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Todos somos inmigrantes en este planeta

hace 2 horas
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  • Todos somos inmigrantes en este planeta
  • Todos somos inmigrantes en este planeta

Por Juan Camilo Quintero - @JuanCQuinteroM

Hay conversaciones que, sin pretenderlo, le mueven a uno el piso. Hace poco, hablando con un canadiense acerca de la visión de su país sobre los inmigrantes, terminé escuchando una idea simple pero poderosa: “en Canadá son abiertos con los inmigrantes porque, en el fondo, todos lo somos”. Un país construido por descendientes de ingleses y franceses, sobre un territorio habitado originalmente por los First Nations (indígenas originarios), que decidió asumir su historia sin negarla. El resultado no es perfecto, pero sí tiene una base ética interesante: quien llega, cumple reglas y se integra, es tratado como un compatriota más.

Esta visión trasciende lo político, económico y toca lo humano. Nos recuerda que la identidad no es un punto fijo, sino un proceso adaptativo. Que las fronteras son acuerdos temporales, mientras que la condición humana es compartida. Y ahí es donde la conversación se vuelve profunda: ¿y si, más allá de los países, todos fuéramos inmigrantes?

Si uno lo piensa bien, la vida misma es un tránsito. Llegamos sin pedirlo, nos adaptamos como podemos, construimos relaciones, dejamos huella y, en algún momento, nos vamos. No somos dueños de este lugar; somos pasajeros. Habitamos un tiempo limitado en esta “obra de teatro” que es la vida, donde cada uno decide qué papel interpretar. Algunos eligen operar desde el miedo: levantar barreras, agredir, marcar diferencias, desconfiar del otro. Otros optan por la apertura: entender, integrar, construir, amar. Y aunque suene filosófico, esas decisiones terminan definiendo no solo la calidad de nuestras sociedades, sino el sentido mismo de nuestra existencia.

La inmigración, vista de esa manera, deja de ser un problema exclusivamente económico o de seguridad —aunque esos temas sean reales y deban gestionarse— y se convierte en un espejo. Nos obliga a preguntarnos quiénes somos y cómo queremos convivir individual y como sociedad.

Hay algo profundamente inspirador en la idea de que todos somos, en esencia, inmigrantes de paso. Que venimos “de algún lugar” y vamos “hacia algún lugar”, y que en ese intermedio le vamos dando significado a nuestra existencia. Bajo esa lógica, el otro deja de ser una amenaza y se convierte en un reflejo: alguien que, como uno, está intentando encontrar su lugar. Creo firmemente que todos estamos conectados y los paradigmas y las formas nos dividen

Quizás la gran pregunta no es cuántos inmigrantes puede recibir un país, sino qué tipo de sociedad quiere ser frente a ellos y como ellos deben comportarse. Es claro que quienes llegan a delinquir, a generar miedo, deben ser tratados como delincuentes sin lugar a duda.

Porque al final, cuando se baje el telón, no nos van a evaluar por el lugar donde nacimos, sino por el papel que decidimos interpretar. La inmigración vista desde las fronteras o supremacías de uno u otro país es una mirada unidimensional en un mundo interconectado en sus posibilidades y retos estructurales. Preparémonos para movimientos de migración importante gracias a la dinámica geopolítica.

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