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Por Carlos Enrique Cavelier - opinion@elcolombiano.com.co
Llevamos ya casi 200 años de la fuga de Bolívar en “aquella noche septembrina” en que saltó por la ventana del Palacio de San Carlos evitando su atentado. Indudablemente el recuento de valor del Libertador es novelesco.
Fue la primera señal de una gran disputa, aunque el 20 de Julio de 1810 mismo había surgido la primera diferencia entre centralistas y federalistas; luego vino el asesinato de Sucre en Berruecos, en 1830. Y de ahí todas las luchas intestinas del siglo 19 entre liberales y conservadores con interminables guerras civiles. Murió Obando en combate, fundador del partido liberal; el general Uribe Uribe murió asesinado frente al Capitolio. Y unas cuadras más allá del mismo lado de la acera 34 años más tarde, murió Gaitán de igual forma.
Hubo la paz luego de la Guerra de los Mil días a pesar del asesinato de Rafael Uribe Uribe; más tarde se engendraría La Violencia cuya cúspide llegó en los años 50s.
Para luego entrar a la guerra contra la Guerrilla de las Farc; entre tanto irrumpieron el M-19 y Pablo Escobar y la guerra contra el narcotráfico, y el decimamiento de la UP. Finalmente la disputa entre Uribe y Santos, y ahora la de la campaña.
Esta es una descripción que no toma partido a pesar de que algunos lo vean así. Pero como puede un país así avanzar en todos los retos que tiene: un control territorial que permita la paz regional, una revolución agrícola que produzca el tercio de ingresos faltantes de los campesinos para promediar el promedio Colombiano, un sistema educativo que levanta su calidad con cierta velocidad.
Pero los líderes parecen necesitarse los unos a otros para avanzar; la controversia les permite agrupar a los suyos contra el otro.
Me cuesta trabajo mientras no haya ese seudo consenso que avancemos hacia un “Gran País” como lo decía Malcolm Deas. ¿Será que Iván Cepeda cree de verdad en la Conversación Nacional? ¿Será que si gana la quiere implantar para los objetivos propuestos arriba? ¿Y será su aparente contendora parte de participar en ella? ¿Podríamos confiar en Paloma?, ella lo afirma positivamente. Mientras tanto la revolución genética de la que debemos ser parte por nuestra riqueza biológica; el impacto de la inteligencia artificial y sus innombrables variantes en nuestro rico universo de interés por los sistemas entre nuestra amplia juventud; nuestra inherente capacidad de emprendimiento. ¿Y de ellos que? ¿Quién se ocupa en serio, institutional y presupuestalmente de aprovechar esas riquezas incluido nuestro fértil y desaprovechado campo lleno de campesinos pobres a los que no les llega una vía, un crédito, una forma nueva de cultivar esa tierra valiosa que se les ha entregado como parte del acuerdo de paz? ¿Quién se ocupa de que el 1.5% del PIB se designe a investigación y desarrollo productivos, se invierta adecuadamente y llegar a la par de Brasil por lo menos?
Es tiempo de un alto en el camino para encontrar confluencias entre nuestras divisiones, gane quien gane. Lo curioso es que el primero que las ha visto y nombrado es Juan Daniel Oviedo, el vice revelación de Paloma y de toda esta campaña; se le debería otorgar pases para esos puentes para avanzar en esta ‘paz del futuro’.