A pocos días de la instalación del nuevo Congreso, continúan las conversaciones para conformar la coalición que respaldará en el Legislativo las iniciativas del presidente electo, Abelardo De la Espriella. El Centro Democrático ya anunció su intención de declararse partido de gobierno; sin embargo, algunos de sus congresistas, aunque respalden al nuevo mandatario, no dejarán de expresar sus posturas.
“Está muy bien que el nuevo gobierno tenga interlocución directa con alcaldes y gobernadores. (...) Pero se equivoca De la Espriella al sostener que los congresistas no tendrán espacios de intermediación en su gobierno”.
Esta ha sido una de las críticas más recientes del senador electo Rafael Nieto al gobierno entrante, por unas declaraciones de Abelardo en Cúcuta cuando dijo que no habría intermediación con parlamentarios.
En entrevista con EL COLOMBIANO, habló sobre la construcción de mayorías en el Congreso, las promesas incumplibles y los principales retos que enfrentará el nuevo Gobierno.
¿Qué Congreso espera encontrar el próximo 20 de julio?
“El Congreso es una institución fundamental, porque allí están representadas las distintas voces de la población. Al presidente lo elige un grupo de ciudadanos que comparte una misma perspectiva política, ideológica y doctrinaria, mientras que en el Congreso están representadas todas las vertientes y tiene dos tareas fundamentales. La primera es ejercer control político al Ejecutivo. La segunda es trabajar conjuntamente con el nuevo gobierno en la reconstrucción del país. Va a encontrar un Estado en una grave crisis fiscal, con la deuda externa desbordada, alta inflación, crecimiento raquítico, enormes problemas de corrupción y el desmonte de la estructura tecnocrática del Estado”
Cuestionó una afirmación de Abelardo de la Espriella sobre que los congresistas no deberían hacer intermediación entre las regiones y el Gobierno. ¿Por qué considera que esa postura es equivocada?
“Porque desconoce una de las funciones esenciales del Congreso en una democracia. Los congresistas no solo legislan y ejercen control político, también representan a los ciudadanos y a las regiones que los eligieron. Esa representación implica servir de puente. Es completamente legítimo que un senador o un representante gestione ante un ministerio proyectos como una vía, un hospital, una universidad o un acueducto para su región. Es un derecho y un deber”.
Antes de la segunda vuelta, usted fue crítico de los ataques de Abelardo de la Espriella contra Paloma Valencia. Hoy el Centro Democrático quiere hacer parte de la coalición de gobierno, ¿cómo se cerraron esas diferencias?
“Yo critiqué fuertemente esos ataques porque me parecieron parte de un ejercicio de guerra sucia que no es aceptable y que uno no debe aplaudir sino reprochar. Dicho eso, De la Espriella ganó con una votación sustantiva y ahora hay que apoyarlo en el ejercicio que he denominado la reconstrucción del país”.
¿Qué opinión le merecen los nombres que han sonado para presidir el Senado y la Cámara?
“Esa es una decisión que deben tomar los compromisarios. Ellos están en el proceso de construir acuerdos con los demás partidos para conformar una coalición mayoritaria. Mientras eso no ocurra, las especulaciones sobre quiénes presidirán el Senado y la Cámara resultan inútiles”.
¿Cuál será la primera gran prueba política que enfrentará el presidente en el Congreso?
“La construcción de mayorías. Hoy no las tiene. En principio, cuenta con seis congresistas: cuatro senadores de Salvación Nacional, un representante de ese partido y los de Creemos. Para construir una mayoría necesitará sumar otros partidos. Cambio Radical ya manifestó su disposición para ser partido de gobierno, pero también tendrá que sumar liberales, conservadores, La U y Mira. No podemos perder de vista que del otro lado hay 25 senadores del Pacto Histórico, 10 de la Alianza Verde, los de la circunscripción indígena.... Ahí hay cerca de 38 senadores, y para tener mayoría se necesitan 53 votos”.
Ya empezaron los primeros nombramientos del gabinete, y aunque ha celebrado algunos, también se ha referido a que esa división entre “los de siempre” y “los de nunca” en realidad era más un discurso...
“Esa calificación es falsa en su contenido de fondo. La campaña de Abelardo estaba llena de personas que podrían catalogarse como ‘los de siempre’ y, como se está viendo en los nombramientos, le tocará gobernar con ellos. Hay unos ‘de siempre’ que son censurables: quienes están vinculados con la corrupción, los grupos violentos o la politiquería. Pero también hay otros con cualidades técnicas, experiencia y conocimiento del Estado que son indispensables para cualquier gobierno. Ese relato servía para campaña; era un cuento de campaña”.
¿Cuál cree que será la promesa de campaña más difícil de cumplir?
“Hay tres. Primero, no van a poder retirar a Colombia de Naciones Unidas ni de la OEA. Segundo, no van a poder acabar con la JEP, porque tiene respaldo constitucional. Y tercero, contrario a lo que dijeron en campaña, les va a tocar gobernar con ‘los de siempre’, algo que ya se empieza a ver”.
¿Y cuál va a ser el principal reto del nuevo gobierno?
“Yo diría que tiene tres retos sustantivos. El primero, darle confianza a las calificadoras internacionales y a los inversionistas nacionales y extranjeros de que habrá una política de austeridad y reglas de juego claras para recuperar la senda del crecimiento. El segundo, comprometerse a fondo con la lucha contra la corrupción. En el gobierno de Petro se robaron hasta los inodoros. Y el tercero, sentar las bases para recuperar la seguridad y obtener resultados importantes en la lucha contra los grupos violentos, fortalecidos por las políticas del gobierno anterior”.
En el empalme no habrá reunión entre el presidente saliente y el presidente entrante. ¿Qué opinión le merece ese gesto?
“Hay una actitud confrontacional que viene desde la campaña, por ambos lados, y que no ha cambiado durante el empalme. Eso es bastante claro. Al final, lo verdaderamente importante es que el gobierno saliente entregue información completa, confiable y veraz sobre la situación del país”.
¿Le preocupa que algunos sectores de oposición ya hayan hablado de “hacer invivible el país”?
“Creo que la probabilidad real de que la izquierda radical vuelva a acudir a métodos como los de la Primera Línea es muy baja. No creo que hoy exista espacio en la opinión pública para ejercicios de violencia o bloqueos como los de entonces, ni tampoco tolerancia frente a ellos. La posición del Centro Democrático debe seguir siendo de respeto por el derecho a la protesta y a la manifestación pública, siempre que sean pacíficas y no vulneren los derechos de los demás”
Más allá del Congreso, ¿qué debería tener presente el nuevo gobierno durante sus primeros meses?
“No debe olvidar que ganó por menos del 1 % de los votos, una diferencia que, independientemente de las circunstancias de la elección, el nuevo gobierno debe tener presente. Tampoco puede perder de vista que Colombia sigue teniendo enormes problemas de pobreza y desigualdad y que existen poblaciones vulnerables que requieren protección e impulso”.
¿Cómo queda hoy el Centro Democrático después de las elecciones?
“Al partido le fue muy bien. Crecimos cerca de un 20 % en el Senado y alrededor de un 100 % en la Cámara. A Paloma no le fue tan bien y creo que eso obedeció a un conjunto de errores de su campaña y a las virtudes de la campaña de De la Espriella. Ese resultado no permite medir al Centro Democrático”.
¿Cuál cree que fue el error determinante de la campaña de Paloma Valencia?