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El sentido de realidad

En esta elección no basta con votar por quien nos gusta, hay que votar con pragmatismo, por quien puede ganar y salvar a Colombia.

hace 14 minutos
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  • El sentido de realidad

Por María Clara Posada Caicedo - @MaclaPosada

La política no es un concurso de simpatías, una competencia de pureza ideológica, ni un ejercicio de romanticismo electoral. La política, sobre todo en momentos de riesgo institucional, es cálculo democrático, lectura de coyuntura, comprensión del adversario y prospectiva de escenarios posibles. El llamado voto útil no debe entenderse como una traición a las convicciones ni a los afectos, sino como la decisión madura de proteger un propósito superior: Evitar que el populismo siga profundizando un modelo de confrontación, improvisación y deterioro institucional.

Muchos creen que las campañas funcionan a partir de impulsos espontáneos, que las peleas aparecen porque sí, que los trinos son emocionales y que ciertas polémicas o acusaciones nacen de la casualidad. En política casi nada es ingenuo, cada movimiento busca producir efectos, cada ataque pretende instalar percepciones y cada estrategia intenta moldear el escenario más favorable para determinado candidato. Por eso resulta importante que el ciudadano observe esta elección con serenidad. Cuando la emoción domina, la capacidad de leer el tablero desaparece, y hoy ese tablero importa, porque lo que está en juego no es solo un gobierno, sino el modelo institucional de Colombia, la estabilidad de nuestras familias, las posibilidades de progreso, empleo y convivencia democrática.

La izquierda entendió hace tiempo algo fundamental, no exponer demasiado a su candidato, mantenerlo lejos del desgaste y alejarlo del debate intenso mientras otros se destruyen entre sí. La estrategia es evidente. Mostrar una figura tranquila, moderada, inofensiva, distante del conflicto político cotidiano. Detrás de esa apariencia existe un proyecto de poder calculado que no descansa. Por eso el elector tiene que hacerse preguntas incómodas pero necesarias. ¿Quién tiene más posibilidades de ganar una segunda vuelta? ¿Quién logra convocar sectores distintos? ¿Quién produce menos rechazo en el votante moderado? ¿Quién le entrega menos herramientas de satanización al adversario? ¿Quién resiste mejor una campaña de demolición política y mediática durante esos veinte días definitivos?

No estamos enfrentando un adversario convencional, sino un gobierno que ha demostrado que no reconoce límites políticos ni morales cuando se trata de conservar el poder. Un gobierno que necesita continuidad por razones ideológicas y supervivencia. Un gobierno que sabe que un sucesor independiente podría terminar destapando cosas hoy ocultas bajo el ruido mediático. Sin descanso, intentan inducir el escenario que les conviene, promueven al rival vulnerable, al que aleja al voto posible -no al voto duro-, saben que la elección no se definirá en los extremos.

La gran batalla estará en el centro, allí donde millones de colombianos decidirán quién les genera confianza, tranquilidad y mejor percepción de su capacidad para gobernar. La candidata que necesita Colombia es aquella capaz de unir a la derecha sin asustar al centro, la que pueda ganar en segunda vuelta, ampliando la coalición democrática para derrotar al populismo en las urnas.

Lo invito a pensar con calma, a evaluar sin rabia ni vanidad, cuando se mire el tablero completo, muchos llegarán a la misma conclusión. No basta votar por quien nos gusta, hay que votar con pragmatismo, por quien puede ganar y salvar a Colombia, porque, decía Isaiah Berlin, el atributo más importante de la política es el sentido de realidad.

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