Los páramos de El Sol y La Alegría, ubicados en jurisdicción de Urrao, seguirán completamente cerrados al público hasta el 31 de agosto de 2026. Así lo ordenó la autoridad ambiental de la zona, Corpourabá.
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Corpourabá ordenó mantener el cierre de este punto geográfico que alcanza más de 4.080 metros de altura y es el punto más alto de Antioquia. También es considerado una “montaña sagrada” y una de las principales reservas hídricas del departamento.
Los páramos de El Sol y La Alegría, ubicados en jurisdicción de Urrao, seguirán completamente cerrados al público hasta el 31 de agosto de 2026. Así lo ordenó la autoridad ambiental de la zona, Corpourabá.
Con esta nueva decisión del ente territorial, el Páramo del Sol completará cerca de cuatro años cerrado para actividades turísticas —alrededor de 50 meses desde que se ordenó la restricción en 2022—, en una medida que busca proteger uno de los ecosistemas más frágiles y estratégicos del departamento.
Según explicó Corpourabá el cierre implica que únicamente podrán ingresar funcionarios de la autoridad ambiental y miembros de la Fuerza Pública. Además, se instalarán controles en los accesos para evitar el ingreso masivo de visitantes, especialmente durante la Semana Santa, una temporada en la que históricamente se han registrado afectaciones por turismo no regulado.
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La decisión responde a la importancia ambiental de estos páramos, considerados claves para la regulación del agua y la conservación de la biodiversidad. Se trata de ecosistemas de alta montaña extremadamente sensibles, donde cualquier intervención humana puede generar daños difíciles de revertir.
El Páramo del Sol, que alcanza más de 4.080 metros de altura y es el punto más alto de Antioquia, también es considerado una “montaña sagrada” y una de las principales reservas hídricas del departamento.
Este fue cerrado inicialmente en 2022 tras los graves daños ocasionados por visitantes en años anteriores. Imágenes de frailejones quemados, basuras abandonadas, fogatas y múltiples afectaciones al suelo evidenciaron el impacto de un turismo sin control, lo que llevó a las autoridades a tomar medidas restrictivas.
Desde entonces, el cierre que busca evitar dichos daños se ha prorrogado mientras se complementa un estudio de capacidad de carga que busca definir si es viable permitir nuevamente el turismo y bajo qué condiciones. Este estudio pretende establecer cuántas personas podrían ingresar, qué actividades serían permitidas y en qué zonas, con el fin de evitar nuevos impactos sobre el ecosistema.
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Sin embargo, el cierre no ha impedido completamente el ingreso ilegal de visitantes. En distintas temporadas se han reportado personas que acceden sin autorización, algunas acompañadas por guías informales, generando nuevamente daños ambientales como quemas, afectación a la vegetación y acumulación de residuos.
Ante este panorama, las autoridades optaron por mantener el cierre y reiteraron el llamado a la ciudadanía para respetar las restricciones y optar por destinos autorizados, recordando que la protección de estos territorios es clave para garantizar el equilibrio ambiental y la disponibilidad de agua en la región.