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Por Adriana Senior - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

¿Las mujeres votamos por otras mujeres?

hace 2 horas
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  • ¿Las mujeres votamos por otras mujeres?

Por Adriana Senior - Comunicaciones.wic@womeninconnection.co

Cada vez que Colombia entra en un ciclo electoral reaparece una pregunta incómoda pero necesaria: ¿las mujeres votamos por otras mujeres? La respuesta no es automática. Entender por qué ocurre es clave si de verdad queremos transformar la forma en que se ejerce el liderazgo en el país.

Colombia sigue siendo, en muchos sentidos, un país que históricamente ha visto al hombre como el llamado natural a gobernar. Persiste la idea —explícita o silenciosa— de que el liderazgo masculino es más fuerte, confiable o eficaz. Esa mirada cultural pesa, no solo en quiénes se lanzan, sino en a quiénes se apoya, se valida y se respalda.

El tarjetón de la consulta del 8 de marzo refleja con claridad esa realidad: dieciséis nombres, de los cuales solo cuatro son mujeres, es decir, apenas el 25 %. Doce hombres frente a cuatro mujeres. Los hombres siguen siendo quienes, en mayor número, dan el paso y ocupan el escenario político. Este dato obliga a una pregunta de fondo: ¿qué tan dispuestos estamos, como sociedad, a respaldar liderazgos femeninos reales?

Desde mi experiencia en comunidades de liderazgo femenino —espacios que promueven la equidad de género y la visibilidad de la mujer en escenarios de decisión— he visto cómo el respaldo colectivo transforma trayectorias. Pero donde más lo he comprobado es en el campo colombiano. Cuando una mujer rural se convierte en agroempresaria, algo cambia de fondo. Empieza a ser vista, a ser escuchada y a ocupar espacios que antes no ocupaba: juntas locales, juntas de acción comunal, asociaciones productivas y escenarios comunitarios donde no estaba presente. La sororidad y el trabajo conjunto hacen que esas mujeres lleguen con voz, criterio y legitimidad. Ese mismo principio aplica a la política. No se trata de votar por mujeres solo por su género. Se trata de apoyar a la mujer más preparada, con formación, trayectoria y experiencia. A la que haya demostrado su capacidad de liderazgo. A la que tenga resultados, coherencia y visión de país.

Mi invitación frente a esta consulta del 8 de marzo no es a un voto automático, sino a una reflexión honesta: preguntarnos por qué no consideramos votar por una mujer. Revisar si esa decisión nace de prejuicios, de costumbre o de una mirada que asocia el poder a lo masculino. Reconocer, además, que no todas las mujeres que hoy aparecen en el tarjetón representan los intereses o realidades de las mujeres.

El llamado es a elegir con criterio. Esta decisión no depende solo de las mujeres. También de que los hombres voten por mujeres, reconociendo su capacidad y su liderazgo. El cambio no es una causa de género; es una causa de país.

Ojalá, de esas cuatro mujeres que hoy aparecen en el tarjetón, una sea la más votada. Sería una señal potente de que Colombia empieza a confiar en la enorme capacidad que tenemos las mujeres para liderar y gobernar.

Aunque admiro y respeto muchos de los nombres que aparecen en esta consulta, con certeza mi voto será femenino. Ya escogí, con razones de peso, a la mujer que más representa un liderazgo colectivo y que tiene claros los dolores de esta patria que quiero. Así que yo soy una mujer que vota por otra mujer.

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