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Antioquia contra el centralismo: así fue el rescate que devolvió la esperanza de tener casa

Mientras mujeres como Alejandra Mejía buscan el dinero para su casa propia, la Gobernación de Antioquia activa un “Plan Rescate” de 100.000 millones de pesos para asegurar el cierre financiero. Política de vivienda beneficia a 54.000 familias.

  • Nury Alejandra Mejía Arango pudo completar el dinero para su casa nueva gracias a la Gobernación de Antioquia; su padre Jairo Antonio Mejía, fallecido, fue quien le dejó el plante. FOTO Manuel Saldarriaga
    Nury Alejandra Mejía Arango pudo completar el dinero para su casa nueva gracias a la Gobernación de Antioquia; su padre Jairo Antonio Mejía, fallecido, fue quien le dejó el plante. FOTO Manuel Saldarriaga
  • En un evento en Comfenalco de Guayabal, cientos de mujeres recibieron el subsidio para su vivienda propia. FOTO Cortesía
    En un evento en Comfenalco de Guayabal, cientos de mujeres recibieron el subsidio para su vivienda propia. FOTO Cortesía
  • Esta es Quintas de Acuarela, el edificio donde Alejandra espera estrenar casa este año y cumplir el sueño de toda su vida. Está ubicado en el barrio Belén, en Medellín. FOTO Cortesía
    Esta es Quintas de Acuarela, el edificio donde Alejandra espera estrenar casa este año y cumplir el sueño de toda su vida. Está ubicado en el barrio Belén, en Medellín. FOTO Cortesía
  • El gobernador Rendón firmó en Turbo, en diciembre pasado, el plan de subsidios de vivienda para madres cabeza de familia. FOTO Camilo Suárez
    El gobernador Rendón firmó en Turbo, en diciembre pasado, el plan de subsidios de vivienda para madres cabeza de familia. FOTO Camilo Suárez
  • La Gobernación de Antioquia está invirtiendo casi un billón de pesos en las soluciones de vivienda para las mujeres del departamento. FOTO Cortesía
    La Gobernación de Antioquia está invirtiendo casi un billón de pesos en las soluciones de vivienda para las mujeres del departamento. FOTO Cortesía
hace 2 horas
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Para miles de familias en el departamento, la palabra “casa” ha dejado de ser una aspiración de largo plazo para convertirse en una realidad inmediata. En un esfuerzo coordinado entre la administración departamental y las cajas de compensación, el programa Mi Casa Antioquia Ya —una respuesta para las miles de familias que se quedaron sin el programa Mi Casa Ya, que el Gobierno Petro terminó— se ha consolidado como el motor principal de la política habitacional en la región, alcanzando un hito significativo: la entrega de subsidios complementarios a 2.932 familias.

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Este modelo de gestión no es solo una cifra en un balance público; es una estrategia de cierre de brechas de desigualdad que busca que el acceso a la propiedad privada sea un derecho ejecutable para quienes perciben ingresos menores a los cuatro salarios mínimos. La clave del éxito de esta iniciativa radica en la concurrencia de subsidios. Bajo este esquema, un hogar puede sumar apoyos de distintos niveles gubernamentales, lo que reduce drásticamente el valor de la cuota inicial y, por ende, el monto del crédito hipotecario.

La inversión ha impactado diversos municipios de las subregiones de Antioquia, priorizando no solo la cantidad de unidades, sino la calidad constructiva y el acceso a servicios básicos. Además de la solución habitacional, el programa dinamiza el sector de la construcción, uno de los mayores generadores de empleo directo e indirecto en el departamento. La entrega de estos subsidios garantiza que las familias beneficiadas transiten hacia la formalidad patrimonial, brindando una base sólida para el relevo generacional.

En un evento en Comfenalco de Guayabal, cientos de mujeres recibieron el subsidio para su vivienda propia. FOTO Cortesía
En un evento en Comfenalco de Guayabal, cientos de mujeres recibieron el subsidio para su vivienda propia. FOTO Cortesía

Si bien los datos técnicos hablan de una gestión eficiente —con una inversión que supera los miles de millones de pesos—, la verdadera importancia del programa reside en el cambio de trayectoria de vida. Pasar del arriendo o de viviendas en condiciones de vulnerabilidad a un espacio propio constituye el primer paso hacia la estabilidad emocional y económica de un núcleo familiar.

