No fue un sprint normal. Estaba condicionado por los ladrillos de la plaza de Sofía, capital de Bulgaria, que adornaron los últimos 500 metros de la tercera etapa del Giro de Italia 2026. No eran adoquines, paves, incómodos como los de la París-Roubaix o los que hay en la recta final de los Campos Elíseos de la capital francesa que le han puesto picante históricamente a la última fracción del Tour.
Los ladrillos de Bulgaria eran lisos, bien pegados. Mermaban, pero no del mismo modo, la velocidad a la que se podía sprintar. El francés Paul Magnier, del Lotto, portador de la camiseta morada que le dan al líder de puntos de la ronda italiana, supo esperar el momento preciso para atacar, para sacar la potencia máxima y cruzar la meta primero. Lo logró, pero no con gran diferencia con sus rivales.
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