Tras la heroica victoria de Paraguay 1-0 ante Turquía en el Mundial de Norteamérica 2026, el estratega argentino Gustavo Alfaro hizo una durísima crítica hacia las nuevas normas de la FIFA, asegurando que la rigidez arbitral está haciendo que el fútbol “pierda su esencia”.
El eje central del malestar del técnico durante la rueda de prensa posterior al encuentro radicó en la histórica expulsión de Miguel Almirón bajo la estricta “Ley Vinícius” (roja directa por hablarle a un rival tapándose la boca). Para Alfaro, la sanción carece de sentido común dentro de las dinámicas naturales de un partido de alta tensión.
“Lo de Miguel de cubrirse la boca es un acto reflejo que pasa en el fragor de la lucha. El reglamento dice que es tarjeta roja y contra eso no puedo hacer nada, pero me parece que con una amarilla era suficiente. Hay cosas que se penalizan con un rigor excesivo. El fútbol tiene rasgos de fricción, de disputa, de coraje, de viveza bien entendida, y hoy estamos todos jugando más con el reglamento para ver dónde le puedo sacar una ventaja al rival”, denunció con firmeza, catalogando las decisiones actuales como parte de un “deporte nuevo”.
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El estratega de la Albirroja no ocultó su frustración ante lo que considera contradicciones insostenibles en la aplicación de las normas que debutan en esta cita mundial, como la regla de los cinco segundos para los saques de banda o el castigo por recibir atención médica en cancha: “Nos explicaron que los cinco segundos del lateral contaban desde que el jugador tomaba la pelota, y hoy (viernes) nos cobraron desde que salió el balón. Además, nuestro arquero recibió un golpe, tiene el tobillo inflamado y no pudo ser atendido oportunamente solo porque estábamos ganando. Obligan al jugador a quedarse afuera y terminamos jugando casi tres minutos con dos hombres menos. ¡Es mucha ventaja!”.
Una advertencia que ya se había hecho en Washington
Alfaro reveló que este malestar no es un ataque de rabia fortuito por el arbitraje del salvadoreño Iván Barton, sino una preocupación colectiva que ya le habían manifestado formalmente a los altos mandos de la FIFA durante la reunión de entrenadores tras el sorteo de la Copa del Mundo.
“No lo digo ahora porque ganamos o porque me sienta perjudicado. Esto mismo se lo dijimos a Arsène Wenger en Washington: ¿Qué va a pasar cuando el arquero se golpee de verdad? En ese momento no tuvieron respuesta. Todo lo que sea para mejorar el espectáculo y la organización —que hoy es extraordinaria— está bárbaro, pero que el reglamento no nos tape el sol con las manos. Si nos volvemos reglamentaristas extremos, terminaremos con un código donde se va a interpretar de todo”, sentenció, esperando además que la sanción a Almirón no sea “ejemplificadora” por el contexto del partido.
Un carrusel de emociones y el escudo para sus jugadores
Tras desglosar el apartado arbitral, Alfaro calificó el trámite como “un carrusel de emociones permanente” y se rindió ante el carácter de un plantel que jugó con diez hombres casi toda la segunda mitad para sostener el tempranero gol de Matías Galarza al minuto 2.
“En el Mundial no te eliminan, te echan, te expulsan. Un sueño que duró 16 años por ahí se te terminaba en una semana. Es cruel”, reflexionó el técnico sobre la presión tras caer en el debut ante Estados Unidos por 4-1. Por ello, apeló al orgullo guaraní: “Miren, se los digo como argentino, no como técnico de Paraguay: cuando a Paraguay lo dan por muerto, es cuanto más temor hay que tenerle. En las adversidades más complejas es cuando estos jugadores dan la talla”.
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Finalmente, el timonel aprovechó para blindar a sus dirigidos de las feroces críticas mediáticas que sufrieron en los días previos: “Castíguenme a mí, péguenme a mí, pero defiendan a los jugadores. La entrega de este equipo no va a estar nunca en discusión. Al menos esperen a que quedemos eliminados para matarnos”. Con la mira puesta en Australia para buscar el pase a los dieciseisavos de final, Alfaro cerró una de las noches más hermosas y combativas de su carrera profesional.