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Es en momentos como estos cuando se revela el verdadero carácter, las causas reales y la coherencia de los líderes políticos.
Por Federico Hoyos Salazar - contacto@federicohoyos.com
Con una contundencia llamativa han salido a levantar la voz el presidente Petro, sus ministros y seguidores tras la operación militar que permitió la extracción del dictador Nicolás Maduro. En sus mensajes en redes sociales abundan la indignación, los llamados vehementes a la unidad y a defender la soberanía nacional de Venezuela.
Sorprende, sin embargo, la memoria selectiva. Petro y los suyos olvidaron alzar la voz cuando más de dos millones de venezolanos llegaron a Colombia huyendo de la inseguridad, la persecución política y el colapso económico de su país. También guardaron silencio frente al encarcelamiento sistemático de opositores por parte del régimen chavista. Y se echó de menos, igualmente, el rechazo de quienes hoy se erigen como paladines de la soberanía cuando el propio presidente Petro propuso la creación de una zona binacional entre Colombia y Venezuela. Nada de eso generó indignación. Nada de eso mereció protestas. Quienes protestan con tanta fuerza desde la comodiad y garantías que brinda la democracia, no aguantarían viviendo bajo una dictadura.
La intervención militar que ha llenado de esperanza a millones de venezolanos se ha convertido en la nueva bandera de indignación de la izquierda colombiana. Una paradoja difícil de ignorar.
Llama también la atención la alerta levantada por el candidato del continuismo, Iván Cepeda. Desde su cuenta de X rechazó la acción militar en Caracas advirtiendo un grave riesgo para la “paz regional”. Curiosamente, al candidato del Pacto Histórico nunca le pareció un riesgo regional el aumento exponencial de los cultivos de coca en Colombia ni la producción y exportación de cocaína en niveles históricos. Tampoco consideró una amenaza para la estabilidad regional que, bajo la falsa promesa de una “paz total”, todos los grupos armados ilegales se hayan fortalecido, expandido territorialmente y multiplicado la extorsión, el secuestro y el asesinato de compatriotas en todo el país. No, nada de eso fue presentado como un factor de desestabilización.
Es en momentos como estos cuando se revela el verdadero carácter, las causas reales y la coherencia de los líderes políticos. Para los progresistas, tan proclives a hablar de paz, reconciliación y autodeterminación de los pueblos, el inicio del fin de una dictadura resulta una tragedia y una amenaza regional. Su ideal parece ser el de diálogos eternos e infructuosos, que solo les dan oxígeno y tiempo a los usurpadores del poder mientras millones de personas sufren injustamente sus consecuencias.
En buena hora la intervención militar. En buena hora la extracción del dictador. Y en buena hora el juicio que se inicia en una corte del Estado de Nueva York, donde ojalá se conozca toda la verdad sobre los socios, aliados y cómplices de Maduro y su cartel en Colombia. Viva Venezuela libre.