La historia y el sueño de casa de Alejandra

A las tres de la mañana, cuando la mayoría de los habitantes del Valle de Aburrá se encuentran en el punto más profundo del sueño, Nuri Alejandra Mejía Arango ya ha encendido la luz de la casa. En el silencio de su hogar actual, en el que vive de arriendo desde hace unos seis o siete años, Alejandra valora la quietud: “Prefiero mucho la tranquilidad, la calma... yo ya tuve todo ese tiempo de quemar la etapa de trasnochar, de la fiesta”, dice con serenidad un jueves de marzo en su casa del barrio Cristo Rey, donde ha vivido desde que tiene memoria.

Alejandra —una sonrisa plena, casi un metro con ochenta de estatura, pura frescura cuando son las 3 de la tarde y afuera hace un sol que adormece las chicharras— dice que su jornada laboral comienza a las cuatro de la mañana, cuando llega a la estación Ayurá del metro. Allí, como despachadora de servicio público para la empresa Taxiger, supervisa dos rutas integradas que conectan a Itagüí con el sistema Metro. No es un trabajo sencillo; es, en esencia, una labor de supervisión de transporte donde controla tiempos y coordina una “infinidad de cosas” para que miles de personas lleguen a sus destinos. Ahora cuando hablamos sentados a la luz de una ventana, Alejandra dice que tiene una preocupación mayor que la obliga a levantarse todos los días a la madrugada: el bienestar de su hijo, Luis Fernando Mejía, un joven de 13 años que ya la mira desde arriba con su imponente estatura de 1.84 metros.

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Luis Fernando es apenas un adolescente, pero habla con tranquilidad desde el sofá donde está sentado jugando con su Play Station: “Yo sueño con ser futbolista, no hay una cosa que me gusta más, aunque no soy delantero, lo mío es ser arquero”. Alejandra sabe que el fútbol es un azar: no se trata solo de talento, hay que tener suerte y ser excepcional, por eso lucha por su casa propia.

Mientras Alejandra coordina buses, en las oficinas de la Gobernación de Antioquia se coordina otro tipo de movimiento. El gobernador Andrés Julián Rendón describe una realidad similar de esfuerzo, pero desde la escala estatal. Para Rendón, la gestión pública en Antioquia ha tenido que aprender a caminar sola: “Aquí lo que hemos procurado es salir adelante de cuenta propia sin tener que depender del gobierno nacional”. Esta es la historia de cómo un “plan rescate” departamental se encontró con la persistencia de una madre que nunca aceptó un “no” por respuesta.

Una herencia de amor y un Linfoma Silencioso

El camino de Alejandra hacia su casa propia no empezó en un banco, sino en el lecho de enfermo de su padre. Él falleció de un linfoma de Hodgkin, un tipo de cáncer que debilita el sistema linfático rápidamente, trayendo la inflamación de los ganglios. En sus últimos meses, fue Alejandra quien se convirtió en su cuidadora principal, entregándole sus horas y su paciencia. En agradecimiento, y con la lucidez de quien sabe que el tiempo se acaba, el padre de Alejandra tomó una decisión: le dejaría el dinero para la cuota inicial de su vivienda.

“El deseo de él siempre fue que yo tuviera casa —dice Alejandra emocionada— De todos sus hijos... él decía que la más desprotegida era yo”. Esa percepción de desprotección no nacía de la debilidad, sino de la realidad económica: Alejandra es madre soltera, empleada de salario fijo y sin apoyos externos. Su padre, antes de morir, le entregó cerca de 10 millones de pesos. Fue un legado de protección póstuma para quien él consideraba la más vulnerable de su estirpe.

Con esos 10 millones, Alejandra buscó asesoría. Una amiga le advirtió que no se gastara ese dinero y que tampoco dejara que se le convirtiera en “plata de bolsillo” y la llevó a conocer un proyecto en Belén Rincón llamado Quintas de Acuarela. Para ella fue toda una experiencia, pues sus 47 años los ha pasado en el barrio Cristo Rey, que es muy central, cercano a lugares de esparcimiento y comerciales.

