2030.
No será fácil este regreso, pues estarán expuestos a condiciones extremas y a cambios en su cuerpo que ocurrirán antes, durante y después de su llegada al océano, un sitio elegido para evitar riesgos para poblaciones cercanas y ante posibles variaciones de temperatura y vientos. El agua funcionará como un amortiguador.
Pero, ¿qué ocurre durante el descenso de los tripulantes de Artemis ll?
Hay varias inquietudes que surgen en torno al descenso de la tripulación, cuyos integrantes experimentarán cambios considerables en su cuerpo. Además, su nave deberá soportar la resistencia atmosférica, la gravedad y la microgravedad.
Luis Miguel Molina Galeano explicó en conversación con EL COLOMBIANO que habrá diversos cambios en el organismo de los tripulantes durante el retorno, que incluyen el oído y el cerebro.
“El cuerpo viene totalmente desajustado, porque la microgravedad puede hacer que el cerebro funcione más lento y esté mucho más cargado. La visión se puede tornar borrosa y será difícil diferenciar arriba y abajo”, expresó.
¿A cuánta temperatura estarán expuestos?
El escudo térmico de la nave Orion permite desacelerar desde velocidades de reingreso —de 32.000 a 40.000 km por hora— hasta aproximadamente 560 km por hora, a unos 7.300 metros de altura.
“Ellos no sienten calor; la temperatura dentro de la nave es controlada, pero afuera puede alcanzar hasta 1.500 grados centígrados durante el reingreso a la atmósfera. Sin embargo, podrían estar expuestos a estrés mental al saber lo que está ocurriendo en el exterior”, añadió.
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La nave estaría moviéndose más o menos a 40.000 km por hora y tendría que hacer un “frenón” muy grande, pues debe reducir su velocidad a aproximadamente 27.000 km/h para entrar en órbita alrededor de la Tierra. “Ellos deben disminuir la velocidad para estar en órbita y que la gravedad de la Tierra los atrape”, afirmó Luis Miguel.
El sistema de paracaídas es uno de los más importantes de la nave espacial. Reduce la velocidad del vehículo desde aproximadamente 560 km por hora hasta los 27 km/h, lo que permite un amerizaje suave en el océano Pacífico.
El sistema incluye cuatro tipos de paracaídas, con un total de once, comenzando con el de la cubierta. Este, fabricado completamente en Kevlar y con un diámetro aproximado de dos metros, retira la cubierta para liberar el resto del equipo. Luego hay dos paracaídas de frenado, de unos siete metros de diámetro cada uno, que estabilizan y desaceleran la nave desde los 560 km/h hasta unos 240 km/h.
Con información de AFP*