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De volar avioncitos en Belén a ser ingeniero de Rolls Royce en Inglaterra

Santiago Ramírez Rubio es de Medellín, tiene 41 años y lleva casi 10 en una de las compañías más prestigiosas del mundo.

  • Desde pequeño, Santiago Ramírez Rubio se aficionó por el mundo de las aeronaves hasta trabajar en una división de Rolls Royce. FOTO Cortesía
    Desde pequeño, Santiago Ramírez Rubio se aficionó por el mundo de las aeronaves hasta trabajar en una división de Rolls Royce. FOTO Cortesía
  • Desde pequeño, Santiago Ramírez Rubio se aficionó por el mundo de las aeronaves hasta trabajar en una división de Rolls Royce. FOTO Cortesía
    Desde pequeño, Santiago Ramírez Rubio se aficionó por el mundo de las aeronaves hasta trabajar en una división de Rolls Royce. FOTO Cortesía
hace 1 hora
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Mientras otros en sus casas tienen pinturas, imágenes religiosas, diplomas enmarcados o carritos miniatura en repisas, Santiago Ramírez Rubio solo tenía aviones. Santiago recuerda haber crecido entre aeromodelos. Aquellas naves a escala que custodiaban las repisas eran mucho más que simples adornos; formaban la colección privada de su padre, un entusiasta de la aviación y el principal “culpable” de que su hijo heredara esa misma fascinación por los cielos.

El anhelo de Santiago no era simplemente contemplar el cielo o sentir que podía tocarlo con las manos; su ambición era habitar el mundo de la aeronáutica desde adentro. Su sueño de trabajar por y para los aviones se materializó en una de las compañías más emblemáticas de la industria global: Rolls Royce.

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El hijo de Juan Carlos Ramírez y Myriam Rubio se crió en Belén, y allí vivió durante toda su infancia. Es egresado del Colegio Corazonista, y una de las actividades que más hacía de pequeño los fines de semana era ir con sus padres a una pequeña pista, o mejor, a una manga bien podada en el municipio de Girardota, donde se reunían con más personas y ponían a volar sus avioncitos. Unas veces terminaban completos, otras, despedazados, y por partes había que llevarlos a la enfermería: la casa de Santiago, donde su papá, que siempre fue bueno para las manualidades y los trabajos que requerían mucho detalle, los reparaba.

Así se enamoró de la aviación, tanto, que una vez se graduó de bachiller decidió emprender camino a Bogotá a perseguir su sueño, dado que en aquella época en Medellín no había ninguna universidad con ingeniería aeronáutica. Partió a los 16; muy joven pero también muy impetuoso.

Hizo su carrera en la San Buenaventura. Allí se formó como ingeniero aeronáutico y más tardó se le despertó el interés por iniciar una maestría en Ingeniería Mecánica, la cual cumplió en la Universidad Nacional sede Bogotá. El mismo impulso de un avión al despegar era el que tenía -y tiene- Santiago para capacitarse, pues no conforme con sus estudios optó por hacer otra maestría a distancia en la Universidad de Gävle de Suecia, esta vez en Sistemas Energéticos.

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Si bien, en ocasiones, los sueños se desvanecen con el tiempo, en el caso de Santiago fue todo lo contrario: se hizo aún más sólido. No desfallecía en su propósito y menos aún después de haberse preparado como lo hizo. Y quizá muchos pensarán que el objetivo de este hombre era ser piloto, pero no, su enfoque apuntaba más a los componentes del avión, al cómo ese monstruo de los aires podía volar como lo hacía.

Desde pequeño, Santiago Ramírez Rubio se aficionó por el mundo de las aeronaves hasta trabajar en una división de Rolls Royce. FOTO Cortesía
Desde pequeño, Santiago Ramírez Rubio se aficionó por el mundo de las aeronaves hasta trabajar en una división de Rolls Royce. FOTO Cortesía

“Fui profesor en la San Buenaventura cerca de dos años y recuerdo que en ese tiempo existían las becas crédito de Colciencias. Me postulé a una para estudiar un doctorado en el exterior y gané. Lo bueno es que te dejaban escoger la universidad y el proyecto que quisieras, entonces yo me contacté con un profesor de la Universidad de Cranfield, en Inglaterra, que hacía proyectos de doctorado conectados con la industria, y ese en particular estaba asociado con Rolls Royce; ante esa oportunidad me vine para Reino Unido a hacer mi doctorado en aerodinámica”, dijo Santiago.

De muchos ese fue el primer paso: viajar al exterior a continuar con su formación profesional. No obstante, estar en un proyecto vinculado a Rolls Royce no era ninguna garantía de que en un futuro pudiera trabajar allí, pero para él era una puerta, una pequeña posibilidad que podía convertirse en realidad.

Su trabajo, a la larga, fue la mejor carta de presentación. Su desempeño durante el doctorado precisamente fue el que le permitió ser seleccionado para una entrevista en dicha compañía, primero, con el profesor que lideró su proyecto, y luego con un ingeniero de la empresa. Después de eso todas fueron buenas noticias, y el sueño que persiguió por fin aterrizaba a sus pies.

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“La clave es nunca perder el objetivo de vista, eso fue lo que hice yo. Y bueno, me preparé mucho mental y académicamente porque acá te toca competir con los mejores ingenieros del mundo, entonces es un reto muy grande, pero me siento muy orgulloso”, agregó Ramírez Rubio, quien curiosamente lleva como iniciales de ambos apellidos las 2 R características de Rolls Royce.

En los casi 10 años que lleva trabajando en la compañía, Santiago ha escalado varios eslabones, sin embargo, su función sigue siendo la misma: aerodinámica de fanes, que es un subcampo de la mecánica de fluidos que se encarga de estudiar cómo las aspas interactúan con el aire para generar flujo, presión y movimiento.

Aunque muchos –por no decir todos– asocian a Rolls Royce únicamente con automóviles, la marca tiene dos grandes líneas: una dedicada a la fabricación de carros de lujo, que es Rolls Royce Motor Cars, subsidiaria de BMW Group desde 2003, y Rolls Royce Holdings, que se encarga de desarrollar motores de aviación; esta última es en la que Santiago trabaja.

A pesar de los años y miles de kilómetros que los separan, los padres de Santiago fueron, son y seguirán siendo su pilar y fortaleza. Ambos no pueden sentirse más orgullosos por lo que su hijo ha conseguido, y cada vez que pueden van a visitarlo a Reino Unido, más específicamente a Derby, Inglaterra, donde vive con su esposa y sus dos hijas gemelas Sophie y Salomé.

Seguro con ellas también juega a los avioncitos.

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