En una encuesta viral en redes sociales la eligieron como la árbitra más linda del país, pero la antioqueña Mariana Quintero Serna lo que realmente quiere y por lo que trabaja todos los días es para convertirse en la mejor árbitra de Colombia. Y va por buen camino, pues gracias a su desempeño ya ha sido elegida para pitar las tres últimas finales de la Liga Femenina.
La jueza, que ajusta 10 años en el arbitraje, se inició en este camino cuando aún estaba en el colegio, en décimo grado. También hizo parte de un club en su barrio, pero, tras participar en los interclases de fútbol, su profesor de inglés la invitó a ser parte de la Corporación Arbitral, Social y Deportiva de Antioquia (Casda), y aceptó.
En su primer día no solo demostró condiciones y carácter para el juzgamiento, sino que también le gustó. Y como al año siguiente se iba a dar inicio a la Liga Femenina también pensó en que era una buena oportunidad.
A los 17 años, con disciplina y con una disposición total, Mariana arrancó en el mundo del arbitraje. Aunque al principio le costó un poco, pues como ella misma dice: “somos humanos y nos podemos equivocar”, el gusto que le tomó a ser juez la llevó a seguirse preparando para alcanzar nuevas metas.
Un día, cuando le fue mal en un partido, recibió tantos insultos que alcanzó a pensar en dejar su pasión por impartir justicia, pero en el fondo de su corazón Mariana sintió que debía seguir, que quería luchar, ganarse el respeto de la gente.
“El camino ha sido duro, difícil, pero ha valido la pena. La Liga ha aumentado en tiempo de competencia y poco a poco tanto las jugadoras como nosotras hemos evolucionado, seguimos en el proceso de ser cada vez mejores y aunque no es fácil seguimos creciendo”, sostiene la juez, quien tiene como gran referente mundial a la francesa Stéphanie Frappart.
En Antioquia su espejo a seguir es Wílmar Roldán, quien además de ser el líder de Casda, se preocupa en cada jornada por hacer la retroalimentación que Mariana agradece, pues solo así sigue creciendo.
Y en ese proceso de crecimiento, esta mujer también se esfuerza por estar físicamente mejor cada día. Tras cada partido analiza su actuación para ver en qué falló, en qué acertó y en lo que puede seguir mejorando, ya que su meta es convertirse en juez internacional.
Sus padres y sus hermanos han sido fundamentales, siempre la han apoyado y aunque al principio prefirieron no ir mucho a los estadios porque no soportaban lo que le gritaban desde las tribunas, siempre la han respaldado para que cumpla sus sueños.
Pero como les pasa a los árbitros profesionales, Mariana tiene que dedicarse a otra profesión para poder tener un respaldo económico constante. Por ello trabaja en el Inder Medellín, otra ocupación que le llena el alma, pues está dedicada a formar deportistas (porristas) en las Escuelas Populares del Deporte, un lugar donde además de ser feliz aporta para un mejor bienestar de los niños y niñas de la comunidad, que ven en el deporte un instrumento para progresar.
Ahora, además de su familia, Mariana cuenta con otra gran motivación: su hijo Máximo, que ya tiene 3 años de edad, y a quien la jueza sueña con ver jugar fútbol y con que la acompañe a los estadios.
En su ilusión de ser árbitra internacional, ella sueña con juzgar en los Juegos Olímpicos, un Mundial, la Copa Libertadores, la Sudamericana o una Copa América.
Otra de sus metas es llegar a juzgar un partido profesional del fútbol masculino. Para eso se prepara cada día tanto en la parte reglamentaria como en su estado físico.
Condiciones, carácter y ganas de triunfar le sobran.