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Los Katíos, el fascinante parque entre Chocó y Antioquia, se abrirá después de 30 años

El Parque Nacional, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad en 1994, por fin reabrirá sus puertas para el ecoturismo después de tres décadas cerrado y gracias a un largo proceso con las comunidades nativas de esta región.

  • En las fotos, el famoso Salto El Tendal y una de las especies de primates que se peuden ver en Los Katíos. Fotos cortesía Parques Nacionales.
    En las fotos, el famoso Salto El Tendal y una de las especies de primates que se peuden ver en Los Katíos. Fotos cortesía Parques Nacionales.
hace 39 minutos
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Un acontecimiento enorme que lleva meses cocinándose, sin que hasta ahora haya causado mayor interés mediático, está cerca de materializarse. El Parque Nacional Natural Los Katíos, esa joya fascinante y enigmática que hace 21 años la Unesco declaró Patrimonio Natural de la Humanidad, por fin reabrirá sus tesoros para que miles de personas puedan conocerlos.

Los Katíos es el triunfo de la conservación, del valor inestimable de la biodiversidad contra los intereses extractivistas. En una superficie de 52.000 hectáreas repartidas entre los municipios chocoanos de Riosucio (63% del territorio), Unguía (2%) y el municipio antioqueño de Turbo (35%), Los Katíos fue declarado Parque Nacional el 10 de septiembre de 1973 en un territorio que desde el siglo XV fue despojado de su población nativa y luego poblado por esclavos africanos para saciar la sed de oro de los españoles. Y donde luego, a finales del siglo XIX, otra horda de extranjeros explotó sin misericordia en pueblos, o más bien republiquetas sin dios ni ley, donde montaron sus plantaciones de caucho e ingenios azucareros.

Fue a partir de los 60, cuando el gobierno de Alberto Lleras Camargo creó el Sistema de Parques Nacionales, que la Nación creó en esa zona entre Antioquia y Chocó un proceso de gobernanza ambiental con comunidades negras y pueblos nativos tan complejo que incluso sería difícil de hacer realidad hoy.

Así, Los Katíos se convirtió en el décimo Parque Nacional declarado en Colombia (ahora son 60), extendiéndose a casi 78.000 hectáreas que protegen siete de los 23 biomas que existen en Colombia; 182 especies de mamíferos —incluyendo el jaguar—, 105 especies de reptiles, 412 de aves, 42 de peces y 669 especies botánicas.

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En 1994, la Unesco declaró a Los Katíos como Patrimonio de la Humanidad Natural de la Humanidad por ser testigo del Gran Intercambio Americano, una migración que cambió para siempre al continente americano cuando, nueve millones de años atrás, miles de especies pasaron del Norte al Sur y viceversa. Para entenderlo mejor, muchas de las plantas y casi todos los grandes mamíferos que hacen parte de la fauna colombiana entraron a lo que hoy es Colombia en medio de ese sublime flujo de comunidades biológicas.

Desde los 90 se propuso la creación del corredor biológico mesoamericano, libre de amenazas y presiones productivas y extractivistas, que va de Bélice a la frontera colombo-panameña para garantizar esas áreas de tránsito, ese enorme puente por el que transitan especies entre las Américas, entendiendo que por allí se mueve el 10% de las especies conocidas en el planeta. El Darién y Los Katíos son fundamentales para la materialización de ese proyecto.

Un paraíso clausurado

En 1996, Parques Nacionales decidió cerrar definitivamente el ingreso a Los Katíos de personas foráneas ante el recrudecimiento del conflicto armado, pero también de presiones como la deforestación, la cacería y el intento de privados de construir nuevos asentamientos y grandes proyectos de infraestructura.

Pero en 2023, con motivo de sus 50 años de declaratoria, el Gobierno Nacional dispuso de un equipo de expertos para reunirse con las comunidades Tumaradó, Puente América, Bocas del Atrato, Juin Phubuur y Arquía para crear el Plan de Ordenamiento Ecoturístico, que define las necesidades de las comunidades locales que pueden satisfacerse con esta nueva actividad económica, así como establecer las zonas abiertas para turistas, los senderos y la reglamentación para llevar el turismo a uno de los parques nacionales más inaccesibles y prístinos.

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De esa primera etapa del proceso, según Nelson de la Rosa, jefe del Parque Los Katíos, surgió una lista que los nativos consideraron sitios aptos para la actividad ecoturística por su biodiversidad e importancia, pero también por su capacidad para ejercer control.

Ahí está el Salto El Tendal, una de las cascadas más emblemáticas conocidas en el Chocó Biogeográfico, con una caída de casi 40 metros, donde se puede realizar avistamiento de aves, mamíferos y reptiles; el Mirador de la Popa, la zona elegida para conocer los planos inundables del río Atrato y los puntos más altos de la Serranía del Darién, y donde en días despejados es posible ver hasta el Golfo de Urabá. También eligieron el sendero acuático de las Ciénagas de Tumaradó, donde se pueden avistar aves endémicas como la Chauna chavarria, ave emblema del parque y considerada un fósil viviente, y mamíferos como el mono aullador rojo, el perezoso y el capuchino.

En 2025, año en el que se cumplió una década desde que Los Katíos salió de la Lista de Patrimonio en Peligro de la Unesco, en la que llevaba seis años, un logro que fue posible gracias a un esfuerzo gigantesco que incluyó la destinación de presupuesto permanente y resultados concretos contra la explotación de recursos, las comunidades avanzaron hacia la etapa final del proyecto para la apertura del parque. Después de dos años de trabajo, las organizaciones comunitarias lograron concertar el plan de manejo de biodiversidad, así como el plan logístico en el que ellos serán los beneficiados de la economía que se derive del ecoturismo, con ecohoteles comunitarios, servicio de alimentación y guianza.

Clara Rocío Burgos Valencia, profesional de ecoturismo de Parques Nacionales, señaló que todo este largo proceso ha sido necesario para disipar la desconfianza de las comunidades ante los estragos de un turismo mal manejado en ese paraíso que ellos han cuidado por medio siglo. Pero, además, para convencerlos de que con capacitación y organización es posible que ellos mismos tomen las riendas de las actividades de ecoturismo.

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Herlyn Córdoba, líder social de Tumaradó, señaló que el ecoturismo para las comunidades en zona de influencia significa diversificar su actividad económica, que depende casi en un 100% de la pesca.

Aunque todavía faltan por completarse unos pasos finales, Los Katíos podría revelar su belleza al mundo en el primer semestre de 2026 y convertirse en el Parque Nacional número 28 en adquirir vocación ecoturística. El turismo de naturaleza más especializado y riguroso se hace en los parques nacionales.

De hecho, visitarlos es casi un privilegio que exige del turista el cumplimiento a cabalidad de unas reglas estrictas. Cada año, cerca de 1,5 millones de personas tienen el privilegio de hacer algunas de las 23 actividades permitidas en estas áreas.

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