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Vivimos en un país donde gobernar se ha convertido en sucesión de eslóganes. Los datos están encima de la mesa. Las recomendaciones técnicas, firmadas.
Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que existe una probabilidad cercana al 90% de que El Niño se mantenga consolidado durante el resto de 2026. El Niño es, en otras palabras, prácticamente una certeza estadística. Y los pronósticos coinciden en algo aún más inquietante: el escenario contempla, con una probabilidad de uno en cuatro, el más intenso en al menos una década.
XM, operador del Sistema Interconectado Nacional, fue tajante: los embalses deben superar el 80% de capacidad agregada al inicio del verano para evitar riesgos sobre la atención de la demanda. Hoy están en el 60%. De los 4,475 megavatios proyectados para entrar en operación en 2026, al cierre de abril sólo había ingresado el 6,5%. Y como recuerda el exministro Amylkar Acosta, de los 23 embalses que alimentan el sistema, únicamente El Peñol, en Antioquia, tiene capacidad de regulación superior a un año; el resto no pasa de cuatro meses. Una sequía prolongada, en sus palabras, sencillamente nos apaga.
¿Y en el bolsillo del ciudadano? Las estimaciones de Óptima Consultores son contundentes: el precio en bolsa, hoy por debajo de los 300 pesos, podría dispararse hasta los 900. El Banco de Bogotá calcula, con base en cifras del Ministerio de Hacienda, que la inflación de 2026 podría subir 0,3 puntos porcentuales adicionales y el crecimiento caería 0,1 puntos. El Banco de la República, por su parte, advierte presiones adicionales sobre los precios del gas, los fertilizantes y los combustibles. La historia, por si los pronósticos no bastan, es diciente: durante El Niño de 1997-1998 la inflación total pasó de 18,6% a 20,7% y la de alimentos se disparó de 15% a 29,7%; en el episodio 2014-2016 la general escaló de 3,3% a 7,9% y la de alimentos de 4,7% a 14,9%. Y ya en enero el Dane registró un alza interanual de 48,25% en el café y derivados, con una producción nacional que cayó 34% por los rezagos del verano pasado.
Estos fenómenos se pueden gestionar, pero puede que sea demasiado tarde. El retraso de proyectos ha mermado la energía requerida para atender una demanda cada vez mas creciente, especialmente en la costa atlántica. El matoneo a los combustibles fósiles, particularmetne al carbón, ha impedido la entrada de proyectos nuevos con estas tecnologías. Y la absurda política de gas natural de este gobierno ha dejado al país descubierto de energía limpia para cubrir el Niño.
Vivimos en un país donde gobernar se ha convertido en una sucesión de eslóganes. Los datos están encima de la mesa. Las recomendaciones técnicas, firmadas. Las advertencias, emitidas por las autoridades meteorológicas más serias del planeta. Si llega el apagón en el primer trimestre de 2027, si la inflación de alimentos vuelve a golpear al colombiano de a pie y si no hay suficiente energía, nadie podrá hablar de cisne negro. Será, simplemente, el resultado de una decisión política: la de mirar hacia otro lado mientras el verano se escribía solo, mes a mes, en los modelos del Pacífico ecuatorial.