El 2026 del abogado Jorge Iván Cuervo arrancó con normalidad: dando clases en el Externado, publicando columnas críticas contra el Gobierno y opinando en redes sin filtro.
En esas, le llegó un ofrecimiento que dice no haber buscado: convertirse en ministro de Justicia y Derecho faltando menos de cuatro meses para que termine el mandato del presidente Gustavo Petro.
Cuervo decía hace pocas semanas que quien hoy será su jefe ”no ha entendido la dimensión institucional del cambio”. También pensaba que la emergencia económica es “inconstitucional y un abuso de poder”. O, incluso, refiriéndose al exministro de Justicia Eduardo Montealegre, señaló que Petro lo había contratado para “justificar lo injustificable”.
EL COLOMBIANO habló con el recién nombrado ministro Cuervo sobre ese y otros asuntos, como la crisis en las cárceles y la pésima relación del Ejecutivo con las altas cortes.
¿Cómo llegó a convertirse en ministro faltando cuatro meses para que se acabe el Gobierno?
“Para mí fue mucho más sencillo de lo que yo me imaginaba que era llegar a ser ministro en un país como Colombia. Hace unos 15 días, un viernes, alguien que me conoce y que no está en el Gobierno me dijo: ‘Oiga, en Presidencia están revisando perfiles para un Ministerio. ¿A usted le interesa?’. Entonces recordé que cuando el presidente Petro había sido elegido, en ese interregno entre mayo y agosto, yo participé en algunas de las comisiones de justicia, invitado por el hoy representante Alirio Uribe. Fui, presenté unas ideas y dejé unos documentos. Seguramente ahí quedó registrado mi nombre, por decirlo de alguna manera, porque la persona que me llamó había asistido a esas reuniones. Me dijo: ‘Mándeme la hoja de vida’. La envié. Entiendo que estaban revisando otras hojas de vida en el Gobierno y el sábado ya me llamaron de Presidencia para decirme que el presidente quería hablar conmigo. El martes me citaron a su despacho, hablé con él, me ofreció el cargo, tuvimos una conversación y acepté. Así fue”.
¿Y qué hablaron?
“Fue una conversación muy genérica, de unos 45 minutos. Yo lo saludé y le pregunté: ‘Presidente, ¿por qué escogió mi nombre? Yo no vengo de la política, no soy activista, no pertenezco al partido de Gobierno ni a ninguno. Soy un académico’. Me dijo que por tres cosas. Primero, porque me ve como un hombre de ideas progresistas y liberales, me lo dijo así. Segundo, porque soy un estudioso de los temas de justicia. Y tercero, porque soy del Externado, y eso le gusta. Me dijo que le gusta que su ministro de Justicia sea del Externado, como en realidad lo han sido todos los que han estado en propiedad.
Después hablamos de temas concretos. Me dijo: ‘Me interesa que haya un plan de derechos humanos en las cárceles; me interesa que llegue a buen puerto la jurisdicción agraria; me interesa revisar los temas de Uspec (Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios), que hay algunos problemas’. Sin profundizar mucho, luego me preguntó: ‘¿Y usted qué ideas trae?’.
Le dije: ‘Quiero enfocarme en el acceso a la justicia. El ministerio siempre produce ruido mediático por otros temas, cárceles, extradiciones, marco jurídico para la paz, pero tiene una misión muy importante que es el acceso a la justicia: casas de justicia, sistemas locales de justicia. Eso es lo que a mí me motiva muchísimo y en lo que he trabajado en los últimos años. Me dijo: ‘Ah, bueno, perfecto. Entonces se suma al equipo’. Le respondí: ‘Sí, presidente’. Nos dimos la mano y ya’. Para mí fue una entrevista de trabajo con el presidente de la República”.
¿En esa entrevista de trabajo él sabía de sus posiciones críticas sobre varios temas del Gobierno?
“No hablamos de eso, pero asumo que sí. Cuando lo llaman a uno, le revisan todo. Yo le planteé dos temas críticos. Uno fue el de la metodología UNODC (Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, para medir cultivos de uso ilícito), él me explicó sus observaciones y le dije que había que revisarlo. Pero no profundizamos. Eso ha empezado a hacer ruido y lo que digo es: si el Gobierno, el presidente y seguramente su círculo revisaron no solo redes sociales, no nos quedemos ahí, sino en las columnas en El Espectador, donde hay posturas críticas, y aun así consideraron que yo podía dar una mano, eso habla bien del Presidente. No tiene problema en llevar a su equipo a alguien que es crítico. Así lo veo yo”.
Usted se asemeja a los ministros de la primera camada, con ideas progresistas y liberales, como Alejandro Gaviria, José Antonio Ocampo, Celicia López, que terminaron saliendo del Gobierno con diferencias profundas y luego han sido maltratados por el petrismo. Teniendo en cuenta ese contexto, ¿qué rol ejercerá al interior del gabinete?
“Sí, esa analogía me parece bien. Yo encontré cosas muy buenas que dejó el ministro Néstor Osuna: se aprobó la política de drogas, se avanzó muchísimo en el Plan Nacional de Política Criminal, y también hubo avances durante la ministra Angela María Buitrago.
