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Noticia de un reportero

Coqueteó con la muerte. Operado de cáncer de riñón que un médico confundió inicialmente con un tumor, convirtió la UCI en hábitat.

hace 1 hora
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  • Noticia de un reportero

Por Óscar Domínguez Giraldo - oscardominguezg@outlook.com

Medellín, sep. 6 (Gladiolos Press).- El reportero Juan Guillermo Ríos Rendón, hijo de Cecilia, lavandera, y de Antonio, pintor de brocha gorda , murió hoy domingo en la misma ciudad que lo vio berrear por primera vez. Tenía 74 abriles. Partió después de haber convertido su vida en novela.

Enriqueció la secta de los que vivieron muchas vidas. Estuvo en el famoso túnel. Pidió limosna y aguantó hambre. En su juventud cantó baladas. No le paró bolas a una gaguera que lo acompañó siempre.

Fue patinador en el Banco Popular en Medellín, donde vestía mejor que el gerente. Allí trabajó con alma, corazón, vida y sombrero. Igual actitud asumió en toda su vida laboral. Fue su receta para triunfar. Tenía el palito para meterse al prójimo al bolsillo.

Antes de ser fichado por Caracol-Bogotá, en 1968 trabajaba en Radio Quince, de Medellín. Molió cuartillas para el noticiero Clarín de Miguel Zapata Restrepo. Con una mano atrás y otra adelante llegó a la fría Bogotá un seis de agosto. Al día siguiente, por orden de su director, Timoleón Gómez Pachón, estaba cubriendo la posesión del presidente Misael Pastrana. Don Timo lo puso a cubrir dos “miuras” informativos: Palacio y Congreso. Allí lo conocí. Y padecí, porque esas eran mis fuentes en Todelar. Ríos me chivió, nos chiviaba sin piedad.

Los cacaos se lo disputaban para darle noticias. Presidentes como Belisario y López Michelsen le coqueteaban. Belisario le pidió que fuera mediador de paz. Ríos sentó en la mesa de comedor de su casa a la gente del M-19, la misma que lo secuestró. Su gestión no prosperó pero le generó atentado y la animadversión de los dueños del poder económico que lo asfixiaron quitándole la escalera de la publicidad cuando estaba al frente de su noticiero de televisión. López Michelsen, de quien Ríos era la ñaña, lo nombró diplomático.

Coqueteó con la muerte. Operado de cáncer de riñón que un médico confundió inicialmente con un tumor, convirtió la UCI en hábitat. Perdió el bazo, un riñón, parte del estómago. También perdió las vocales y consonantes. Su hija le volvió a enseñar a leer. Ríos subía como palma y caía como coco. Se le subieron los humos. La vida le notificó que por ahí no era la cosa. Rectificó. Aprendió que en las dificultades fuera de la familia no hay salvación.

Sabía que un reportero de élite como él no puede tener mala suerte ni carecer de fuentes. También tenía claro que el periodista escribe el primer borrador de la historia. Tal vez en estas convicciones está el origen del epitafio que a su muerte recordó su hijo y biógrafo Andrés: “Aquí yace Juan Guillermo Ríos. Profesión, reportero”.

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