Pero en 2017, Alejandra entregó ese dinero como parte de la cuota inicial, que en total sumaba 19 millones de pesos. Su idea era ajustar la cuota inicial en unos cuantos años, pero su meta se hacía lejana, pues tenía que suplir necesidades que aparecían de repente: algún daño en su vivienda, nuevos implementos para el estudio de su hijo: el día a día no da espera. Eso le trajo un problema: esperaba aplicar, una vez tuviera toda la cuota, al subsidio de Mi Casa Ya del gobierno de Iván Duque, pero el gobierno se acabó y todo cambió.

En aquel entonces, el apartamento valía unos 90 millones; hoy, tras nueve años de esperas y aumentos del salario mínimo, el precio se ha elevado a 157 millones de pesos.

El Choque con el Centralismo y el “Plan Rescate”

Mientras los ahorros de Alejandra se veían amenazados por la inflación y los retrasos del proyecto, el panorama nacional para la vivienda cambiaba drásticamente. El gobernador Rendón es crítico frente a lo que denomina el abandono del gobierno nacional. “El gobierno de Petro nos quitó el subsidio de Mi Casa Ya”, dice Alejandra con la contundencia de quien vio su esperanza desvanecerse en un decreto, pues ese subsidio era fundamental para hacer su sueño realidad, por más cliché que suene.

Rendón corrobora esta situación desde la política pública. El gobernador explica que, ante la desaparición o ralentización de los subsidios nacionales, Antioquia decidió “mocharle las alas al centralismo”. El departamento diseñó un Plan Rescate de Vivienda, con una inversión cercana a los 100.000 millones de pesos. El objetivo era simple pero ambicioso: evitar que los proyectos se detuvieran y que las familias perdieran sus ahorros.

Esta es Quintas de Acuarela, el edificio donde Alejandra espera estrenar casa este año y cumplir el sueño de toda su vida. Está ubicado en el barrio Belén, en Medellín. FOTO Cortesía
Esta es Quintas de Acuarela, el edificio donde Alejandra espera estrenar casa este año y cumplir el sueño de toda su vida. Está ubicado en el barrio Belén, en Medellín. FOTO Cortesía

“Realmente aquí hay un problema —dice el gobernador en su oficina de La Alpujarra—. Yo creo que el Estado colombiano le ha quedado muy mal a las familias del país con el sueño más grande que tiene una familia, que es la de contar con casa propia”. Para financiar este sueño, Antioquia utilizó una “lotería” legal: recuperó 700.000 millones de pesos del Fompet (excedentes de ahorros pensionales territoriales) que el Gobierno Nacional se resistía a devolver. Gracias a que el presidente del Senado sancionó la ley que Petro no quiso firmar, estos recursos llegaron a las arcas departamentales para financiar, entre otras cosas, el subsidio de Alejandra.

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Como ha sucedido con otras iniciativas sociales del departamento, como darle un bono pensional a los más viejos y desprotegidos, la gobernación de Rendón se dio a la tarea de buscar dinero donde parecía no haber. Así fue que dio con esos 700.000 millones de pesos que benefician a mujeres vulnerables de Antioquia.

La Ingeniería del “Rebusque” para la casa

Alejandra no se quedó esperando sentada a que los subsidios llegaran. Su vida es una lección de lo que un buen académico podría denominar “microeconomía aplicada”. Para completar lo que el salario de despachadora no alcanza a cubrir, se convirtió en una “rebuscadora” incansable.

Cerca de la Central Mayorista, Alejandra recolecta cartón y canastas de fruta que le regalan los comerciantes. “Semanalmente sumo 40.000 50.000 pesos con el reciclaje —dice—, por eso es que ve aquí en la casa tanto desorden, porque yo acomodo lo que voy trayendo o lo que algunos vecinos me dejan”, pero la verdad es que en su casa no hay un solo rastro de desorden: todo es impecable. Pero Alejandra no solo recolecta en su trabajo; en la cancha de fútbol donde entrena su hijo recoge botellas de Gatorade y agua. Incluso su madre, que vive en un segundo piso de esta, le deja el reciclaje en las escalas, el mismo que ella recoge.

