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Durante diez días, Girardota celebra a su Señor Caído de 257 años

Hasta el próximo domingo, el municipio del norte del Valle de Aburrá se encontrará en las Fiestas en honor al Señor Caído, patrono de los girardotanos.

  • La imagen del Señor Caído que se encuentra en la Catedral de Girardota data de 1767. FOTO: El Colombiano
    La imagen del Señor Caído que se encuentra en la Catedral de Girardota data de 1767. FOTO: El Colombiano
hace 2 horas
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Entre los conciertos, los desfiles y las cabalgatas que habrá esta semana en siete de las nueve subregiones de Antioquia, en el marco de las fiestas municipales, lo que está ocurriendo en Girardota podría considerarse como una rareza. En el municipio, ubicado en el norte del Valle de Aburrá, también están de celebración, pero en el parque principal no hay tarimas ni shows musicales, y tampoco fritangas, sancochos o cualquier tipo de feria gastronómica tan propia de días de jolgorio.

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Sin embargo, el ambiente no deja de ser festivo. Desde que uno ingresa por esa callecita estrecha que conduce al parque lo comienzan a saludar las banderas blancas y rojas que, a lado y lado, están izadas en balcones, ventanas y postes de la luz. Y no, no es la bandera municipal, que en realidad es verde, amarilla y blanca, sino que la que acompaña al visitante hasta la Catedral Nuestra Señora del Rosario es símbolo de los honores al patrón del municipio, el Señor Caído.

Durante diez días, desde el 2 de enero hasta el próximo domingo, Girardota estará en las Fiestas en honor al Señor Caído. Esta celebración religiosa, que ya es una tradición de la primera semana de enero de todos los años, tiene cada día de su programación dos únicos eventos: una novena y una procesión. Lo que cambia es el punto de salida de esta última, que cada día es una parroquia diferente del municipio, y sus organizadores, que se distribuyen entre los comités PRO-SALVE de los diferentes barrios y de las 28 veredas del municipio.

“Es un trabajo comunitario muy bonito. Cada barrio y vereda se prepara con amor, con esfuerzo y con actividades solidarias como rifas y colectas para rendir su homenaje al Señor Caído”, señala el presbítero Héctor Hernán Acevedo, párroco del Santuario.

Todos estos días, a las 6:30 de la tarde, sin falta, en los lugares de encuentro están dispuestos los devotos, los sacerdotes, los monaguillos, entre tres y cinco bandas marciales y, por supuesto, la réplica de aquel Jesucristo en el piso, a punto de desfallecer luego de cargar la cruz en la que sería sacrificado. Ese, el que se mueve a paso lento gracias al camión blanco que lo lleva en su parte trasera, es el destinatario de las súplicas de los girardotanos, que lo acompañan a pie durante estos diez días o que, desde sus ventanas, puertas y balcones, se paran solo para verlo pasar. Es por eso que, en las primeras horas de la noche de estos días, uno siente que Girardota es como una especie de pueblo fantasma: todo queda en silencio, los televisores enmudecen, las cantinas apagan la música, para que lo único que se escuche en esas casi dos horas y media que duran las procesiones sean las oraciones y alabanzas a ese patrón que va a gatas en el suelo.

Como es una verdadera fiesta, además de banderas, por el camino del santo también hay globos, arreglos florales, pancartas y hasta gemelos en miniatura que los creyentes sostienen como si fuesen niños en brazos mientras le susurran sus peticiones. Y es que la fe al Señor Caído en Girardota es cuestión de larga data: fue el 17 de diciembre de 1767 cuando la imagen que reposa en la Catedral municipal llegó a esas tierras desde Quito, Ecuador, traída por el médico Carlos de Molina y Cataño. Poco a poco, el Caído comenzó a ser reconocido por sus milagros, que van desde reconciliar familias y lograr embarazos hasta curar enfermedades.

Con 257 años, esta imagen requiere cuidados especiales para seguir recibiendo a miles de visitantes locales y hasta extranjeros cada año –los cálculos de la Alcaldía indican que solo en Semana Santa llegan al municipio aproximadamente 80.000 personas–. Justo por eso el Señor Caído no puede sacarse para cada procesión de sus fiestas patronales, al igual que dos reliquias que también se encuentran en la Catedral: el fragmento de la columna en la que fue flagelado Jesús y otro del Pretorio de Poncio Pilato, la residencia donde el Mesías fue azotado y condenado a muerte, ambos traídos desde Tierra Santa para conmemorar los 250 años de esta imagen. Estos tesoros solo salen a la luz tres veces al año: durante el Jueves y el Viernes Santo, y esta semana.

“Esta fiesta es una expresión profunda de fe y devoción. Aunque durante todo el año recibimos peregrinos, estos días son especiales porque el pueblo se une de manera más intensa en la oración y en el encuentro con Dios”, afirma el padre.

Porque estas fiestas no son la única forma que tienen los fieles para pedir y agradecer al Señor Caído. Otra de las tradiciones arraigadas entre los creyentes es la peregrinación que hacen en Semana Santa: también el Jueves y el Viernes Santo se puede ver cómo los feligreses caminan los más de 22 kilómetros que hay desde Medellín hasta Girardota –algunos entran hasta arrodillados al templo– para solicitar un favor o pagar uno ya concedido.

Será este domingo el cierre de esta celebración, en la que se espera sea la procesión más grande de estos días. Saldrá a las 2:00 de la tarde de la Catedral, donde miles de fieles caminarán junto al Señor Caído, pero esta vez al lado de la imagen original, para festejar la devoción de uno de los patronos más reconocidos de Antioquia. “Nos visitan personas de muchos lugares que reconocen al Señor Caído como una imagen de esperanza, de agradecimiento y de petición. Son innumerables los favores que los fieles vienen a dar gracias y también a solicitar”, expresa el sacerdote.

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