Pico y Placa Medellín
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Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.
Por Diego Fernando Gómez - opinion@elcolombiano.com.co
Las ciudades son la expresión de lo que saben hacer y la forma como se organizan para lograrlo. Cuando lo que sabían pierde vigencia o competitividad, la ciudad declina inexorablemente y son comunes crisis de crimen, violencia y emigración. Esto ha sucedido cientos de veces en la historia y seguirá sucediendo. Solo las ciudades que han podido reinventarse han permanecido como hábitats atractivos y vitalizantes.
Medellín tiene el reto de seguir aprendiendo. La Universidad de Harvard desarrolló Metroverse, que permite, utilizando analítica de datos, establecer el conjunto de ciudades que son similares y de las cuales debería derivar aprendizajes claves para continuar su transformación (ver gráfica). Medellín se registra en estos indicadores con 15.500 dólares de ingreso per capita por año. El grupo de ciudades de referencia supera los 45.000.
En este análisis de aprendizajes sobre Metroverse, con base en IA, se encuentra que Medellín podría obtener más valor si profundiza sus avances en innovación como una forma de organizar territorio, instituciones, empresas y vida urbana, y no solo como un ecosistema de emprendimiento. El primer aprendizaje es territorializar mejor la innovación: Barcelona y Milán muestran que los distritos más fértiles combinan investigación, empresas, vivienda, espacio público y servicios cotidianos en una misma pieza urbana. El segundo es construir una gobernanza federada, donde universidades, hospitales, empresas y sector público colaboren alrededor de retos compartidos.
Un tercer aprendizaje consiste en vincular innovación con clima, equidad y calidad de vida urbana. Vancouver y Minneapolis muestran que la agenda climática funciona mejor cuando se conecta con transporte, edificios, infraestructura, salud e inclusión territorial. En esa línea, el cuarto aprendizaje sería tratar la transición verde como política productiva, no solo ambiental: Portland ha construido una narrativa donde las industrias verdes, la financiación comunitaria y el empleo forman parte de una misma estrategia económica. Para Medellín, esto podría traducirse en articular transición energética, movilidad limpia, adaptación y nuevos negocios con mayor densidad institucional.
El quinto aprendizaje es hacer apuestas sectoriales selectivas y acumulativas. Phoenix y Filadelfia sugieren que no basta con promover innovación de forma general: conviene construir profundidad en algunos complejos productivos, como ciencias de la vida, manufactura avanzada o tecnologías urbanas. El sexto aprendizaje es crear instrumentos de comercialización, coinversión temprana y validación para convertir conocimiento en mercado. Filadelfia, por ejemplo, combina apoyo a industrias priorizadas con programas específicos para life sciences, mientras Phoenix fortalece su Bioscience Core como nodo de investigación, talento y atracción empresarial. Medellín podría avanzar más si focaliza mejor algunas verticales y las acompaña con instrumentos especializados.
El séptimo aprendizaje es no olvidar la base empresarial de barrio. Chicago y Filadelfia muestran que el desarrollo económico urbano también depende de corredores comerciales, asistencia local, capital pequeño y mejora del espacio público. El octavo es usar datos y digitalización como infraestructura de ejecución, no solo como vitrina tecnológica: Dallas y Vancouver entienden la ciudad inteligente como una intersección entre comunidad, tecnología, gobierno y economía digital. El noveno aprendizaje es integrar competitividad con planeación de largo plazo, enlazando uso del suelo, movilidad, clima y centralidades; allí Vancouver y Chicago ofrecen referentes interesantes.
El décimo aprendizaje es pensar Medellín en clave metropolitana, regenerativa y resiliente. Dallas muestra el valor de las alianzas regionales; Phoenix recuerda que la competitividad depende también de gestionar restricciones físicas como agua e infraestructura; y Vancouver insiste en que adaptación y mitigación deben estar incorporadas en la planeación urbana.
En conjunto, estas ciudades sugieren una ruta para Medellín: menos dispersión programática, más foco sectorial; menos innovación aislada, más integración entre distrito, barrios, clima, datos, movilidad y región. Esa combinación podría contribuir a que la ciudad no solo sea innovadora en reputación, sino también en estructura económica y funcionamiento urbano.
Ingeniero y economista con doctorado en Ingeniería, y doctorando en Historia Empresarial en la Universidad Autónoma de Barcelona. Director de ECSIM y profesor en varias universidades, ha liderado proyectos nacionales e internacionales —públicos y privados— sobre innovación, desarrollo económico y sostenibilidad. Para él, referente en pensamiento empresarial y prospectiva territorial, las ciudades nacen en lo local, pero su destino es el mundo. Solo al abrirse y conectarse logran desplegar su verdadero potencial y construir bienestar duradero.