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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

Terraplanismo político

hace 45 minutos
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  • Terraplanismo político
  • Terraplanismo político

Por David E. Santos Gómez - davidsantos82@hotmail.com

En la noche del viernes, cuando los astronautas de Artemis 2 regresaron a la tierra en la cápsula Orión, después de su exitoso viaje a la Luna, las redes sociales se llenaron de mensajes expectantes, de emoción y de orgullo, por el inmenso logro científico. La misión de diez días estuvo acompañada por una documentación minuciosa de los tres hombres y la mujer que se acercaron al satélite y que narraron la odisea espacial con videos, fotos y audios. Ante las muestras irrefutables de la travesía no cabía más que el aplauso. O eso pensaría uno. Hasta que saltaron ágiles los conspiranoicos. Los terraplanistas.

No hay prueba que sea suficiente para convencerlos. El arraigo de su emocionalidad anticientífica es de tal calado que a todo argumento le interponen una duda. A toda verdad, una refutación. Los terraplanistas invierten la carga de la prueba y antes que demostrar sus locuras pretenden que los demás las desmientan.

Ese comportamiento desvinculado de la realidad es, por desgracia, una característica frecuente en una sociedad que, paradójicamente, tiene el mayor acceso a la información en la historia de la humanidad. Hoy hace falta un clic para obtener datos que antes costaban el esfuerzo de una vida entera. Ante la aparición de una duda cualquiera con un celular puede hallar la respuesta en pocos segundos. Sin embargo, la verdad, en medio de burbujas digitales y algoritmos que corroboran nuestros sesgos, dejó de ser un valor predominante en los debates. La conversación gira con frecuencia en el ámbito de la ratificación de las posturas propias. No hablamos para intercambiar ideas. Por el contrario, disparamos nuestras opiniones con el único objetivo de ratificarlas.

Y ante el desprecio de la verdad nos encontramos con pavorosa frecuencia un personaje detestable: el terraplanista político. Su vinculación y adoración por un líder, presidente o candidato, senador o alcalde, lo nubla hasta la ceguera. Ante las muestras irrefutables de las fallas de su caudillo, el alucinado lo justifica todo. Porque siempre, para él, las noticias son un montaje o una declaración falsa o una noticia salida de contexto. No hay escándalo suficiente -de corrupción, de clientelismo, de robo, de favorecimientos ilegales a sus compinches- que lo obligue a reflexionar y a cambiar de parecer. Ahí están los documentos y los audios y las fotografías y los videos que exponen el desvarío del cacique, pero sus acólitos lo niegan todo. Tienen una incapacidad absoluta para pensar de forma crítica. El mayor reconocimiento que pueden hacer ante lo evidente es insistir que en el otro lado también lo hacen. El otro es peor. La justificación falaz.

Son iguales que aquellos que se niegan a festejar el regreso a la Luna y se resisten a creer que nuestro planeta es esférico. Son esos sujetos insufribles e insoportables para los que la discusión política no tiene sentido e interpretan la democracia desde sus adoraciones y sus odios irreflexivos.

Esos, para nuestra desgracia, hoy abundan.

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David E. Santos Gómez

Doctor en Ciencias Sociales, Magister en Estudios Humanísticos y Periodista. Es columnista semanal de El Colombiano y profesor en Eafit de temas relacionados con la historia contemporánea, la geopolítica y el periodismo.

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