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Cuando Andrés, de 4 años, no quería comer la mama le decía: Si no come, le doy con la chancla. En una ocasión le preguntó qué quería de almuerzo y le contestó: Chancla.
Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com
Mi hijo de 6 años tenía reunión de padres de familia y la profe le preguntó que ella cómo reconocía a su papá. La respuesta fue: Es el señor que tiene unos circulitos en la cabeza (su papá es crespo).
Mi esposo le mostró a nuestro hijo Harry, de 5 años, una foto suya de cuando tenía 16 años y le preguntó si sabía de quién se trataba. “¡Soy yo cuando sea más grande!”. (Revista Selecciones).
En tercero de primaria, en la Escuela Céspedes, de Belén, me gané el premio el Dia del Maestro, con esta joya poética: “Y empezábamos las clases pidiéndole al Padre Nuestro que nos hiciera saber lo grande que es un maestro”.
David Camacho, conocido como David da Vinci por su admiración por Leonardo, tiene 10 años y un coeficiente intelectual de 162: “No soy un niño genio. Soy un niño que se quiere comer el mundo”, aclara.
Aleja, de siete años, habla con su padre:
• Papá, yo leo la mente, los pensamientos.
• Dime entonces qué estoy pensando en este momento.
• Estás pensando en qué es lo que te voy a decir.
La madre le cuenta a su hija Simona, de 11 años, que ha tenido discusiones con su mejor amiga. “Mami, no me cuentes más. No soy tu terapeuta”
Mi pasión por el ajedrez fue tan grande desde un principio que cuando los demás niños echaban la siesta, yo, que odiaba dormir, jugaba al ajedrez, y eso me convertía en la persona más feliz del mundo”. (Sindarov, retador del campeón mundial de ajedrez, a los cuatro años).
Primer recuerdo de niño de Armando Romero, escritor nadaista: Estoy sentado en una pequeña mesa de comedor y juegos. Mi madre ha servido el almuerzo y nos enseña a comer con tenedor y cuchillo. Tengo 3 años.
Cuando Andrés, de 4 años, no quería comer la mama le decía: Si no come, le doy con la chancla. En una ocasión le preguntó qué quería de almuerzo y le contestó: Chancla.
Julio recuerda la pregunta que de niño le hizo a su padre en el edificio del Palacio Nacional de Medellín donde él trabajaba: “Papá, ¿por qué la gente de los ascensores no es la misma?”.
En mi familia nos criamos en una pequeña finca en Jardín donde siempre hubo vacas. Alguna vez, mi mamá estaba ordeñando acompañada de mi hermana Olga, de 4 años. De pronto, Olga le preguntó: Mamá, ¿por que la vaca no tiene calzones?
El niño Samuel dejó escrito este relato en un pabellón de la reciente Fiesta del Libro realizada en predios de la Biblioteca Piloto: “Un libro estava en la biblioteca y un niño lo iba a cojer y el libro cobró vida y se llevó las letras y quedó un libro misterioso” (sic).