Pico y Placa Medellín

viernes

2 y 8 

2 y 8

Pico y Placa Medellín

jueves

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

miercoles

4 y 6 

4 y 6

Pico y Placa Medellín

martes

0 y 3  

0 y 3

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

1 y 7  

1 y 7

David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

El horror absoluto

Los detalles minuciosos de la investigación son desgarradores. La mayoría de los niños murieron en ataques aéreos con explosivos.

hace 1 hora
bookmark
  • El horror absoluto

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

Las cifras que dejan los conflictos -y principalmente aquellas con varios dígitos- ocultan en su frialdad el horror del sufrimiento. El terror absoluto de la muerte sistemática se esconde en números que, por abstractos, son incapaces de reflejar la barbaridad de lo que pretenden demostrar. Las guerras que en este momento explotan en el globo nos dejan centenares de miles de asesinatos que las noticias ya no pueden radiografiar. De todas ellas, sin lugar a dudas, la más brutal -por desidia, por complicidad, por cinismo- es la que arrasa la Franja de Gaza. La que pretende aniquilar a Palestina. Una comisión de investigación de la ONU, en un informe durísimo contra el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu, acaba de confirmar lo que define como genocidio, y demuestra la forma en la cual los niños palestinos han sido atacados y asesinados deliberadamente. Entre octubre de 2023 (cuando inició este episodio con el ataque terrorista de Hamás) hasta octubre de 2025, 20 mil niños palestinos murieron y otros 44 mil resultaron heridos. 20.000 y 44.000. La lista de sus nombres sería kilométrica. Sus cuerpos son cerca de un tercio de todos los muertos de ese conflicto.

Los detalles minuciosos de la investigación son desgarradores. La mayoría de los niños murieron en ataques aéreos con explosivos. Otros miles murieron por disparos de drones y de francotiradores. “Los expertos afirmaron que las pruebas reunidas revelan un patrón de conducta destinado a destruir la continuidad biológica y el futuro de la población palestina en Gaza”, dice el informe. No cabe en la cabeza de nadie tanta demencia. Tanta maldad.

Hace ya mucho tiempo que el gobierno de Benjamín Netanyahu y sus ministros dejaron de asumir la responsabilidad de su brutalidad. La Corte Penal Internacional ordenó el arresto del primer ministro israelí por crímenes de guerra y de lesa humanidad. Pero él, sonriente, se pavonea por los recintos de la política mundial. No solo no se avergüenza de sus órdenes asesinas. Se jacta de ellas. Su gabinete es aún peor. Quizá el más despreciable de todos es el jefe de la cartera de Seguridad, Itamar Ben Gvir, un sujeto que lleva en su solapa un broche de una horca con el que dice querer recordarles la pena de muerte a todos los palestinos. En su cumpleaños su torta fue también una soga con el nudo fatal. Él celebra sus macabras ocurrencias. Su nueva obsesión es el Líbano, lo que le ha generado reprimendas incluso del gobierno de Donald Trump. Pero él acelera. Es cada vez más radical. “Por cada lágrima israelí, mil madres libanesas deben llorar. ¡Todo el Líbano debe arder!”, tuiteó la semana pasada.

La burbuja de excepcionalidad y locura, de venganza y sangre, en la que ha vivido Israel en los últimos tres años, borró todo límite de humanidad de su gobierno. Las cifras apenas pueden enseñarnos las estadísticas de un dolor incomprensible. Filas interminables de cadáveres de niños. ¿Qué otra imagen puede ser más desgarradora?

Sigue leyendo

David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD