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Sobre palabras disparatadas

Y es que en esto de la política mundial se practica la posverdad como un desboque de caballos asustados llevando a que, como decía Hanna Arendt, ya la gente no crea en nada.

hace 2 minutos
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación Mentira tras mentira, a la que llegan los que gritan y amenazan poniendo mala cara, los que convierten dioses en socios y legitiman destrucciones, los que hablan y usan la gramática como un Rocinante buscando yeguas, los que señalan al que pregunta y lo insultan (y con el insulto evaden la respuesta), los que no tiemblan al mentir y dan datos que no son más que imaginaciones, los que hablan de los que sobran y se olvidan que ellos también son un sobrante, los que antes de responder se señalan como víctimas y hasta lagrimean, los que repiten el mismo guion interpretando distintos ofusques, los que oyen lo sucio que les llega y se limpian la cara mientras parpadean, los que sueltan una palabra y la mueven como si fuera una culebra (repetición desbordada), los que antes de responder mueven la boca y pareciera que por entre los dientes fueran a disparar un misil, los que opinan usando las palabras inadecuadas pero reafirmándolas, en fin , a la estación llegan gente de ojos enrojecidos, lengua pesada, orejas largas, talismanes en el pecho, unturas sobre las arrugas y caras que podrían verse mejores si las tallaran en un coco.

Y es que en esto de la política mundial (que por serlo tiene crías en todas partes) se practica la posverdad como un desboque de caballos asustados llevando a que, como decía Hanna Arendt, ya la gente no crea en nada (siempre y cuando no se haga parte de una secta) y solo espere para ver qué pasa, viviendo al día y escupiendo a manera de opinión. Y si pasa algo, ya se sabe que la mitad o más de la argumentación sobre los acontecimientos tiende a ser no cierta y entonces, eso que pasó, hay que dejarlo en el primer dato y no seguir buscando en vano. Claro que los ansiosos tragan más y, como ya se supone, la ansiedad es también una adicción. Basta mirar caras en la calle.

La suma de mentiras a la que hoy se asiste y lleva a creer a muchos que están asistiendo al circo romano, convirtió a la verdad en sospechosa de engaño. Y esta megamentiridad (valga la palabra) se mueve por los medios informativos y los muta lentamente, por las redes que todo lo distorsionan, por los tóxicos de oficio, y hace de las suyas en los gobiernos que tienen como estrategia la palabrería y la magnificación de lo minúsculo. Y ahí vamos, entre Pinochos que ponen de moda su nariz creciente, pues quien más miente parece ser el que llega más alto y ahí, acolitado por los hombres sí, se vuelve inmune a toda ley.

Acotación: toda mentira es un disparate, pues niega lo que es. Y en la negación de la evidencia, la sociedad se rompe (su lazo es la confianza), el ir más allá es confuso y cualquier palabra se contagia de destrucción.

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