El Ministerio de Justicia no es un ministerio con una alta carga política como otros. El perfil del ministerio y del ministro es más técnico. Es un rol que en un momento determinado puede dejar conceptos claros en términos jurídicos, y eso es importante. Entonces sí.
Ese es un poco el espíritu de quienes venimos del Externado: somos hombres de leyes, de reglas; nos gusta el servicio público y que las cosas salgan bien, de acuerdo con el cumplimiento de la regla. Creo que el presidente así lo entendió con sus dos primeros ministros, sobre todo con el doctor Osuna.
Mi perfil, cada uno con sus diferencias, es similar: académicos con más de 20 años, alumnos de los mismos profesores, etc. Ese ‘mood externadista’, por decirlo así, le da a uno un sello del que no puede escapar”.
¿Le dirá que no al presidente Petro cuando lo considere necesario?
“Sí, claro. No tengo ningún problema. En esa conversación planteamos algunas cosas y creo que desde que uno lo diga con respeto y con buenos argumentos, no hay problema que llegado el momento le diga al Presidente cosas que quizás él no haya considerado o decirle que me parece que esa no es la estrategia.
Finalmente, él es quien tiene la última decisión en materia de orientación de políticas, pero uno, como parte del equipo, tiene el deber de mostrarle todas las aristas. Si una decisión puede tener efectos jurídicos negativos, que es lo que a mí me compete, no tendré ningún problema en planteárselo con respeto”.
¿Se imaginó trabajar con Armando Benedetti alguna vez?
“Pues mire, yo no me imaginé ser ministro de Estado. Uno como académico está sentado dando clase y habla del Gobierno en abstracto. De hecho, hoy tendría que estar dando clase; tuve que cancelarla y la tomó otro colega. Primero, no me había imaginado ser ministro. Y cuando dice ‘bueno, soy ministro’, se encuentra con que va a estar frente al Presidente, a quien nunca había visto en persona, y con otros ministros con quienes no tenía relación previa. Creo que la única persona con la que tenía algún vínculo era la ministra de Transporte, María Fernanda Rojas, porque vive cerca de mi casa.
Con el ministro Benedetti solo tuve la oportunidad de verme la semana pasada, en el primer Consejo de Ministros. Nos saludamos. Él tiene un temperamento muy caribe, mamador de gallo, simpático, en buena actitud. ‘Ahí te están sacando los trinos’, me dijo (risas).
Y mucha gente me ha preguntado que si con todo lo que he dicho cómo hago para sentarme acá. Primero que todo, no es una contradicción. Si tengo discrepancias o diferencias, eso se traduce en diálogo y respeto, siempre con valor por la institucionalidad. Los servidores públicos, en el ejercicio de sus cargos, en sus declaraciones y en su vida privada, debemos enviar mensajes de respeto por las reglas de juego. Puede sonar anacrónico, pero para mí pesan mucho esos valores cívicos y republicanos que en el Externado siempre fueron centrales: estar desde el Estado prestando una función y sirviéndole a los ciudadanos”.
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¿Qué hará frente a la relación del presidente Petro con las altas cortes? Con lo que pasó recientemente en el Consejo de Estado frente al salario mínimo y las fricciones constantes con la Corte Constitucional y la Corte Suprema, parece difícil que el Ejecutivo se reconcilie con la Rama Judicial.
“En esa reunión, precisamente, le dije al Presidente que me parece que hay que tener buenas relaciones con la rama Judicial, incluida la Fiscalía General de la Nación y los organismos de control. El Presidente me dijo: ‘Usted haga su agenda y cumpla su rol como ministro de Justicia’. Y yo me siento con libertad. Por ejemplo, la próxima semana tendré reuniones con el presidente del Consejo de Estado (Alberto Montaña). El Ministerio de Justicia, por ley, es un articulador de los distintos actores del sistema, incluida la Rama Judicial. Ese rol lo voy a cumplir y entendí que esa es la idea del presidente Petro”.
Finalmente, hay una papa caliente que recibe como ministro: el tema de las cárceles. Le pregunto no solo por el riesgo de muerte que enfrentan directores y funcionarios del Inpec, sino por las denuncias recientes sobre hacinamiento y problemas de salud hechas por el exministro de Justicia encargado Andrés Idárraga. ¿Qué plan de choque tiene?
“Hay que trabajar de la mano con el Inpec y con la Uspec. Por ejemplo, esta semana tuvimos una pequeña crisis en la cárcel de Guaduas por falta de suministro de agua; llegaron carrotanques y se resolvió. Él me informa en la mañana y en la noche sobre cualquier contingencia. Hay que hacer muchos ajustes: inhibición de señales en cárceles, reforzar la protección de directores, trabajo coordinado con la Policía. En eso estamos encima.
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En cuanto al tema de salud, con la Uspec estamos revisando las denuncias que dejó el ministro encargado. A mí me interesa resolver los problemas estructurales, especialmente la prestación del servicio de salud a las personas privadas de la libertad. Hay alertas que debemos atender para que la provisión del servicio sea continua y sin sobresaltos. Eso lo estamos trabajando con la Uspec”.