Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8
La opinión parece desentenderse de la gravedad de la deuda pública que deja el gobierno de Gustavo Petro.
Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co
En tanto la situación política se calienta por la exacerbación que se generaliza en las elecciones presidenciales, la opinión pública parece desentenderse de la gravedad que adquiere la situación de la deuda pública que deja el gobierno de Gustavo Petro. Apostadores, políticos y costureros se entretienen interpretando encuestas, la mayoría discutidas, que dan para las más extrañas especulaciones y que asustan a muchos, por la posibilidad de que el señor Cepeda –de rígida formación marxista, lo que conduciría a que Colombia cambiara de modelo en lo político y económico– sea finalmente elegido, dada la torpeza de los candidatos de centro derecha. Estos se trituran a dentelladas y se solazan en sátiras y recriminaciones, similares no solo a la de los actores del siglo XIX, que cosechó diez grandes guerras civiles, sino a las contiendas entre conservadores y liberales en los años 40 y 50 del siglo XX.
Según constata ANIF, el endeudamiento es el más alto desde la llamada Guerra de los Mil días, en la cual Colombia hizo el doloroso tránsito del siglo XIX al XX. Luego de aquel conflicto, que dejó miles de muertos y un país con el alma rota, la nación se sorprendió con la triste evidencia de que su deuda era el 85% del PIB, en medio de una inflación galopante. Vuelve Colombia, luego de 127 años, a tener una situación similar, causada por el actual gobierno populista, derrochón e irresponsable en el manejo de las finanzas públicas. Por simple matemática elemental de Bruño, en este 2026, si se repartiera esa deuda entre los 50 millones de colombianos, le correspondería a cada uno cargar con 20 millones de pesos.
Si se compara esa cifra con la deuda por habitante 35 años atrás -1991- la responsabilidad de cada colombiano era de apenas dos millones de pesos. O sea que en un poco más de tres décadas, la carga sobre el bolsillo de cada ciudadano se ha multiplicado por diez, consecuencia, en buena parte, del despilfarro en el gasto público y la ineficiencia de la recaudación tributaria, en tanto los ingresos para solventarlo se quedaron atrás. Gráficamente estos subieron por escalera, mientras el gasto lo hizo por ascensor.
Confirma la Cepal que Colombia es el país latinoamericano con mayor deterioro fiscal. El gobierno se ha brincado la regla fiscal al activar la llamada cláusula de escape para poder gastar más. El déficit primario del año pasado llegó al 3.5% del PIB y el déficit total fue del 6.4%. Para este año, tal como van las cosas, el Comité de la Regla Fiscal calcula que el déficit primario será del 3.7%, y de no hacer la tarea completa de austeridad, la deuda podrá llegar en el 2030 a constituir el 65.3% del PIB, hecho que nos lanzaría a un default, cese de pagos, con las consabidas deshonras y sanciones de los organismos de crédito internacionales. Desde la Casa de Nariño se responde a todas estas alarmas y denuncias sobre el errático manejo de los dineros aportados por el contribuyente al Estado, con una indiferencia que avergüenza.