El reciclaje es un ejercicio metódico: separa los plásticos y los vidrios, se cuida de que nada esté sucio, y todo ese dinero va a parar a sus ahorros para la casa propia.

Pero como si fuera poco ya el esfuerzo, Alejandra también trabaja para Rappi. En una motocicleta que está pagando a través de Comfama, trabaja como repartidora en las tardes y fines de semana. Se sectoriza en El Poblado o cerca del centro comercial Arkadia. En una buena semana, Rappi le reporta entre 100.000 y 120.000 pesos adicionales, que le pagan todos los martes. Aunque esos no son ingresos libres, hay que tener en cuenta que tiene pagar la gasolina y cambiarle el aceite a la moto.

Por pura curiosidad le pregunto que si las propinas que los usuarios deciden dejar a través de la plataforma Rappi si se les entrega, y dice que sí, aunque confiesa entre risas que a veces es mucho mejor que el cliente se las entregue personalmente.

El gobernador Rendón firmó en Turbo, en diciembre pasado, el plan de subsidios de vivienda para madres cabeza de familia. FOTO Camilo Suárez
El gobernador Rendón firmó en Turbo, en diciembre pasado, el plan de subsidios de vivienda para madres cabeza de familia. FOTO Camilo Suárez

Todo esto tiene un propósito: que su casa no se entregue “gris”. Alejandra recicla para comprar los acabados y que su hogar sea bello desde el primer día. “Yo hago lo que sea”, dice Alejandra. Esta determinación es la que ha permitido que, a pesar de haber sido reportada en DataCrédito por fiarle a una amiga —un error que describe como estar “muerta” financieramente—, lograra desatrasarse y seguir en pie de lucha.

Cifras que transforman vidas: la meta departamental

La estrategia de la Gobernación de Antioquia se divide en tres líneas de acción que Rendón detalla con precisión. Vivienda Nueva: 12.000 unidades contratadas, enfocadas principalmente en el Valle de Aburrá, Oriente y Urabá. Mejoramientos de Vivienda: 41.000 intervenciones, de las cuales 24.000 son exclusivas para mujeres rurales y jefas de hogar en pobreza extrema. Estos mejoramientos, que cuestan entre 25 y 30 millones por familia, se centran en unidades sanitarias, pozos sépticos y agua potable. Titulaciones: 4.000 procesos para formalizar la propiedad de familias que llevan décadas viviendo en la informalidad.

En total, Antioquia ha comprometido cerca de 900.000 millones de pesos en vivienda. Para el gobernador, la clave no es solo dar un subsidio, sino hacer posible el cierre financiero. En el caso de Alejandra, el rompecabezas se armó así: 52 millones de Comfama, 34 millones de la Gobernación (VIVA) y sus ahorros personales. Además, un alivio fundamental fue el regalo de las escrituras, que le ahorró entre seis y siete millones de pesos.

Esto puede parecer muy lugar común, pero Alejandra cuenta los detalles de cada uno de los subsidios, de las ayudas, y contagia alegría. Su hijo se para y le dice, después de escuchar toda la entrevista: “Mamá, es que usted es muy berraca”.

Infográfico
Antioquia contra el centralismo: así fue el rescate que devolvió la esperanza de tener casa

Luis Fernando: El Gigante del Arco

Toda la estructura financiera y política de esta historia sostiene un solo nombre: Luis Fernando. El hijo de Alejandra es un muchacho bien grande que, a sus 13 años, ya es un arquero respetado en su escuela de fútbol. Alejandra gasta todo en él: guayos, torneos, guantes y transporte. Recalca: yo ya viví mis tiempos de fiesta, de pensar en mí, ahora y desde que quedé en embarazo, solo pienso en mi hijo, él es todo para mí.

