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¿De quién fue la idea de llevar a las familias al Mundial y qué beneficios le ha traído a Colombia?

La presencia de las familias junto a la Selección Colombia en el Mundial no fue una casualidad. La iniciativa, respaldada por el psicólogo Marcelo Roffé y aprobada por Néstor Lorenzo, ha fortalecido el ambiente del grupo y se ha convertido en un apoyo clave para los futbolistas dentro y fuera de la cancha.

  • Tener a sus familias al lado ha hecho que los njugadores tengan mayor tranquilidad durante este Mundial. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    Tener a sus familias al lado ha hecho que los njugadores tengan mayor tranquilidad durante este Mundial. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
hace 52 minutos
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Mientras la Selección Colombia avanza con paso firme en el Mundial, hay un equipo que también juega un papel determinante lejos de las cámaras, los entrenamientos y los estadios. Son las familias de los futbolistas, convertidas en un soporte emocional fundamental para un grupo que busca hacer historia.

Lejos de representar una distracción, la presencia de esposas, hijos, padres, hermanos y demás seres queridos ha sido una de las grandes apuestas del cuerpo técnico encabezado por Néstor Lorenzo. Una decisión cuidadosamente estudiada y respaldada desde el área psicológica que, hasta el momento, ha dado resultados tanto dentro como fuera de la cancha.

La iniciativa ni siquiera nació de los jugadores. Fue el propio cuerpo técnico el que abrió la puerta para que las familias acompañaran a la delegación durante la Copa del Mundo, incluso hospedándose en los mismos hoteles de concentración.

Detrás de esa estrategia hubo una voz con peso específico: la de Marcelo Roffé, psicólogo de la Selección Colombia, quien desde el momento en que el equipo aseguró su clasificación al Mundial planteó la importancia de mantener cerca el principal soporte emocional de los futbolistas durante un torneo tan exigente.

Su recomendación fue clara. Tener a las familias cerca ayudaría a reducir la presión, fortalecer el bienestar emocional del plantel y permitir que los jugadores encontraran momentos de normalidad en medio de la intensidad que supone una Copa del Mundo.

Néstor Lorenzo acogió la propuesta y la trasladó al grupo. La respuesta fue inmediata. Desde entonces, las familias no solo han acompañado a los futbolistas en cada ciudad sede, sino que también han construido una convivencia entre ellas que ha fortalecido el ambiente colectivo de toda la delegación colombiana.

Un equipo que también se fortalece fuera de la cancha

Quienes conviven diariamente con la Selección destacan un detalle que resulta evidente: el cambio de semblante de los jugadores cuando comparten tiempo con sus seres queridos.

Las sonrisas aparecen con naturalidad, el estrés disminuye y la exigencia propia de la competencia encuentra un necesario equilibrio en esos espacios de tranquilidad.

Consciente de ello, Lorenzo incluso ha concedido algunos días libres para que los futbolistas puedan recorrer las ciudades sede junto a sus familias, desconectarse por unas horas de la presión competitiva y recargar energías antes de volver a los entrenamientos.

No se trata únicamente de descanso. Es una forma de cuidar la salud mental de un grupo que lleva semanas viviendo bajo la máxima exigencia.

Un aliciente desde la tribuna

El acompañamiento tampoco termina cuando rueda el balón. En cada partido, los jugadores saben que en las tribunas están las personas que los han acompañado durante toda su carrera. Esa presencia se convierte en un impulso adicional en los momentos de mayor presión.

Cada celebración, cada abrazo después del pitazo final y cada gesto desde la grada refuerzan un vínculo que trasciende lo futbolístico.

Mientras el país entero empuja desde la distancia, ellos tienen el privilegio de sentir ese apoyo a pocos metros del campo.

Una apuesta que ha fortalecido al grupo

Más allá del rendimiento individual, la convivencia entre las familias ha generado otro efecto positivo: ha fortalecido la unión del plantel.

Fuera de los entrenamientos, esposas, hijos, padres y hermanos han compartido actividades, creando relaciones que terminan reflejándose en la cohesión del grupo.

Ese ambiente de cercanía y confianza ha sido uno de los pilares silenciosos del recorrido colombiano en este Mundial.

Los resultados deportivos, por supuesto, dependen de muchos factores. Pero dentro de la Selección existe la convicción de que el bienestar emocional también juega partidos.

Y en ese aspecto, la apuesta de Néstor Lorenzo y Marcelo Roffé parece haber encontrado el equilibrio perfecto: un grupo competitivo dentro del campo, respaldado por el abrazo permanente de quienes siempre han estado detrás de cada futbolista.

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