Las caras más importantes de la industria petrolera de Estados Unidos recibieron con cautela la presión ejercida por el presidente Donald Trump para que inviertan al menos US$100.000 millones a la reconstrucción del sector energético venezolano. Aunque el mandatario estadounidense aseguró que el país suramericano es una oportunidad estratégica y que el acuerdo podría cerrarse “hoy o muy pronto”, las petroleras dejaron claro que aún existen riesgos legales, comerciales y financieros que nos les generan confianza.
Trump reunió este viernes a casi 20 altos representantes del sector en el Salón Este de la Casa Blanca, en un encuentro marcado por el optimismo presidencial, pero también por las reservas expresadas por compañías que ya han tenido experiencias fallidas en Venezuela.
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Las dudas del sector: seguridad jurídica y retorno de la inversión
Uno de los mensajes más claros vino del CEO de Exxon Mobil, Darren Woods, quien calificó a Venezuela como “invertible” bajo las condiciones actuales, pero recordó que los activos de su empresa fueron confiscados en dos ocasiones por el gobierno de Caracas.
“¿Qué tan duraderas son las protecciones financieras? ¿Cómo serán las ganancias? ¿Cuáles serán los acuerdos comerciales y los marcos legales?”, cuestionó Woods, quien resaltó que cualquier decisión debe evaluarse con una mirada de largo plazo, incluso a varias décadas.
Aun así, el directivo señaló que Exxon estaría dispuesta a enviar un equipo técnico al terreno si existe una invitación formal del gobierno venezolano y garantías de seguridad claras.
Una postura similar expresó Harold Hamm, fundador de Continental Resources y donante histórico de Trump, quien evitó comprometerse directamente con una inversión inmediata, aunque reconoció que el potencial del país “entusiasma como exploracionista”.
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Chevron, la única promesa concreta sobre la mesa
Pese al discurso confiado del presidente, el secretario de Energía, Chris Wright, reconoció que Chevron es, por ahora, la única gran petrolera estadounidense con un compromiso concreto en Venezuela. Actualmente, la compañía produce cerca de 240.000 barriles diarios, pero podría aumentar esa cifra en alrededor de 50% en un plazo de 18 a 24 meses, según explicó su vicepresidente, Mark Nelson.
Trump insistió en que Estados Unidos ofrecería garantías de seguridad a las empresas que operen en el país y aseguró que las inversiones se recuperarían rápidamente. “Están tratando directamente con nosotros, no con Venezuela”, afirmó el mandatario, sin entregar mayores detalles sobre los mecanismos de protección.
Un negocio atractivo, pero con un alto costo político y económico
Aunque varias compañías, como Repsol, manifestaron estar listas para invertir bajo un marco legal adecuado, el ambiente general reflejó que el camino para atraer a las grandes petroleras será complejo. La intervención militar estadounidense en Venezuela generó críticas internas y temores de que las empresas sean vistas como partícipes de una apropiación oportunista del crudo.
A esto se suma el impacto en los mercados. Los futuros del West Texas Intermediate rondaban los US$59 por barril, mientras crece la preocupación de pequeños productores estadounidenses por una eventual sobreoferta de crudo venezolano que presione aún más los precios.
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Venezuela: enormes reservas, infraestructura deteriorada
Trump reiteró que las empresas deberán financiar la operación con recursos propios y no con dinero público. “Gastarán al menos US$100.000 millones de su dinero”, enfatizó.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, pero su producción ha caído a menos de un millón de barriles diarios, lejos del pico cercano a 4 millones alcanzado en la década de 1970. Décadas de deterioro, sanciones y salida de empresas extranjeras han dejado plataformas abandonadas, oleoductos con fugas y severos daños ambientales.
Expertos advierten que solo recuperar parcialmente la producción requerirá años de trabajo y decenas de miles de millones de dólares, incluso antes de pensar en un verdadero repunte del sector.
Mientras tanto, la apuesta de Trump por Venezuela se cruza con su estrategia electoral y su discurso sobre el alivio del costo de vida en Estados Unidos, impulsado por precios bajos de la gasolina. Una ecuación que, para la industria petrolera, sigue siendo tan prometedora como riesgosa.