Billy Escobar, superintendente de Sociedades, visitó ayer la capital antioqueña para asistir al Foro de Sostenibilidad Empresarial que celebró la Cámara de Comercio de Medellín. El funcionario reveló detalles sobre el futuro de Monómeros, de los casos de Audifarma y Canacol, y de los principales logros y retos de su administración en la tarea de acompañar y salvar empresas estratégicas para la economía colombiana.
¿Cómo ha sido esa experiencia de trabajar con Duque y luego con Petro?
“La Superintendencia es un organismo que debe mantenerse como un ente técnico. Es fundamental para la sostenibilidad del empresariado colombiano y para cumplir el mandato constitucional del presidente de proteger la economía y el empleo. Del presidente Petro he tenido todo el apoyo para salvar empresas, protegerlas y dialogar con ellas. Los resultados están a la vista.
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El empresariado colombiano reaccionó muy bien tras la pandemia e incluso frente a los conflictos sociales. Las cifras son públicas y están disponibles en el Atlas de Insolvencia, con datos actualizados. Hemos acompañado a las empresas y el empresariado colombiano ha demostrado ser resiliente. Mi obligación ha sido mantener esa condición técnica y de excelencia”.
¿Cómo se ha comportado el número de procesos de insolvencia en el último año?
“Se han mantenido. Hay un histórico, una media de alrededor de 4.000 procesos de insolvencia, lo cual no quiere decir liquidación. Esa cifra no ha subido ni ha variado de manera que afecte el sistema empresarial colombiano. Se trata, en su mayoría, de procesos de reestructuración.
De esa cifra, que hoy está entre 4.300 procesos, aproximadamente 2.500 empresas ya llegaron a un acuerdo, es decir, se salvaron y están en ejecución de esos acuerdos. Cerca de 1.200 están en negociación, en diálogo entre acreedores y empresarios. Y la cifra restante, alrededor de 1.000 empresas, está en proceso de liquidación. Esto quiere decir que la gran mayoría de las empresas se salvan”.
¿Cuáles han sido los sectores más débiles o con más casos de liquidación?
“En su momento fueron los servicios y el comercio. Hoy, esos mismos sectores están jalonando positivamente la economía. La pandemia tuvo un efecto muy fuerte, especialmente en el sector hotelero, la gastronomía y, en general, en los servicios. Pero Colombia, según cifras internacionales, fue de los primeros países en reaccionar positivamente en la etapa pospandemia”.
Tras la visita del presidente Petro a Trump, se volvió a hablar de Monómeros. Dijo el Gobierno que podrían quitarle las sanciones, ¿se retoma el plan de comprarla?
“Monómeros está bajo nuestro control desde el punto de vista del seguimiento a su salud empresarial. Está en un proceso de reorganización, que no es otra cosa que un diálogo con sus acreedores. Es una empresa que ha venido funcionando, que sigue con sus trabajadores y que, a pesar de estar en la lista de la OFAC, ha continuado operando. Consideramos que tiene un gran potencial dentro de la cadena de producción alimentaria. Para nosotros es una empresa que merece todo el respeto y el interés.
Claro, ojalá pudiéramos volver a esa época en que era una empresa colombiana. En la medida de lo posible buscaremos que así sea, porque tiene todo el sentido, incluso para garantizar la sostenibilidad de la cadena alimentaria no solo de Colombia, sino de América Latina e incluso con alcance al norte del continente. Seguimos con esa causa y con ese diálogo y seguramente las noticias serán positivas más adelante”.
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“Exacto. El camino queda despejado. Hemos hecho una labor muy juiciosa de asistencia técnica, de exigir cuentas claras y de mantener la empresa a pesar de las dificultades. Hay que precisar que Monómeros es una empresa colombiana, con dueños venezolanos, como ocurre con muchas empresas en el mundo. Es normal en el ámbito internacional y también es normal que exista el interés de adquirirla para articularla con otras empresas colombianas como Ecopetrol o Indumil”.
¿Qué tan viable es que Ecopetrol o Indumil entren en ese proceso de adquirir Monómeros?
“Técnicamente es viable que cualquiera de las dos compañías pueda hacerse al control, por su naturaleza y su objeto misional. PDVSA, a través de Pequiven, es hoy la dueña de Monómeros. Eventualmente podría ser Ecopetrol, si se hiciera al control, y se corresponde con su objeto social. Lo mismo Indumil, porque hay coincidencias en la composición química de sus procesos productivos. Desde el punto de vista técnico-empresarial, tiene mucho sentido”.
¿Y sí hay interés de la juntas directivas de Ecopetrol e Indumil?
Sí, está dentro de la agenda de sus juntas directivas y podría darse y tiene mucho sentido.
¿Cuántos empleados tiene Monómeros y de cuánto es su deuda?
¿Cuánto puede durar el proceso de reorganización de Monómeros?
“Eso depende del diálogo con los acreedores, pero no hay afán porque se están cumpliendo las obligaciones. Un proceso de reorganización normalmente puede durar seis meses. Las opciones son que la empresa siga con sus dueños actuales, que entre un socio de manera equitativa o que nosotros asumamos el control, todo depende del diálogo con el Gobierno venezolano”.
Pasemos a Audifarma. ¿Cómo va ese proceso?
“En Audifarma ya se llegó a un acuerdo con acreedores. Hay un plan de pago que le permite a la empresa solventar sus obligaciones sin llegar al cierre. El interés nuestro es que se preste un servicio adecuado a la ciudadanía. Hoy la empresa ya debe estar prestando sus servicios de manera normal”.
¿Qué puede decir sobre el caso de Canacol?
“Canacol inició un proceso de insolvencia en Calgary, Canadá. A través del mecanismo de insolvencia transnacional se decretaron medidas cautelares que se han venido aplicando en Colombia. Hoy están llegando a un acuerdo para inyectar recursos y evitar la liquidación. Sin embargo, en Colombia se han interpuesto recursos que estamos estudiando para decidir si seguimos con las medidas cautelares o reconocemos los acuerdos de la matriz. El escenario más optimista es que la empresa se salve con esa inyección de recursos”.
Después de casi cinco años en el cargo, ¿cuál considera que ha sido su mayor logro?
“Haber llegado a las regiones del país y sacar la Superintendencia de la capital. También mostrarle al país que la Superintendencia no es solo insolvencia: es análisis económico empresarial, lucha contra la corrupción y el soborno, contra las captadoras ilegales, resolución de conflictos entre socios. Es el órgano técnico rector del empresariado colombiano. Nuestro mayor logro ha sido acompañar y salvar empresas, no permitir que el tejido empresarial se enferme”.
¿Hay algún caso en particular que recuerde con especial satisfacción?
“El caso de Bioenergy, por su aporte a la sostenibilidad, el empleo y el desarrollo de los Llanos. También Salinas de Manaure, donde se promovió una norma que permitió recursos por más de 61.000 millones de pesos y fortaleció su gobierno corporativo. Y, por supuesto, Monómeros, haber logrado que no se malograra y siga siendo viable. Además, el trabajo con el deporte colombiano, especialmente el fútbol, al transformarlo en sociedades anónimas viables y sostenibles”.
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