“Él quiere ser futbolista profesional”, cuenta ella. Sin embargo, su consejo es de un realismo desgarrador, un consejo que solo puede venir de una persona que ha trabajado duro contra el mundo: “Papi, usted tiene una mamá pobre y usted sabe que para eso se necesita dinero o rosca. Usted tiene que ser extremadamente bueno”. Por eso, Alejandra también sueña con que él estudie algo a la vanguardia: mecatrónica, programación o sistemas. Sueña con que su hijo sea un ingeniero destacado, porque a veces como sucede con estas generaciones, parece que el muchacho solo sueña con ser un influencer, no se da cuenta que ese es un nicho de negocio cada vez más estrecho y difícil.

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Luis Fernando es también el apoyo emocional de su madre. Cuando Alejandra flaqueó ante la crisis económica, fue él quien le dijo: “Mamá, no se rinda, somos capaces”. Alejandra es una de tantas mujeres que son madres solteras, una de aquellas que ha asumido el reto de ser mamá sola, algo que describe como lo más duro que ha pasado en la vida, incluso por encima de sus deudas o de la muerte de su padre, a quien añora y agradece todos los días —en algún momento de la entrevista pide que se le tome una foto al lado de la foto de su padre: “Es un homenaje para él”.

El desafío de la eficiencia: nutrición y educación

El gobernador Rendón vincula el éxito de la vivienda con otras políticas sociales, especialmente la nutrición. Menciona que han destinado la totalidad del impuesto vehicular para financiar el PAE (Programa de Alimentación Escolar), invirtiendo más de medio billón de pesos para asegurar 180 días de comida al año. “Estamos pagándole a las 6.000 señoras que cocinaban en los colegios y nadie les pagaba”, afirma con orgullo. Gracias a esto, las muertes por desnutrición infantil en Antioquia bajaron de 17 en 2024 a solo 4.

No obstante, Rendón no oculta su frustración con la administración de las universidades públicas del departamento. Critica la burocracia en instituciones como la IU Digital, que cuenta con 585 contratos de prestación de servicios, en su mayoría administrativos, mientras no tiene profesores de planta. Para el gobernador, es inaceptable que una universidad digital sea más costosa y menos eficiente que el Tecnológico de Antioquia, que con menos personal atiende a 19.000 estudiantes. “A esto hay que buscarle solución... no puede ser que estas instituciones sean manejadas como una tienda de barrio”, sentencia.

La Gobernación de Antioquia está invirtiendo casi un billón de pesos en las soluciones de vivienda para las mujeres del departamento. FOTO Cortesía
La Gobernación de Antioquia está invirtiendo casi un billón de pesos en las soluciones de vivienda para las mujeres del departamento. FOTO Cortesía

El “Palito de la Felicidad” y el Horizonte de Junio

Para Alejandra, el futuro tiene fecha: junio de 2026. En ese mes le entregarán su apartamento con sala, comedor, balcón, zona de ropas y dos habitaciones: una para ella y otra para su “niño”. En un rincón de su sala actual, Alejandra cuida un palo de Brasil que una amiga le regaló llamándolo el “palito de la felicidad”. Ella dice: “Yo lo limpio y lo consiento... se va para donde está mi casa porque para allá me voy a ir con ese palito y voy a ser muy feliz”, dice ella. El palo de Brasil es una mata que busca la luz, crece rozagante cuando tiene cerca al sol y Alejandra usa esa figura para explicarse: “La luz será mi casa, no hay otro motivo por el que yo me esfuerce”.

El gobernador Rendón tiene su propia meta de felicidad estadística. Aunque el déficit habitacional en Antioquia es de 500.000 unidades (150.000 nuevas y 350.000 para mejorar), cree que se puede “quebrar el espinazo” al problema. Su visión es que, si cada gobierno mantiene una inversión de un billón y medio de pesos, en 10 años el déficit podría ser cosa del pasado.

La historia de Nuri Alejandra Mejía es la prueba de que las políticas públicas no son solo números en un balance, sino el alivio que permite a una madre dejar de llorar de angustia para llorar de regocijo. Es el encuentro entre una mujer que recicla cartón para pagar una mampostería y una gobernación que recuperó fondos pensionales para devolverle la fe a su gente. En junio, cuando Alejandra abra la puerta de Quintas de Acuarela, el deseo de su padre finalmente se hará cemento, ladrillo y, sobre todo, paz.

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