Con raíces familiares en Heliconia y su formación secundaria en Medellín, Tatiana Bedoya se define como una mujer que nunca le ha temido al trabajo duro. Al mencionar los oficios que ha hecho recuerda que en el colegio eligió una media técnica en ebanistería para ayudar a construir su casa en Robledo. “Cargaba cosas y me preguntaban: ‘¿por qué no pide ayuda? Vea cómo tiene las manos’”.
Poco después de terminar el colegio, se quedó un tiempo en la ciudad, pero hace 11 años, el sector donde estaba su casa fue destinado a un proyecto, por lo que Tatiana y su familia regresaron a Heliconia. Allí trabajó con su madre en un restaurante y apoyó a su padre en el camión.
Cuando se quedó desempleada, Tatiana conoció a Carlos Mauricio Correa, técnico agropecuario que asesoraba a sus padres con los animales de la finca, quien justamente se había quedado sin trabajadora. “Ahí empecé a trabajar con él”. El vínculo laboral pronto mutó a un enamoramiento. “Yo llegué en enero, a los meses nos ennoviamos, luego nos casamos y para septiembre ya vivíamos juntos”.
Con el sueño de cultivar café, su esposo le propuso a Tatiana mudarse a una finca cafetera en una vereda de Heliconia. Aunque a ella siempre le había gustado el campo, el café era un mundo desconocido que nunca le había despertado especial interés, sin embargo, se dispuso a aprender sobre el cultivo y cada uno de los procesos que hay detrás de una taza.
Los primeros tres años estuvieron marcados por el aprendizaje y las exigencias de la alta cosecha, pero fueron una etapa gratificante. “Antes solo sabía que mi mamá tomaba Nescafé”, recuerda mientras habla con propiedad de siembra, cosecha, variedades, métodos de procesamiento y perfiles de sabor.
Hace dos años, junto a su esposo, decidió crear su marca: Café Don Castor. Cultivado a 1.550 metros sobre el nivel del mar el resultado es una bebida suave, con notas marcadas de caramelo y frutos rojos. Además, aprovechan la pulpa del café para elaborar otros productos, como mermeladas, harina y galletas.
Tatiana ha accedido a capacitaciones de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, entre ellas, las relacionadas con el manejo de redes sociales y la dirección de negocios. Estos espacios le han brindado herramientas para fortalecer su marca.
Hoy, Tatiana y Mauricio comparten su pasión por el café con su hija de cuatro años, a quien se le nota su amor por las labores de la finca. Así, Tatiana no solo encontró en el café una nueva forma de emprender, sino también un modo de crecer en familia. “Hacer esto me llena de amor”.
