Por Gloria Nivia Ramírez Gómez
Colaboración especial
Medellín se convirtió en escenario de lo bello y lo sublime al recibir al Ballet de San Petersburgo en el Teatro Auditorio La Enseñanza, donde presentó la obra cumbre del repertorio clásico: El Lago de los Cisnes. Con una puesta en escena en tres actos, un vestuario deslumbrante y la música inmortal de Piotr Ilich Tchaikovsky, la compañía rusa ofreció un espectáculo digno de admiración para el público.
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Definir lo bello y lo sublime es tarea subjetiva, puesto que cada persona lo percibe a su modo. Sin embargo, pocas veces hay un consenso tan claro para calificar un espectáculo: “La presentación estuvo hermosa, algo nunca visto”. En palabras de Kant, teórico de la estética, “Lo sublime conmueve; lo bello encanta”, tal como se confirmó para quienes se deleitaron con la presentación de una de las compañías de ballet más prestigiosas del mundo, que llegó a Colombia como parte de su gira por Suramérica, con el objetivo no solo de acercar la tradición rusa de la danza clásica a públicos diversos, sino también de reafirmar la vigencia de los grandes clásicos en escenarios contemporáneos
Durante dos horas, la danza y la música lograron que los sentidos se olvidaran de noticieros, campañas y algarabías, transformando la cotidianidad de la ciudad en un espacio de contemplación y armonía. Incluso los vicios y defectos morales, decía Kant, contienen rasgos de lo sublime o lo bello, y en esta obra esos conceptos se hicieron visibles en la lucha entre el bien y el mal, en la tragedia y en la esperanza.
La historia del príncipe Sigfrido y su amor por Odette, la reina convertida en cisne por el hechizo del brujo Rothbart, se desplegó con intensidad dramática. Solo el amor eterno podía romper el maleficio, y esa tensión se vivió en escenas icónicas como el Pas de deux de Odette y Sigfrido y la confrontación con Odile, el cisne negro. La música de Tchaikovsky, virtuosa y emotiva, fue revelando las emociones de cada personaje y conectando al público con sus sentimientos más profundos.
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La calidad artística del Ballet de San Petersburgo reafirmó su prestigio internacional: su versión de El Lago de los Cisnes es reconocida por la armonía coreográfica y la elegancia técnica. El impacto en Medellín fue notable, pues la presentación generó gran expectativa y fue recibida con ovaciones. Más allá del espectáculo, el valor cultural de la obra reafirmó la vigencia de los clásicos, mostrando cómo cada generación los revive y resignifica. Por unas horas, las preocupaciones desaparecieron y el oído y la vista se exaltaron con cada movimiento del cuerpo y cada expresión de la pieza más célebre del ballet.
Así, Medellín vivió una velada donde lo bello encantó y lo sublime conmovió, confirmando que el arte, en su máxima expresión, es capaz de transformar el espíritu y que las giras internacionales como la del Ballet de San Petersburgo son un puente que une culturas y sensibilidades a través de la danza.